por Katrinna Le Fay

Serie: Yu-Gi-Oh!

Pairings: S/J

Category: Slash/Yaoi.

Raiting: G, R.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh!. Ellos pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Tiempo: Después del Torneo en Ciudad Batallas.

En calidad de Universo Alterno

And say I love you

Aki Ezakiya miraba detenidamente hacia su lado derecho, más específicamente a cierto joven rubio que tecleaba rápidamente lo que seguramente eran los trabajos pendientes por entregar.

Durante aquel mes el muchacho de cabello platino había visto al joven rubio trabajar cual desquiciado, reincorporándose a las clases y sobre todo retomando su antiguo ritmo de trabajo.

No era de su incumbencia nada de aquel asunto, pero debido a que los acontecimientos ocurridos semanas atrás eran de índole nacional y hasta internacional, no podía evitar mirar dentro de la vida del rubio y descubrir que desde su regreso sorprendente a la universidad, se le veía más sonriente y si, feliz.

No se había atrevido a hablarle directamente como en antaño. Por un lado por recomendación de la muchacha rubia de nombre Nikki, y por otra, debido a la vergüenza que sentía hacía si mismo por haber insultado al rubio de maneras impropias para un vocabulario decente

No había sido su intención insultar al rubio, pero cuando una persona, en ese caso él, se encontraba herido, existían motivos suficientes para validar sus acciones.

¿Estás en la tierra?.

El joven de tez blanca atendió a la voz a su lado, la cual y para su desgracia se trataba de Nikki.

-Ah, eres tú. Soltó al aire, dándole importancia nula a la presencia de la muchacha.

¿Esperabas a alguien más, Ezakiya?.

-Podría ser. Pero uno nunca está lo suficientemente preparado para enfrentarse a tan tremendo monstruo cuando se está ocupado pensando en cosas importantes.

La rubia hizo un mohín de disgusto, inflando sus mejillas cual pez globo.

-Tú comportamiento es horroroso. Pareces un niño pequeño haciendo berrinche.

¿Yo?. Indagó el muchacho con sorna.¿Qué me dices de tus mejillas infladas?. De haber sabido que podías hacer eso, desde hace tiempo te habría inscrito en un concurso de lo “extraño”.

Nikki se enfureció al extremo de golpear la mano de Aki, la cual permanecía sobre el teclado, provocando un ruido hueco y doloroso que todos sin excepción, miraron la escena.

-Practica de velocidad. Se excusó la muchacha, mientras todos retornaban a sus respectivas ocupaciones.

-Maldición. Murmuró Aki con dolor.- Me las pagarás.

-Eso te enseñará a ser más cortes con las personas, sobre todo con las chicas. Sonrió la rubia, regresando su atención al computador.

-Tú no eres una chica. Tú eres un monstruo. Añadió el de cabellos platinos, procurando revisar si su mano había sufrido algún “serio daño”.

Nikki dejó pasar el insulto. Ya había sido demasiado suplicio para el joven a su lado.

Ella en realidad no sabía el porque disfrutaba tanto del molestar a Aki Ezakiya. Pero le resultaba tremendamente agradable atraer su atención hacia ella.

Tal vez era simple pose histriónica o significara que en realidad el muchacho insoportable que continuaba murmurando maldiciones hacia su persona, le importaba un poco.

La rubia negó esta última opción, pero algo en sus pensamientos lo desmintió.

Le preocupaba mirar a Aki abstraído y serio. El muchacho de deslumbrante porte había nacido para exhibirse, no para rezagarse tras un pensamiento que ella perfectamente sabía lo que contenía.

En las últimas semanas el muchacho a su lado había permanecido con un carácter serio que en nada se acercaba siquiera al desinhibido que poseía.

Permanecía absorto en sus pensamientos y no había poder humano que hiciera a sus ojos mirara otra cosa o persona, que no fuera Joseph Wheeler.

