por Katrinna Le Fay

Serie: Yu-Gi-Oh!

Pairings: S/J

Category: Slash/Yaoi.

Raiting: G, R.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh!. Ellos pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Tiempo: Después del Torneo en Ciudad Batallas.

En calidad de Universo Alterno

Al fin llegamos al ultimo capítulo de esta historia, a la cual le digo adiós con mucha pena, pero que conservo dentro de mi corazón con gran cariño.

Espero de igual ilusión que hayan disfrutado el largo trayecto hasta aquí y que la pequeña sorpresa que está preparada para este capítulo sea de su completo agrado.

Más no digo adiós para siempre, solo hasta pronto, llevando en el alma cada uno de sus corazones.

Sin más, continúen leyendo, que lo que se aproxima es sin duda algo especial.

Recordando siempre que las cosas mas hermosas de la vida llegan a nosotros Lentamente.

Con inmenso cariño su amiga:

Katrinna Le Fay

Touji


(Un mes más tarde)


Descendieron de la limosina sin verdaderos deseos de hacerlo, pero al final de todo debían.

Ambos enfrentaron la construcción frente a ellos y uno no pudo evitar un suspiro de resignación y recuerdo.

-Esto ha cambiado demasiado desde que me fui.

¿De veras?.

El moreno miró al rubio y asintió a la interrogante, sintiendo la mano amable y gentil de su esposo apretando la suya con amor.

-Cuando estuve aquí no había árboles ni el camino empedrado que va hasta esa colina de allá.

Todo aquí era deplorable y la construcción casi se caía a pedazos.

La reja principal estaba enmohecida y recuerdo que muchas veces llegue a traspasarla con facilidad solo con el afán de molestar a los superiores.

Joey rió un poco al imaginar a un pequeño Seto rompiendo las normar del lugar.

Pero él bien sabía que no toda la vida su amado esposo había sido un témpano de hielo.

-Las cosas cambian, así como las personas y tú, mi amor, eres muestra de ello.

El rubio besó amorosamente la mejilla del moreno, el cual sonrió un poco al asentir a las palabras de su esposo.

¿Y qué hacemos¿entramos?.

Seto asintió. ¿Qué otra cosa le quedaba?. Por eso siguió a su esposo, el cual y con más confianza que él, oprimió el botón del timbre.

Ambos esperaron con expectación, mirando la construcción que se alzaba frente a ellos.

¿Si?. Preguntó la voz por el alta voz del sistema de vigilancia.

-Creo que les avisaron de nuestra visita. Matrimonio Kaiba. Indicó Joey con confianza, a lo que la voz respondió que aguardaran y segundos después la reja se abrió.

Seto no podía avanzar más. Aquel lugar estaba plagado de recuerdos para él, muchos de los cuales eran sumamente dolorosos.

¿Seto?.

El moreno atendió a la voz de su esposo y este en lugar de obligarle le sonrió, abrazándole con gentileza y fascinación.

¿Demasiado difícil?.

-Ni lo digas siquiera.

-Pero ahora no estás solo. Me tienes a mi y en realidad...¿sabes una cosa?. Preguntó Joey tras besar efímeramente los labios resecos del genio.- Me enorgullezco de que hayas estado en un lugar así. Tal vez no habrá sido lo mejor del mundo, pero al menos...no te faltaba nada.

Seto miró los castaños ojos de Joey y sintió una pequeña punzada en su corazón.

El rubio había pasado una infancia precaria y sin atenciones, viviendo con problemas familiares y gritos hacia su persona.

Él había quedado huérfano, no lo negaba, pero al menos y como decía el rubio, no le había faltado nada, incluso amabilidad existió de los cuidadores del orfanato hacia él y su hermano.

Por ello abrazó cálidamente a su amante y con una renovada decisión guió al rubio hacia el interior de la construcción, en donde los recibió una sonriente mujer de gafas.

-Bienvenidos. No los esperábamos tan temprano. Indicó la mujer tras saludar con propiedad a la pareja.- Mi nombre es Akane Kiron y seré quien les proporcionará la información que necesiten.

La pareja asintió y siguieron a la mujer hacia el interior del edificio, uno que daba un mucho mejor aspecto por dentro.

-Las instalaciones fueron remodeladas hace algunos años, debido a una mano caritativa y anónima que nos cedió el capital necesario para ello. Sonrió la mujer, indicándoles a ambos muchachos que la siguieran.

Seto miraba atentamente que efectivamente nada era ya como lo recordaba.

Cada pared, cada escalón y baldosa había sido renovada para dar paso a la modernidad y a la mejor manutención de los niños huérfanos. Algo que le habría gustado tener cuando él mismo se encontraba bajo el cuidado de esas instalaciones.

Joey por su parte admiraba un poco de todo aquello y pensó que a pesar de haber sido maltratado desde siempre, había tenido un poco de suerte al tener una familia. No obstante su gran orgullo por el humilde origen de su esposo, continuaba firme, más que nunca.

-Recibimos la llamada de su abogado, señor Kaiba y me alegra que nos haya elegido a nosotros para este gran paso que están a punto de dar.

Hay niños, que llevan una eternidad aquí. Indicó la mujer, invitándoles a sentarse en su oficina.

-En realidad nosotros estamos buscando un niño pequeño. Sería para nosotros hermoso poder llevarnos a todos pero...

-Comprendo. Sonrió la mujer al rubio que acababa de hablar.- Qué más desearíamos nosotros que encontrarles un buen hogar a todos ellos. Pero lamentablemente cada día se suman más pequeños a nuestro hogar.

Seto escuchaba atentamente, recordando su particular situación.

A días de haber muerto sus padres, él y un pequeño Mokuba habían sido llevados por un trabajador Social a aquella casa hogar, en donde habían recibido la dura verdad de que se encontraban solos en el mundo.

Las probabilidades de que alguien los adoptara eran escasas, mucho más cuando se trataba de hermanos.

En esos casos los niños eran separados y enviados a hogares diferentes, si tenían suerte.

Los menos afortunados permanecían toda la vida en aquella casa, en donde a pesar de todo los educaban y sacaban adelante con lo poco que lograban recaudar.

Para un Seto pequeño, lidiar con un hermano jamás había sido esfuerzo, pero al menos su deseo había sido el de darle algo mucho mejor que aquel lugar donde el frío se colaba por las ventanas y las camas duras no servían para nada.

Un carácter recio se fue formando en el niño de cabellos castaños y ojos azules, resultando de esa manera que a pesar del increíble intelecto que poseía, su corazón comenzara a comprender la decadente vida que llevaría.

Siempre protegió a Mokuba y siempre lo recordaría con amor, pero el día en que un hombre elegantemente vestido con traje sastre rojo y mirada diabólica lo retara a un juego sencillo de ajedrez, jamás lo olvidaría.

Ese había sido el inicio de su verdadero infierno.

¿Señor Kaiba?.

El muchacho atendió a la mujer que con sonrisa en labios aguardaba su respuesta. Una que obviamente no sabía de que cuestión provenía.

-La señora nos preguntaba a que se debe nuestro repentino deseo de adoptar a un niño justo en esta casa hogar. Repitió Joey, esperando no haber resultado demasiado directo. En ese momento su esposo pasaba por un transe regresivo, en donde seguramente las memorias de su niñez alteraban su razón.

Los azules ojos de Seto se posaron en los claros de la mujer que poco a poco dejaba decaer su sonrisa.

El moreno continuaba imparcial, como en público se mostraba, pero a pesar de las apariencias, logró sobreponerse de su trance y responder de la mejor manera posible.

-Digamos que fue una decisión que debía de haberse tomado hace años, pero ya que nuestro matrimonio se encuentra estable. Decidimos que sería el momento oportuno de adoptar; más aun, en un lugar que…me trae recuerdos. Añadió el genio, sintiendo la caricia amante que el rubio le daba en su mano entrelazada.

La mujer asintió, retomando su actitud amable de un principio.

Para ella era indispensable realizar un interrogatorio adecuado a los futuros “padres”, pues no podía arriesgarse a que ninguno de sus pequeños cayera en malas manos.

No obstante, frente a él tenía un importante caso, el cual recordó hasta después de que las palabras del importante millonario se apagaron.

-Comprendo. Y no se preocupe, la información de esta casa hogar es confidencial, por lo que jamás le diría a nadie de su breve estancia aquí. Sonrió la mujer, alejando los recuerdos que el anterior director de la institución le había dado con lo referente a la adopción del importante genio.

Seto asintió, sintiendo que el nudo en su pecho se disipaba poco a poco tras escuchar las palabras de la mujer.

Más que temor, no deseaba que se divulgara la información tan preciada que resguardaba su pasado.

Aun y pese a todo, no se sentía con el valor suficiente para encararlo públicamente, mucho menos con los fieros reporteros.

-Bueno, su abogado me dijo lo necesario ayer por la tarde y solo esperábamos su visita.

En otras circunstancias el trámite de adopción se retrazaría como mínimo seis meses, pero dado su favorable reputación y reconocimiento, me complace expresarle que hoy mismo pueden llevar a casa a un nuevo integrante de su familia. No saben lo feliz que estoy por ese niño, quien quiera que vaya a ser.

Joey suspiró y frunció levemente el entrecejo. No le gustaba que hablaran de los niños como si se tratara de la mercancía de un supermercado. Pero lamentablemente así era la realidad y aunque no lo quisiera, ellos eran los compradores que indagarían en la mercancía, para posteriormente llevarse la mejor.

¿Eso había sufrido su Seto?.

Que indignación.

Mientras tanto hizo su aparición el abogado de la casa hogar, el cual entabló una rápida conversación sobre términos legales con el moreno, quien era el que más atento estaba a todo.

La pareja había pedido a sus abogados que les permitieran llevar a cabo aquella misión en completa intimidad.

Seto sabía lo suficiente de legalidades como para asentir o no a lo que le decían.

Además e independientemente de las circunstancias de gobierno y registros, los consortes sentían miedo y ansiedad, la cual se fusionaba con la insensatez aun de llevar a cabo aquella encomienda.

Regresando un poco en el tiempo, a un mes antes precisamente, se había dado lectura a la penúltima voluntad de Gozaburo Kaiba, la cual y después de un día de incertidumbre y miedo, había culminado con la siguiente “petición”.

-“Para estas alturas de tú vida y matrimonio, debes estar lo suficientemente dispuesto y maduro como para asumir una mayor responsabilidad en la vida.

No es suficiente ser el mejor en el mercado ni en el mundo entero con tú intelecto; para salir adelante completamente en esta vida, hacen falta mayores responsabilidades, que implican el matrimonio y el sustento de hijos.

No sé cual haya sido tú elección al momento de enlazarte, pero si has elegido casarte con una mujer, es tiempo entonces de que el rol de padre se efectúe en tú vida.

Por el contrario, si has elegido a un varón para el matrimonio, será un factor decisivo que entre los dos realicen la búsqueda de un hijo. Independientemente del género, lo fundamental es encontrar a la persona adecuada que heredará tus bienes y por consiguiente el apellido de distinción que el mundo entero conoce.

El plazo para esta encomienda es el siguiente:

De haber sido una mujer quien formó parte de esta familia, el plazo será el que tenga la naturaleza para acoger el pequeño niño en su vientre.

De haber sido un hombre quien se presentó a tú gusto, un mes doy de plazo para la elección apropiada del próximo heredero.

Mis abogados como siempre siguen tus pasos, por lo tanto y para facilitarte las cosas, he conseguido ya un buen lugar donde podrán hacer, tú esposo y tú, una elección adecuada a los intereses familiares.

Pongo en balanza entonces esta tentativa: Buscas un niño para convertirte en padre, o permites que la fortuna entera, más Mokuba, caigan en la beneficencia, siendo este último acogido por el gobierno y enviado a una casa hogar de la cual, jamás, podrás liberar o volver a ver.

El reloj suena para tus elecciones, Seto.

Puede ser que la herencia a estas alturas de tú vida ya no sea lo imperativo.

Pero piénsalo bien¿es lo mismo con Mokuba?.”

Letra por letra la carta estaba grabada en la memoria del genio, como si de imprenta personal se tratase.

Esa noche se había realizado un oscuro silencio, en donde su mente había trabajado al máximo, maldiciendo mil veces más el nombre de su padrastro.

Un mes solamente para elegir y después de objeciones, búsquedas sin sentido para abortar la cláusula o simplemente un debate intenso con el joven rubio a su lado, habían decidido, como pareja y esposos, ha ceder a las peticiones de Gozaburo.

Después de todo, no los separaban.

-Aun no entiendo el por qué de todo esto. Desgraciado. Balbuceó Kaiba, quien caminaba por un largo corredor.

-Yo tampoco lo sé Seto, pero debemos estar agradecidos de que no fue algo demasiado radical o…

¿Llamas a adoptar un niño algo censillo?. Expuso el moreno deteniendo su andar.

-No, no, yo solo decía que…

-Ese mal nacido solo quiere arruinarme la existencia, esa era su finalidad en vida y ahora también después de muerto.

Solo busca que yo pierda el control pero jamás le daré el gusto de verme derrotado, jamás. Afirmó Kaiba, tras dejar que sus ojos azules centellaran con furia renovada.

Joey bajó la cabeza, ocultando el suspiro cansado de su garganta.

Aquella discusión la habían sostenido durante un mes completo, en donde aparentemente habían accedido al testamento como una manera de protección para Mokuba, ya que el amor hacia él era innegable.

Pero después, cuando las noches llegaban al lecho Kaiba, Joey pensaba detenidamente en los sucesos que acontecían y poco a poco llegaba a la conclusión de que tener a un niño, un bebé entre sus brazos, que simbolizaba indirectamente su matrimonio, era lo mejor que había podido la vida regalarle.

No se había atrevido a expresar sus pensamientos en voz alta, pero al parecer y rompiendo un poco su corazón, Seto no pensaba como él. Más bien se veía que todo aquello era una verdadera molestia, como lo había sido él en su tiempo.

Un par de minutos pasaron para que el rubio retomara su andar y dejara tras él a un Seto tratando de relajarse de su anterior exabrupto.

No podía evitar enfadarse y maldecir a su padrastro, pero obviamente Joey no tenía la culpa y la mirada de desilusión que había mirado en él, se lo indicó claramente. Por ello y antes de que sucediera otra cosa, alcanzó la mano de su esposo, halándolo hasta que este quedara bajo sus brazos.

-Perdóname. Es que no controlo…

-Yo te entiendo Seto. Sonrió Joey con amargura.- Pero en ocasiones me parece que llevas este odio demasiado lejos en lugar de tratar de aceptar las cosas.