Nikki miró de soslayo al aludido y lo encontró sonriendo, mientras tecleaba rápidamente los apuntes que ella amablemente le había prestado.

Dos semanas más y serían libres de aquella escuela. Al menos hasta que el siguiente semestre se presentara y con ello el término de una era. Al fin podrían egresar de la universidad y seguir caminos distintos.

Para la rubia este era su gran sueño, pero ciertamente el denominado “síndrome pre-salida universitaria” se ceñía a su corazón cual punzante daga.

Le dolía dejar a sus compañeros y amistades, pero sabía que todo era un curso natural en la vida y el que estuviesen lejos, no significaba que la amistad forjada durante cuatro años y medio se terminaría simplemente por la distancia.

Ella creía en la amistad y por ende, la defendía. Más había en ella otro factor que le impedía sonreír completamente a la idea de dejar la escuela, y eso era algo que aun no tenía muy en claro.

Con un poco de miedo guió su mirada hasta posarla en el muchacho atractivo a su lado, quien al parecer y con un poco de dificultad tecleaba también.

-“¿Será por él?”. Se preguntó por billonésima vez, dejando que su orgullo negara nuevamente la posibilidad.

¿Ya terminaste con eso?.

La rubia miró a Ezakiya y sin oponer nada le cedió su libreta de notas, mientras lo miraba teclear nuevamente.

Odiaba ser la única que ponía atención a los profesores y tomaba las notas debidas para posteriormente realizar programaciones.

Pero así era el ciclo: escribir-teclear-prestar-buenas notas gracias a ella.

¿A caso no era lo mismo en todo el mundo?.

Bufó un poco regresando a lo suyo.

-Me voy. ¿No gustan que los lleve?.

Nikki miró al rubio a su lado y denegó la oferta, tomando la libreta que el joven amablemente le devolvía.

-Gracias Nikki. Me has salvado.

-Un gusto poder ayudarle joven Wheeler. Respondió la muchacha, tratando de conservar su orgullo en donde estaba.

-Yo si me voy. Claro, si no tiene inconveniente de llevarme.

-Claro que no, por eso lo he propuesto. Sonrió Joey, mirando atentamente el asentimiento de cabeza de Aki.

-Solo permítame unos minutos más, casi concluyo.

-Te espero en el auto.

Después de eso el rubio se despidió de la rubia y salió del aula.

-Deberías decírselo. Aconsejó Nikki, cuando su mirada se posó en el inusualmente desolado Aki Ezakiya.

El de cabello platino salió de su ensimismamiento negando con la cabeza y regresando a su labor.

¿Por qué no?. No tienes nada que perder. Insistió la rubia, mirando aun a su compañero.

¿Estas loca?. Por supuesto que no lo haré. Si no lo hice hace cuatro años cuando lo vi por primera vez, no lo haré ahora que seguramente...

¿Qué seguramente qué?.

Aki no siguió conversando, sino que guardando su trabajo en un pequeño disco y se incorporó de su asiento.

-Te veré después, molestias.

¡Ezakiya!. Retó la rubia, mirando a su amigo caminar hacia la puerta.-Tonto. Concluyó al final, posando sus dedos sobre el teclado pero imposibilitada para escribir.

Sus pensamientos continuaban sobre el muchacho que acababa de salir.

No deseaba preocuparse demasiado, mucho menos reconocerlo, pero tenía que hacerlo pues aunque el de cabello platino le pareciera insoportable, una parte de ella se preocupaba al extremo y eso era inevitable.

Por otro lado Aki caminó aprisa hacia el estacionamiento de la Universidad, buscando con afán un pequeño auto rojo cuyo dueño seguramente le estaba esperando.

¡Por aquí!.

Escuchó que le llamaban, encontrándose con que en lugar de auto rojo y pequeño, Joey lo esperaba en un lujoso auto espacioso. Si no se equivocaba, en un Jaguar azul oscuro.

-Wow. ¿Cambió de auto?. Cuestionó el muchacho sin evitar un silbido de asombro.