¿Pero como me pides que acepte los decretos de un maniaco?. Inquirió ofendido el genio.

-No lo sé. Respondió cansadamente el rubio, apartándose del abrazo de su amante.- Solo digo que deberías de abrir un poco tu mente y dejar de lado tú terquedad para que puedas ver esto tan bonito que nos está pasando.

¿Por qué todo tienes que verlo como una maldición?.

Fue la interrogante que se quedó en el aire, porque Joey entró en la puerta del fondo, dejando a Kaiba pensativo y un tanto ofuscado.

-Maldición. Dijo después de unos minutos, cruzando la puerta que hacía instantes su esposo pasara.

No era nada nuevo para él aquella zona. Los cuneros, donde los más pequeños niños se encontraban, pero que a diferencia de los años infantiles de Kaiba, este se encontraba más adaptado y en mejores condiciones para atender a los bebes.

Buscó con la mirada a Joey, el cual se encontraba mirando con sonrisa en labios cada cunero que pasaba.

Fue entonces que Seto percibió el brillo especial en los ojos castaños y entendió entonces el porqué su amante lo llamaba: Terco.

¿Y qué le parecen?. Cuestionó la directora tras mirar al rubio observar a todos los niños con verdadera emoción.

-Son hermosos. Susurró Joey sin atreverse a expresar nuevamente su indignación ante el acto de “elegir”.

-Lo son. Estos son los más pequeños que nos son entregados de diferentes maneras. Unos tienen ya varios meses y otros son recién nacidos. Como ve, hay muchos pequeños que esperan por su elección.

El de cabellos rubios asintió, llevándose un suspiro por delante al acariciar el rostro pequeño y delicado de un niño dormido.

Una basta elección sin duda, pero solo uno podría ir a vivir a la mansión Kaiba.

Joey no tenía la menor idea de cómo “elegiría”, simplemente intuía que aquel pedazo de vida que hiciera a su corazón vibrar verdaderamente, sería a quien llevaría a casa.

Una decisión muy cruda al final.

-Los miraremos juntos. Esto también me atañe a mí.

El rubio asintió al dulce susurro de su esposo. Al parecer había recuperado la razón tras su pequeño lapsus de rabieta.

Solo esperaba que entendiera sus propios motivos de estar en un lugar que lo deprimía de sobre manera.

Así que mientras la directora se hacía a un lado, indicándole a las enfermeras en turno que verificaran algunas cosas, el matrimonio se dedicó a observar detenidamente cada pequeño rostro, cada facción, cada algo que les indicara que él o la pequeña, sería elegido.

Pero al parecer y después de una doble revisión, ninguno hacía estremecer el corazón de Joey con tanto ahínco y desesperación como lo ansiaba.

Un resoplido de frustración salió de sus labios.

-No te preocupes. Este lugar fue la elección de Gozaburo por algún motivo solo por él conocido, pero aun quedan muchos lugares en donde podremos “encontrarle”.

Joey sintió que las palabras de su amante comenzaban a sonar más sinceras y amorosas. Como si comenzara a comprender lo que él ya visualizaba como futuro.

No quedaba más que marcharse y continuar la búsqueda, pero los “milagros” existen en la vida y son llamados cuando se requieren, por lo que antes de que la pareja abandonara la habitación, una de las enfermeras entró en el lugar, depositando en una cuna apartada de las demás, un bultito que parecía temblar al momento de ser colocado en el colchón.

Ambos sintieron entonces la necesidad de acercarse y de mirar detenidamente al bebé que había sido depositado con especial cuidado en la cuna.

-Él es una excepción. Habló la directora con cierto tono quebradizo en la voz.

Ambos amantes no comprendieron, pero cuando la mujer desprendió al pequeño bultito de la manta que cubría su carita, ambos entendieron entonces porque el tono de pena en la mujer.

-Tiene unos días de haber sido abandonado en nuestra puerta y según los pediatras, cuenta con escasas semanas de haber nacido. Pero a pesar de eso y por terrible que pueda parecer la realidad, era golpeado por sus padres, y su madre lo abandonó así nada más en el frío clima.

Joey llevó una mano a su boca para impedirle el paso al grito lastimero que su pecho emanaba, más no pudo impedir que unas cuantas lágrimas rodaran por sus mejillas.

La imagen del pequeño bebé golpeado era terriblemente desgarradora y no supo que hacer en realidad.

-Está sedado. Cuando despierta es un llanto incesante y el dolor en su cuerpo es agonizante.

No le dan demasiado tiempo de vida ya, por ello lo mantenemos así, para que al menos deje de sufrir un poco.

Seto tampoco pudo evitar que sus implacables ojos azules se cubrieran de llanto al escuchar las atrocidades que la mujer relataba.

¿Cómo podían existir personas tan desalmadas que hicieran sufrir a sus hijos?.

La respuesta era más que obvia y crudamente real.

Por eso miró con cierta pena el cómo su esposo se inclinaba y tomaba entre sus manos al pequeño niño dormido, que solo se movió un poco al sentir que lo levantaban de su cómoda posición.

Seto jamás había mirado a Joey en aquel estado de sombría tristeza, pero algo en su corazón se encendió cuando el rubio comenzó a arrullar y acariciar las manitas fuertemente cerradas del bebé.

Una escena que le partió y le alegró en cierta medida el corazón.

Por ello se acercó al rubio, abrasándole con protección y amor, mientras miraba el acto instintivo que solo lo fraterno puede realizar.

-Touji. Susurró Joey tras recargar su cabeza en el cuello de su pareja y darle un nombre al bebé entre sus brazos.- Él es el indicado.

-Lo sé. Nadie más que él. Imitó el moreno, acariciando delicadamente, como jamás en su vida, el rostro amoratado del pequeño durmiente que entre sueños e inconsciencia, sonrió con adoración a sus nuevos padres.

El arribo a la mansión Kaiba esa tarde estuvo cargado de un largo silencio, en el que los pensamientos de cada uno de los hombres dentro de la limosina, se dispersaban en diferentes direcciones.

Habían realizado ya la encomienda de Gozaburo, pero en el trayecto habían elegido a un pequeño ser que según la directora no sobreviviría demasiado tiempo.

Pero la mujer no conocía lo obstinados que podían llegar a ser Seto Kaiba y Joey Wheeler, quienes a pesar de todas las malas predicciones, salieron de la casa hogar con un débil bebé entre los brazos.

Habían elegido a Touji por alguna razón y ambos, aunque no lo expresaran en voz alta, estaban de acuerdo con ella.

-Es precioso. Murmuró Joey para terminar con el silencio.

Seto se acercó al rubio y asintió, mirando por encima de su hombro al pequeño que continuaba dormido en los brazos de un muchacho que se había aferrado a él desde que lo cargara en los cuneros.

¿Te gusta el nombre?. Cuestionó Joey tras apartar su castaña mirada del rostro amoratado de Su bebé.

-No fue una magistral elección Wheeler, pero me parece un nombre encantador, que salió de tus labios en un momento indicado e importante. Respondió el moreno tras besar dulcemente la mejilla de su pareja.

Joey sonrió por primera vez desde que salieran de la casa hogar y supo que el cielo había enviado a Touji especialmente para ellos.

¿No será muy grande la cuna que compró Mokuba?. Es tan pequeño.

-Pero crecerá y después verás que muy pronto se cambiará por una cama.

Joey sonrió, Seto comenzaba a hablar ya como un padre, pero sobre todo, daba esperanzas al futuro del niño.

El cálido cuerpecito envuelto entre mantas azules de algodón, transmitía un exquisito y delicado aroma que solo un niño es capaz de emitir cuando se siente seguro y en paz.

Ese olor fue el que ambos jóvenes, ahora padres oficialmente de: Touji Kaiba, percibieron con infinita adoración mientras la limosina se detenía frente a la entrada de la Mansión, donde los esperaban ya Mokuba y los abogados.

-De ahora en adelante nuestra vida cambiará radicalmente, Joey. ¿Estás….?. Seto no sabía como continuar tan difícil pregunta que había surcado su cabeza durante el recorrido.

Más el rubio no necesitó escucharla para acariciar la mejilla de su esposo y robarle un pequeño beso de afirmación, en donde las palabras más hermosas para Kaiba se imprimieron también.

-Te dije que estaría a tú lado pese a todo y en este momento, donde nuestro hijo está en nuestras vidas, no podría abandonar lo que más amo.

El moreno asintió, sonriendo con completa felicidad.

Comenzaban un nuevo y gran camino, donde no solo se pondría a prueba su resistencia y paciencia, sino también aquello que podían ser capaces de dar a un ser tan desvalido y maltratado como Touji.

Kaiba fue el primero en bajar de la limosina, para después ayudar a su ocupado esposo, quien procuró cubrir la carita de su hijo para evitar que el sol le pegara en los ojos.

Touji solo se movió, acurrucándose aun más en el calor proveniente del pecho de su nuevo padre.

¿Y bien, y bien?. Quiero verlo, quiero, quiero.

Mokuba brincaba con gracia infantil alrededor de Joey, quien por ningún motivo permitía a nadie mirar a su bebé.

-Lo haremos, Mokuba. Pero primero entremos. Él no puede exponerse a cambios radicales de temperatura. Indicó Joey, sonriendo a los abogados que asintieron a sus palabras.

Seto sonrió a la impaciencia y puchero de su hermano, por lo que acariciando sus cabellos le indicó que entraran, terminando con la bienvenida.

¿Seto?. Llamó Mokuba antes de que entraran en la sala.

¿Si?.

El adolescente se armó un poco de valor para dejar salir sus palabras, por lo que suspirando terminó por mirar firmemente a su hermano mayor.

-Gracias.

¿Qué?. Preguntó el moreno sin entender.

-Gracias por…hacer esto por mí. Lamento si cambié tus planes y…

Pero Seto simplemente le sonrió y negó con la cabeza.

-Esto, Mokuba, solo es el comienzo de algo nuevo. Al principio me enfadé, Gozaburo era un monstruo, aun más al exigir a cambio de uno de mis seres queridos, pero por ningún motivo pienses jamás que tú eres una molestia para mi. Eres mi hermano y siempre te cuidare y querré con cláusulas o sin ellas.

El adolescente asintió sonriente, abrazándose al moreno que lo recibía con especial cariño.

El haber revivido su infancia en la misma casa hogar de donde Touji había sido adoptado, le hizo recordar a Seto el amor fraternal y especial que existía hacia su hermano, por lo que sabiendo que por Mokuba haría muchas cosas más que lo pensable, despejó las dudas y culpas de un muchacho que en situaciones similares probablemente habría hecho lo mismo.

-Dios, pobrecito. Musitó Louis y justo eso escuchó Seto al entrar en la sala.

¿Por qué llamas pobrecito a mi hijo, Louis?. Mi hijo no es ningún pobrecito. Es un Kaiba. Indicó Kaiba con cierto enfado, sentándose al lado de un Joey que le mostraba a Mokuba el estado de su nuevo “sobrino”.

Louis se sonrojó y solo atinó a virar la mirada hacia donde Maky se encontraba, pero este en lugar de apoyarlo le espetó con la mirada las mismas palabras que el moreno le había dado.

El abogado entendía su indiscreción, pero ciertamente su conmovido corazón no había podido quedarse callado al mirar al pequeño ser entre los brazos de Joey, completamente dañado.

-Es lindo. Sonrió Mokuba tras acariciar suavemente la piel amoratada de su sobrino.¿Ya tiene nombre?. Cuestionó maravillado e impaciente, como hacía unos momentos.

Joey sonrió ante la aceptación inmediata del de cabello negro y asintió con un orgullo desmedido.

-Se llama Touji. Comunicó el rubio, haciendo sonreír aun más a un Mokuba que regresó su mirada al bebé que continuaba durmiendo apaciblemente.

-Es un bonito nombre. Bienvenido a casa, Touji. Habló Mokuba, saludando al nuevo integrante de aquella alocada pero al final, feliz familia.

Esa noche y tras despedir a los abogados y aun Mokuba que argumentó solo había ido en viaje relámpago, recostaron por primera vez a Touji Kaiba en su cuna, la cual efectivamente era demasiado grande para él, pero que en ese momento no importó a ninguno de los dos sonrientes padres que miraban a su hijo.

-Se parece a nosotros. Exclamó Joey tras decir aquello que desde un principio había guardado para él solamente.

-Un ser maltratado con violencia por la vida, abandonado a su suerte y con la desdicha de ser rechazado.

El rubio asintió con pena. Así eran ambos: dos seres maltratados por la vida, pero que al final se habían encontrado para curar las heridas.

-Justo eso haremos con él. Prosiguió Seto como si hubiera leído la mente de su esposo.

-Si amor, nosotros curaremos sus heridas, porque somos los más indicados para hacerlo. Después de todo, por algo suceden las cosas¿verdad?.

Kaiba asintió, abrazando fuertemente a su esposo.

¿Sabes?. Me gusta ser padre. Un privilegio que agradezco solo porque tú estas a mi lado. No había visto esta oportunidad como algo positivo, sino negativo. Es algo hermoso y más con él, un ser tan igual y destinado a nosotros.

Joey besó el cuello del moreno y asintió bajo el abrazo protector de su amante.

El nudo en su corazón por la condición actual de su bebé continuaba en su lugar. Pero sin duda había sido ideal elegirlo de entre los demás niños.

Una corazonada, un pinchazo, algo inexplicable pero que ambos padres habían sentido al momento de mirar a la maltratada criaturita que a partir de ese momento recibiría lo mejor de la vida.

Sus padres eran sobrevivientes y combatientes fieles de una cruda vida. Touji debía hacer lo mismo y ambos, Seto y Joey, sabían que así sería.

Mientras la compañía y el amor estuvieran de intermediarios, nada más faltaría.

La cama se movió rudamente mientras los dos cuerpos sobre ella trataban desesperadamente de continuar durmiendo, cosa que les fue imposible debido al incesante alboroto que provenía de algún punto específico de la casa.

Uno de ellos, el rubio, se levantó con pereza e hinchazón en los ojos, esperando poder despertar completamente de su pequeño letargo.

-Joey. Llamó Seto, quien tapaba su cabeza con la almohada.

-Ya voy. Susurró el rubio, incorporándose de la cama aun con los ojos cerrados, para después comenzar a caminar hacia la habitación contigua, de la cual salían tan sonoros e insistentes sonidos.

La puerta se abrió y cerró rápidamente, cosa que sobresaltó aun más al bebé que lloraba desconsolada pero potentemente desde la cuna a mitad de la habitación.