-Digamos que lo tomé prestado el día de hoy. Respondió el rubio, abriéndole la puerta a su compañero.

Aki se introdujo sin evitar mirar el fino decorado interior.

Su padre, rico, tenía por afición coleccionar autos antiguos, por lo que era casi imposible mirar uno tan nuevo y lujoso como el del rubio en los alrededores de su mansión.

Él mismo conducía un pequeño BMW sin demasiado lujo. Mirar de cerca un auto como el del rubio, era asombroso para él.

-Podría jurar que si mi padre amara los autos modernos, este sería exactamente el que él elegiría.

¿De verdad?. Para mi es un tanto difícil conducirlo cuando he tenido algo más pequeño que esto. Sonrió Joey, saliendo de las instalaciones de la Universidad para entrar en la autopista.¿Y a qué se debe tú falta de transporte?.

-Está en el taller y a papá no le gusta prestar sus autos. Es todo.

-Comprendo. Sonrió Joey, procurando calcular la distancia hasta la próxima salida.

Por un momento ninguno de los dos muchachos argumentó nada, pero el copiloto pudo apreciar perfectamente el como su compañero sonreía de vez en cuando sin aparente explicación.

Sus ojos miraron sus manos, entre las cuales una sencilla mochila llevaba.

¿Sería bueno seguir el consejo que le diera Nikki?.

Ya antes había seguido muchos, entre ellos mantenerse al margen del rubio, pero en ese momento en el que sus manos sudaban y la nuca se le erizaba con tan solo respirar el mismo aire, dudaba un poco en decidirse.

¿Te ocurre algo?.

La dulce voz a su lado lo regresó a la realidad, denegando con una sonrisa brillante y sin preocupación.

-No, solo pensaba en lo cerca que estamos de terminara la universidad. Es todo.

-Si. Este semestre ha desaparecido rápidamente. Me alegro de ello.

Ni una palabra de depresión ni de sombra había en la voz o faz del rubio.

Seguramente esos días fuera de la sociedad y mundo le habían beneficiado en mucho.

Joey sonreía todo el tiempo y en el trayecto que llevaban, los labios del rubio no se habían permitido decaer como en otras ocasiones.

Si, Joey Wheeler ya no era el mismo, por consiguiente él, Aki Ezakiya debía terminar con lo que jamás debió de haber comenzado.

-Leí lo de su esposo, Joven Wheeler. Y me fue penoso saber que se encontraba delicado. Al parecer ha mejorado¿no es así?.

Joey se permitió perder la sonrisa por unos segundos, pero casi de inmediato volvió a evidenciarla en sus labios.

-No es secreto de nadie lo que sucedió. Seto es una personalidad pública y aunque la prensa fue mantenida al margen, era imposible que el mundo entero no se enterara de lo que sucedía en el hospital.

-Debió ser difícil para usted. Añadió Aki con cierta pena.

-Si. Bastante. Aseguró Joey, virando a la derecha antes que el auto a su lado.

¿Ya se encuentra mejor?.

-Si, ya está despierto y lucha por salir adelante.

-Yo...me refería a usted, joven Wheeler.

El rubio se sorprendió un poco, pero tan cordial como siempre, respondió con sinceridad.

-No estaré bien hasta que mi esposo no lo esté completamente. Pero al menos ya puedo respirar con más tranquilidad.

Aki percibió que la palabra “esposo” ya no era dolorosa de pronunciar por parte del rubio.

Antes, la sola mención provocaba un tumulto de emociones dentro de su compañero, el cual salía de ellas evitándolas o cambiando drásticamente de tema. Cosa que hasta ese momento no había sucedido.

-Le deseo que entonces lo que pide se realice lo más rápido posible. Usted merece...ser feliz con su esposo. Sonrió el de cabello platino o al menos lo habría hecho si el nudo en su garganta no resultara tan denso.

¿Te encuentras bien?. Hace días que te veo extraño Ezakiya.