-Touji, shhh, ya estoy aquí. Susurró Joey, cargando a su hijo para sostenerlo en brazos.

Pero el pequeño Touji no respondió a la súplica de su rubio padre, por lo que en lugar de apagar su llanto como cualquier niño desesperado por el contacto de sus padres, lo haría, continuó llorando, esta vez con mayor intensidad.

-No llores mi lindo bebé. Papi llegó para cuidar de ti. Susurró el rubio, apagando el monitor quien era el que le había alertado que su hijo había despertado.

Tres semanas desde que Touji estaba con ellos y las enormes ojeras de Joey indicaban las raquíticas noches que se habían pasado en aquella casa.

Ambos padres se turnaban por noche para cuidar de su hijo, y en esa ocasión había sido el rubio quien debería arrullar a Touji hasta que este se cansara de llorar y decidiera dormir debido al cansancio.

Aquella vida era desesperante en cierta forma, pues solo los que dormían en la planta baja podían conciliar el sueño. En cambio los de la parte superior pasaban por un caos completo que no incluía noches de encanto.

Joey tomó asiento en la mecedora a su espalda y trató con afán de que el movimiento de vaivén que la silla emitía, tranquilizara a su bebé, el cual por momentos acallaba su llanto para después y repentinamente volver a llorar por nada en especial.

Los pediatras habían dicho que era normal aquel llanto, que era cuestión de que el pequeño se acostumbrara a la presencia de sus padres y que muy pronto cesaría de llorar tan angustiosa y desesperadamente.

Pero nada de eso había ocurrido, sino que el pequeño Touji continuaba con sus noches en vela y con el llanto doloroso de alguien que sufre.

Esto partía el corazón de ambos padres, pero a pesar de todo eso, no podían hacer nada más que esperar.

El bebé tampoco comía bien y era angustioso el mirar como cada mañana una enfermera le suministraba lo indispensable vía intravenosa para que el bebé no muriera por inanición.

Más Touji no quería combatir y poco a poco se estaba dejando vencer por la crudeza de algo qué él no sabía y no podía entender.

El corazón conmovido de todos en aquella casa no era nada comparado al que los padres sufrían al escuchar el llanto o la desesperación de un ser indefenso al tratar de escapar de su fantasmal opresor.

Ni todo el amor del mundo había podido tranquilizar al niño y la idea de continuar sedándolo, no era una buena opción para los padres.

-Te amo, Touji, debes comprender que jamás te haremos daño. Nosotros queremos solo tu bien, mi amor. Susurraba Joey inútilmente, pues el bebé continuaba llorando cada vez más lamenteramente.

El rubio estaba desesperado, al punto de no saber si lanzarse a llorar junto a su hijo o de gritar por la desesperación sentida.

Más nuevamente algo valioso se abría ante la vida, dejándoles ver que por mucha desesperación que hubiera, no estaban solos.

-Déjame a mi. Indicó Seto, tras entrar en la habitación y cerrarla.

Joey se incorporó y le cedió el pequeño cuerpecito de su hijo a su otro padre, quien con marcada experiencia en el terreno infantil, sostuvo a Touji con maestría, el cual lloró aun más, con ese sonido hueco y estremecedor de los niños cuando sufren.

Pero Seto tampoco logró hacer nada por más que arrulló, paseó o habló calmadamente a su hijo.

Touji estaba en estado de pánico y nada podía hacer que saliera de él.

¿Qué vamos a hacer?. Preguntó un ya desesperado Joey, quien acariciaba gentilmente el rostro rojo de su bebé.

-No lo sé. Esto es difícil para todos. Aun más para él, quien gasta todas sus energías en llorar sin sentido para después volverlo a hacer. ¿Cuánto sufrimiento puede tener por dentro?. Malditos quienes lo procrearon. Sentenció el moreno, tomando al niño para ponerlo junto a su pecho y besar su cabeza lampiña.

Hasta ese momento ni el color del cabello u ojos podían hacerse visibles en la pequeña criaturita.

Un pequeño desconcierto sin importancia, para esos momentos de desesperación.

Joey también maldijo a los biológicos padres de su bebé. No solía hacerlo, tenía más sensatez, pero en momentos en los que la sangre y el corazón saltan para defender a lo amado, no podía deparar en excusas.

Los padres verdaderos de Touji, no tenían perdón.

Seto entonces tuvo repentinamente una idea de entre el odio que sentía hacia personas que no conocía.

Lentamente caminó hacia la mecedora y se sentó en ella, indicándole a Joey que se acercara.

-No se si esto funcionarì pero debemos hacerle entender que nosotros no vamos a lastimarle y que debe confiar en nosotros.

El rubio asintió con presteza. A esas alturas probaba lo que fuera.

Por ello tomó al lloroso Touji entre sus brazos nuevamente, tal y como se lo indicara Kaiba y después de eso se sentó en el regazo de su esposo, quien los abrazó a ambos formando un pequeño circulo amante.

Suavemente Joey recostó su cansada cabeza en el pecho de Seto y este movió la silla con un especial ritmo que asemejó las olas de mar cuando quietas se encuentran.

La habitación decorada con tapices azules y caballos de madera.

Juguetes, sonajas, todo lo que pudiera necesitarse para el pequeño ocupante, el cual y repentinamente comenzó a acallar su llanto, quedando al final y a la par del repentino y cómodo silencio, espasmos que Touji dejaba al aire de vez en cuando. Señales de su intensa emoción.

La silla continuó su movimiento, mientras que los brazos que sostenían al pequeño niño jamás se movieron de su lugar, demostrándole, como Seto lo dijera, que ellos jamás lo lastimarían y que lo amaban como si hubiera realmente nacido de uno de ellos.

-Funcionó. Murmuró Joey con una pequeña sonrisa en los labios, sintiendo los párpados totalmente pesados.

-Qué locura. Imitó el moreno, besando los rubios cabellos de su esposo para después él también cerrar poco a poco los ojos, dejando que el suave movimiento de la silla y los sonidos placenteros del silencio, adornaran por esa noche sus sueños.

Al final la pequeña idea de Kaiba había funcionado, permitiéndoles a los tres un relajado descanso, que incluía un par de horas más de sueño que lo usual.

A la mañana siguiente el primero en abrir los ojos fue Seto, recordando entonces el porqué se encontraba en aquella habitación.

Miró a su lado y Joey aun dormía, aferrando fuertemente al pequeño bebé que permanecía muy quieto entre sus brazos y al cual miró segundos después.

Para sorpresa del ojiazul entonces, Touji lo miraba atentamente y en total silencio, como si se percatara del cansancio de los mayores.

Seto movió uno de sus dedos y acarició cuidadosamente la mejilla de su hijo, la cual y poco a poco iba retomando el color natural de un bebé.

-Tan pequeñito y causando escándalos. Eres igual a tú padre. Susurró Seto, dejando que su bebé tomara su dedo y se aferrara con débil fuerza.

¿A cual de los dos?. Cuestionó un Joey que abría los ojos con pereza en ese momento.

¿A quién crees tú?.

El rubio sonrió y miró el gesto serio que Touji tenía en el rostro, mientras le dedicaba una especial mirada de escudriño.

-Entonces tiene tú carácter serio. Indicó el muchacho, acariciando la cabeza de un Touji que cerró los ojos y los volvió a abrir en señal de percibir que no había peligro alguno en la caricia.

¿Crees que logramos el objetivo?. Se atrevió a preguntar el ojiazul tras un momento de silencio y de contemplación al niño.

-No lo sé, pero al parecer comienza a mirarnos de otra manera. Jamás lo había visto tan “analítico”. Tal vez por fin comprendió que….jamás lo lastimaremos y que…

-Lo amamos. Finalizó el moreno, besando la sien de su esposo.

Noches como esa abundaron por muchos días, hasta que Touji se sintió en la confianza de asimilar que lo cuidaban personas importantes y que lo amaban más que nada en la vida.

Pronto entonces comenzó a permitir que Joey le diera de comer y que Kaiba lo mudara de ropa o lo duchara.

Todo esto sin la menor señal de llanto o de dolor, como en un comienzo había mostrado.

Touji permitía que su Tío Mokuba lo sostuviera un rato, riendo, con las caras graciosas que el muchacho hacía para él.

El bebé Kaiba comenzaba a permitir muchas cosas que antes, por el temor a que volvieran a dañarle, no admitía.

Pronto también comenzó a dormir en su cuna, junto a una bufanda azul que impregnada llevaba los olores de sus padres y la cual era su compañera inseparable durante las noches pacíficas y de sueño.

Cada día era uno más de experiencia, sobre todo para Joey, quien no sabía demasiado de niños y competía afanosamente con la experiencia de su amante.

Una familia que había nacido repentinamente de la nada y que iba construyéndose bajo las sólidas bases del amor.

¿Estás seguro de que estarán bien?. Fue la pregunta que más de quince veces el ojiazul había lanzado con preocupación.

-Si, Seto. Fue la respuesta que Joey monótonamente daba a cada misma cuestión.

El moreno frunció el entrecejo y miró los alrededores con cierta desconfianza.

Era la primera vez desde que Touji estaba en casa, que lo sacarían a pasear. Más concretamente, a presentar a los “fastidiosos” amigos de su esposo, quienes al parecer habían pospuesto su reunión hasta ese día.

Seto se había negado rotundamente a que su hijo fuera admirado y tocado por manos ajenas y de desconfianza, pero la siempre sonrisa de Joey y unas cuantas ideas locas para esa noche, lo habían hecho cambiar de opinión.

Más al estar ahí, en el parque, con la desconfianza típica de un primerizo padre, ya no le resultaba tan tentadora la idea de dejar “solos” a sus dos soles.

Joey por su parte reía a la desconfianza de su esposo, pero él sabía que de ser el caso opuesto también tendría los mismos miedos del moreno.

No era fácil asimilar que su Touji estaba creciendo, mucho menos que era su primer visita al parque en compañía únicamente de uno de sus padres.

Pero Kaiba tenía una muy importante reunión y no podía dejarla.

El ser padres era un asunto difícil, pero al mismo tiempo una experiencia única que les permitía a los dos experimentar cosas que jamás, a pesar de su notada vida, habían sentido.

¿Estás seguro de que…?

-Si, Seto y ya deja de preocuparte. Sabes perfectamente que no le va a pasar nada al bebé. Sonrió Joey, acercándose a su amante para besarle en los labios.

-No lo digo solo por él. También por ti. ¿Qué haría yo si algo les pasara a alguno de los dos?.

El de ojos castaños sonrió, besando esta vez con ternura y un poco más de amor a la segunda persona más importante de su vida.

-Nada nos ocurrirá. Puedes estar tranquilo.

Seto bufó nuevamente, antes de inclinarse, besar a su sonriente hijo y caminar a la limosina que lo esperaba.

El ojiazul procuró no mirar hacia donde sus dos soles se encontraba, no quería volver a parar el auto, bajar y comprobar nuevamente que todo estaba tranquilo y en perfecto orden.

Pero a pesar de ello, si pudo hacer una cosa.

-Si los pierden de vista o les pasa algo, sabrán entonces quien es Seto Kaiba. Ordenó el moreno con voz tremendamente seria y helada, señal de que estaba amenazando realmente.

Un escuadrón de vigilancia era todo lo que podía hacer por sus soles en esos momentos y estaba seguro que con su amenaza, todo estaría bien.

Joey lamió sus labios en señal de satisfacción y tras inclinarse sobre el carrito y mirar a su bebé, sonrió juguetonamente.

-Tú padre es un exagerado. ¿No lo crees Touji?

El infante que tenía aproximadamente cuatro meses de edad sonrió divertido a los gestos de su padre, tomando la caricia que le daba en la mejilla como un gesto de amor puro.

Joey procuró, después de asegurarse que su hijo se encontraba bien, colocar la visera del carrito y comenzar a caminar con despreocupación por el parque.

Era la primera vez en mucho tiempo que caminaba como si la vida fuera solo un paseo y aventura.

Pero así se sentía. Se encontraba en paz, feliz y al lado de un esposo que lo amaba, un adolescente que lo idolatraba y un hijo que comenzaba a evidenciar día con día el amor que su pequeño corazón sentía.

¿Algo más necesitaba?

Nada más a su parecer o tal vez una cosa que evidentemente era imposible, al menos por el momento.

Los balbuceos de Touji sonaban encantadoramente alegres mientras Joey empujaba el carrito por una pequeña vereda, la cual los llevarían a la cafetería del otro lado del parque.

Con sumo cuidado cruzaron la calle y al entrar en el lugar, miró detenidamente que nadie había llegado. Eran los primeros.

El rubio se sentó y procuró colocar el carrito de su hijo junto a él, el cual bostezaba cansadamente pero que luchaba por no cerrar los ojos.

Una sorpresa, Joey quería darles una sorpresa a sus amigos, a los cuales no había visto desde que Touji llegara a su vida.

Su trabajo en KC se había detenido. La prioridad era el bebé y por nada en el mundo lo lamentaba.

Cuidar de un hijo siempre sería prioridad en la vida de cualquier padre.

Unos minutos pasaron, mientras Joey memoraba cada minuto y día vivido en su casa, hasta que el alboroto que un grupo de chicos hacían, le indicó que sus compañeros y amigos de aventuras pasadas, habían llegado.

Joey procuró desplazar un poco el carrito de su hijo y se incorporó esperando a sus amigos con una brillante sonrisa en los labios.

¡JOEY!. Gritó Tristán al reconocer a su camarada para correr y abrazarlo como la amistad lo merecía.

-Tristán, amigo. Cuanto tiempo. Murmuró Joey, comenzando a creer que hacía una eternidad que no miraba al morocho, quien al igual que todos había cambiado bastante. La pinta de rebelde sin causa se había ido, para ser remplazada por una imagen apropiada a un hombre de negocios.

¡Joey!. Sonrió Tea, ocupando después el lugar del trigueño. La chica había cambiado bastante también, luciendo un estilo moderno y alegre.

-Es bueno verte Tea. ¿Creciste o es mi imaginación?.

La morena dio un pequeño codazo al rubio, pero de igual manera rió. Siempre jugaban bromas indirectas a la estatura de Yami, pues la muchacha en su tiempo, prendida estaba del de cabellos tricolor.

Una mofa agradable después de haber sobrellevado la decepción.

Yugi fue el siguiente en abrazar al rubio, y aunque fueran más frecuentes sus encuentros, no dejaban de alegrarse por mirarse cada vez, constatando lo felices que eran.

Deblin, rezagado, esperó su turno, dándole primero la mano a un desconcertado Joey, para después abrazarlo fuerte y firmemente, tal y como la camaradería y el tiempo se lo habían hecho ver.

El ex faraón fue un caso que no hay que dejar de mencionar.

Algo, un brillo radiante lo hacía ver muy diferente al usualmente callado y alejado muchacho.

El matrimonio le había sentado bien por lo que estrechando fuerte y cálidamente la mano del rubio, dio a conocer que las rencillas pasadas olvidadas estaban y que la amistad estaba en su corazón ahora.

-Oye Joey. Gritó Tristán a la espalda de un rubio que pensaba en si decir algo o no.

¿Si?.

¿Trabajas de niñero?.

El de ojos castaños parpadeó y después entendió perfectamente la situación. Sonriendo entonces se acercó hasta el carrito y cargó a un Touji que miraba atentamente el porque de tanta algarabía.

-Me da mucho gusto verlos a todos después de tanto tiempo. Se que hay sorpresas. Guiñó a Tristán sin que este evitara sonrojarse.- Y muchas cosas que contar. Pero antes de que eso suceda, déjenme presentarles a alguien especial para mi.

Muchachos, él es Touji. Mi hijo.

Un repentino silencio terminó con el alboroto, dejando rostros impactados y muchas preguntas en la cabeza.

Todos, sin excepción miraban al pequeño niño, cuyos ojos temerosos buscaban unos azules o castaños que perfectamente conocía.

¿Tú hijo?. Cuestionó Duke como si la presentación hecha hubiera sido irreal.

-Si, mi hijo. ¿Pero por qué todos nos miran de esa manera?. Objetó Joey sintiéndose cohibido.

-Es que….no se parece a ti. Murmuró Tea, acercándose al bebé para mirarlo mejor.

Después de eso todos los presentes hicieron los mismo, provocando que el niño se acurrucara en el pecho de su padre y cerrara los ojos a modo de miedo. Un pequeño puchero comenzaba a formarse en su pequeña boca.

¿Puedo¿puedo?. Preguntó Yugi en tono infantil y emocionado, dando a entender que quería cargar al niño.

Joey asintió sin estar seguro de ello, mirando que con naturalidad su mejor amigo sostenía al bebé que se sintió desprotegido.

-Es hermoso. Susurró Yugi, mostrándoselo a su esposo y mirando sus ojos grises.

-Lo es. Respondió orgulloso el padre.

La impresión pasó rápidamente, siendo el niño el centro de atención.

Todos querían verlo, sonreírle y sostenerlo, pero Touji no pensaba lo mismo, por ello y cuando Yami lo sostuvo después de todos, comenzó a llorar descontroladamente y con temor. Tal y como lo hizo durante algunas noches.

Joey entró en auxilio de su hijo y al sostenerlo este paró su llanto, sintiéndose reconfortado y a salvo en los brazos amorosos de su padre rubio.

¿Por qué lo separaban de él cuando no quería?.

-Está asustado. Solo está acostumbrado a Seto y a Mi; un poco a Maky, Louis y a Mokuba.

Es la primera vez que sale de casa y tiene miedo.

Aclaró el rubio, tras sentir los temblores de su bebé.

Tea suspiró enternecida por lo que miraba y los demás la miraron algo extrañados, pero había que confesar que un Joey paternal jamás se lo habían imaginado.

Fue ese el inicio de una larga charla, donde todos compartieron secretos, experiencias y aquello que en ese momento los hacía sonreír después de un largo camino.

Pero nada dura para siempre, por lo que en cuanto el cielo se cubrió de un intenso escarlata, el grupo de amigos supo que era tiempo de las despedidas.

-Me dio mucho gusto verlos nuevamente. Espero que esto no se quede en una simple reunión. Pronunció el rubio, sosteniendo a un Touji que se entretenía con sus largos cabellos dorados.

-Por supuesto Joey.

-Claro hermano, verás que ahora nos veremos más pronto de lo que imaginas.

Respondieron Tea y Tristán los cuales vivían lejos de la ciudad.

Yugi y Yami prometieron ir a la mansión Kaiba para ayudar un poco a Joey con su bebé, mientras que Duke se ofreció a llevarlo como el buen amigo que era.

Al tiempo de las despedidas la cafetería donde antes había risas y dichas, se quedaba sola. Solo hasta que los buenos amigos se volvieran a reunir en otra ocasión.

-No Touji, vas a lastimarte. Indicó Joey tras zafar las pequeñas manitas de su hijo de entre sus cabellos.

El niño hizo un puchero y frunció el entrecejo, volviendo a colocar su mano entre los sedosos cabellos de su padre.

A eso el rubio solo suspiró resignado.

-Sabes, se parece a Kaiba. Opinó Deblin, quien miraba de reojo la escena mientras conducía.

-Ni que lo digas. Tiene el carácter de la familia. Rió Joey, besando la frente de un Touji que sonrió a la caricia.

-Es algo extraño verte con un niño en brazos, Joey. Pero después de la fantástica historia que nos relataste, es más increíble que este niño haya luchado pese a las expectativas médicas.

-Lo sé. Es algo que siempre recuerdo día a día. Touji luchó por su vida y ahora es simplemente...nuestro hijo.

Duke miró la sonrisa tierna que los castaños ojos del rubio desprendían y supo entonces que más feliz Joey no podía estar.

Sonrió por su amigo, ese que ahora veía como tal, pero no dejó de pensar que había realizado bien en enamorarse de un chico como él.

-Llegamos. Anunció Deblin deteniendo su auto frente a la mansión Kaiba.

El rubio asintió, pero antes de bajar del auto, quiso agregar.

¿Te quedarás en la ciudad, verdad Duke?.

El de ojos verdes asintió. Al menos ese era su plan por algún tiempo.

-Me gustaría verte más seguido. Te he echado un poco de menos. Confesó Joey con veracidad.

-Y yo a ti. Pero que no se entere el gruñón de tu esposo o me lincha. Ahora si puede caminar y las probabilidades de que me asesine son mayores.

Joey rió con fuerza. Al parecer el carácter de su amigo seguía intacto. Más al pequeño niño entre sus brazos no le agradó mucho la idea de que su padre riera junto a aquel desconocido, por ello tapó rápidamente la boca del rubio, esperando que con eso bajaran del auto y buscaran a su otro papá.

-Bueno, pero ha estado usted particularmente extraño hoy, señorito Kaiba. ¿Qué sucede?. Cuestionó Joey, besando la mano y la mejilla del bebé que balbuceó alegremente por el acto.

-Creo que está celoso y no es para menos. Su padre es increíble. Añadió Deblin, sonrojando las mejillas blancas de su compañero.

-No diré adiós Duke, sino hasta pronto, pero apropósito¿qué tal con tú vida?.

El de cabello negro bajó el carrito de la cajuela y mientras lo depositaba en el piso, pensó en la pregunta.

-Bien. No me quejo. Tengo todo lo que deseo.

¿Todo?.

El ojiverde rió con fuerza.

-Bueno, aun no tengo pareja si a eso te refieres, aunque he mantenido comunicación con un chico de esta ciudad. Mañana nos conoceremos. Afirmó con orgullo y cierto nerviosismo, uno que al rubio le agradó.

-Esa son buenas noticias, Duke. Pero ya debo entrar o Seto mandará a la guardia nacional a buscarnos.

-Si, tu paranoico esposo es todo un caso psiquiátrico.

¡Oye!.

-Ya, como sea. Cuídate “perro con dueño” y cuida de esta preciosidad que algún día heredará algo de ti. Anunció, acariciando la mejilla del niño para después subir a su auto.

-Lo mismo digo. Te veré después.

Duke se despidió al estilo militar, arrancando su auto y perdiéndose por la ciudad.

Joey sintió felicidad por su amigo, cosa que se intensificó meses más tarde al enterarse de que el misterioso contacto del ojiverde era Aki Ezakiya. El de cabello platino había intentado al fin una relación con Nikki, pero la rubia había resultado demasiado intelectual y ajena a las relaciones, por lo que el muchacho había roto con la chica y buscado amigos por la red.

A Joey le parecía que ambos muchachos estaban perfectamente destinados y al mirarlos alguna vez sin que estos se percataran, el rubio constató una verdadera felicidad en ambos jóvenes.

Un final feliz para muchos, después de todo.

Ambos entraron en la mansión, la cual se encontraba bastante silenciosa.

-Buenas noches. ¿Cómo estuvo su paseo?. Inquirió el mayordomo recibiendo a los recién llegados.

-Bien, gracias. Touji se ha portado muy bien. Sonrió Joey, sosteniendo a su hijo para que el mayordomo guardara el carrito.

-La cena está lista, solo esperaremos al señor. Anunció el hombre despidiéndose después.

El rubio se encaminó a la pequeña salita de recepción a su lado y mientras su hijo se entretenía con una sonaja que él movía, miró la correspondencia, sonriendo ante una postal pintoresca, cuyo destinatario eran su esposo y él.

-Qué bueno que están bien. Sonrió Joey, mostrándole a su bebé el colorido paisaje citadino que la postal llevaba.

Minutos después arribó Seto, cuyo seño fruncido se evidenciaba realmente molesto.

-Hola. Murmuró Joey sin mucho esfuerzo.

El ojiazul viró y al mirar a sus soles su rostro cambió la mueca de fastidio por una de felicidad, por ello caminó hacia ellos y cargando a su hijo para después besar apasionadamente a su esposo, dio las buenas noches.

¿Cómo estuvo todo?. Preguntó, sin deseos de apartarse del rubio.

-Bien. Touji les encantó. Respondió el muchacho, orgulloso de su bebé.

-Claro, es un Kaiba. Su encanto es natural. Indicó el moreno, besando al niño que sonrió y buscó el calor de su padre de ojos azules.

El cuadro era perfecto para una pintura, eso mismo dio a conocer Mokuba, cuando momentos después apareció proveniente de su cuarto de juegos.

-Decidí venir hoy. ¿Cómo está mi sobrino favorito?.

Sin aviso previo el de cabellos negros arrebató al bebé de los brazos de su hermano y se lo llevó hacia el comedor, donde lo hizo reír a carcajada abierta.

-Ese niño. Musitó Kaiba con cansancio.

-Jovencito. Recuerda que está creciendo. Corrigió el rubio, ganándose un suave beso en los labios.¿Adivina quien nos envió una postal?.

-No se. Se rindió el moreno, pasando sus brazos alrededor de la cintura de su esposo.

-Louis y Maky. Comunicó con sonrisa brillante el de ojos castaños, mostrándole la colorida postal.

Seto la tomó, miró y leyó con detenimiento, sonriendo a las palabras que leía con entretenimiento.

¿Quién iba a imaginar que esos dos terminarían juntos?. Fue la pregunta de un Seto que terminó por dejar la postal a un lado.

-Yo no. Ninguno de los dos dio jamás muestra de que se gustaran.

-El amor está loco. Pero me da gusto que esos dos disfruten su vida, como nosotros lo hacemos.

Joey rió al susurro de su esposo, girándose para atrapar los labios delgados de un Seto Kaiba que imitó con amor la caricia amada.

Louis y Maky habían salido de vacaciones y como lo dijeran en la postal, se encontraban felices y enamorados.

Kaiba había sospechado en realidad la relación desde que un día entrando en el despacho de Louis, este se sonrojara ante la interrupción sufrida entre Maky y él.

Charlando con Joey al respecto, ambos acordaron darles al menos un poco de todo lo que ambos abogados habían hecho por los dos, obsequiándoles un viaje largo, donde seguramente estaban amándose al igual que ellos.

-Te amo, Joey. Susurró Seto una vez más, sabiendo que a pesar de decírselo constantemente, no era lo suficiente para expresarle al rubio su sentir.

-Y yo te amo también, Seto. No sabes cuanto.

Esa noche hicieron el amor, a pesar de que el cansancio dominaba sus cuerpos.

Se amaron solo como ambos podían hacerlo, expresándolo en cada gesto, en cada gemido, en cada llamado al dueño de su corazón, explotando al final en colores inexplicables que solo ambos podían compartir y descifrar por medio de caricias y besos de pasión.

-Quiero proponerte algo. Musitó Seto cuando hacía instantes habían alcanzado el orgasmo.

¿Qué es?. Cuestionó curioso el muchacho que bajo el peso cálido del moreno, miraba detenidamente las orbes azules que brillaban con especial motivación.

¿Quieres….casarte conmigo?.

Joey abrió los ojos grandemente hasta que una pequeña carcajada salió de su garganta.

-Seto, ya estamos casados. Recordó Joey tras besar brevemente los labios del moreno.

Más este negó rotundamente, acariciando la mejilla sonrosada del rubio, como lo haría con su hijo.

-Nunca te lo pedí apropiadamente, pero a pesar de estar casados, quisiera que lo estuviéramos no solo por la obligación de un contrato, sino porque yo lo deseo enteramente.

El rubio dejó que sus mejillas sonrieran con sencillez, para que sus ojos formaran la respuesta que el ojiazul con ansia esperaba.

¿Cuánto había cambiado Seto Kaiba?.

La respuesta era incalculable, pero Joey sabía que las cosas habían tomado un ritmo diferente desde la primera vez que puso un pie en aquella casa.

Angustia, sufrimiento, pena, dolor, felicidad al final, que en conjunto serían el pan de cada día, como en toda familia.

Un pequeño deseo lo había hecho continuar con vida y justo en ese momento en el que lamía el oído del moreno y daba su respuesta, no pudo dejar de agradecer a la vida por la dicha alcanzada.

-Me encantaría casarme contigo. Lo haría todos lo días hasta el fin de mi vida.

¿Hasta que la muerte nos separe?. Indagó el moreno con sonrisa en labios.

-Hasta que la muerte nos separe. Respondió Joey tras fundirse nuevamente en un beso pasional que solo había compartido exclusivamente con su esposo y único amor.

Por eso y mientras volvían a hacer el amor, una estrella fugaz cruzó el horizonte, dejando a la expectativa la emotiva vida que llevaría la pareja.

Un factor importante en toda historia de amor, pero que esta en particular, se formó muy Lentamente.

Fin


KATRINNA LE FAY


Bueno, hasta aquí es donde se supone que digo: Gracias por todo, pero como aun falta el Epílogo, entonces solo diré: Espérenlo

Ojalá les haya gustado el final y que lo planeado fuera una bonita sorpresa que a mi en lo particular me gustó.

Nos vemos pronto en el final definitivo, esperando algo mejor para ello.

Hasta pronto y gracias verdaderamente por todo