-Claro. ¿Por qué habría yo de encontrarme mal?.

Joey, quien conducía no podía mirar perfectamente bien las facciones de su acompañante, pero lo que podía mirar de reojo le indicaba otra cosa, por ello al parar frente a un semáforo, se giró para enfrentarlo.

-Yo te conozco desde hace cuatro años Aki y no es fácil mentirme¿sabes?.

Pero también era la primera vez en cuatro años que Joey lo llamaba por su nombre y el muchacho no pudo dejar de emocionarse por ello.

-Estoy cansado. Es todo. Tal vez por eso ha notado mi cambio. Si es que lo hay. Indicó el muchacho, dejando que sus ojos miraran en el fondo de los castaños a su lado.

-Yo se que es algo más. ¿Tal vez demasiado estrés o...un corazón roto?.

Aki habría querido gritar que efectivamente de eso se trataba, pero desgraciadamente no podía y él más que nadie, sabía el porqué.

-Puede ser, aunque...últimamente no he buscado a nadie.

Joey hizo un mohín de desconcierto, pero tuvo que apresurarse a avanzar si quería ahorrarse el claxon de los autos tras de él.

-Si es eso entonces creo que no soy el más indicado para ayudarte, pero quiero que sepas que cuentas con mi total amistad. Si de algo te sirve.

-Gracias, joven Wheeler. Para mi es más que suficiente. Sonrió Aki, concluyendo con eso un ciclo que no podía ir más allá de lo mencionado por Joey.

-Por cierto¿a dónde vas?. Cuestionó Joey al recordar que no sabía el destino de su compañero.

-Oh, si, es verdad. En el parque estará bien que me deje. Sonrió el de cabello platino, recuperando parte de su encanto habitual.

-Bueno, al menos sonríes, eso es un avance.

-Si, creo que si. Aunque verlo sonreírlo joven Wheeler es aun mayor avance. Eso significa que tal vez todo se solucione pronto en su vida y me alegro mucho por ello. En verdad.

Joey frenó frente al parque, dedicándole a su amigo una sonrisa de gratitud.

-Por cierto, espero verlo con mayor ánimo en la fiesta de graduación o en su derivado, en la de fin de curso el próximo fin de semana.

-No creo poder asistir, pero tal vez envíe a alguien en mi representación. ¿Puedo confiar en ti para guiarle?. Indicó Joey tras una sonrisa cómplice.

-Si es amigo de usted, cuente con ello. Sonrió Aki, bajando del auto y despidiéndose de Joey, quien antes de hacerlo agitó la mano en modo de despedida.

-Al menos lo intenté. Suspiró el de platinos cabellos, colocándose la mochila al hombro para comenzar a caminar hacia ningún lugar en específico.

Sabía que enamorarse no era bueno, mucho menos si se trataba de alguien prohibido.

Jamás había antepuesto el sentimiento a sus diversiones, pero aquello se había presentado sin que se percatara y en esos momentos tenía que decirle adiós a lo que obviamente jamás habría podido ser.

Se preguntó si había hecho lo correcto en no decirle nada al rubio sobre sus sentimientos y terminó por asentir a ello.

Tal vez alguien, en todo ese inmenso mundo existía para él.

Pero aun era demasiado pronto para descubrirlo, por el momento se dedicaría a sanar de alguna manera, porque mientras Joey fuera feliz, a él le bastaba.

Joey terminó por estacionar el inmenso auto dentro del estacionamiento y tras salir y colocar la alarma, se puso en camino hacia el piso catorce, de aquella prestigiosa clínica.

Movió un poco la nariz, al parecer el perfume de Aki había quedado impregnado en el auto y tal como lo era su dueño, penetrante resultaba.

Un olor exquisito después de todo, pero que podía marear si se le olfateaba demasiado, por ello procuro entretenerse en otra cosa mientras el olor o el ascensor llegaban al piso indicado.

Pensó, como siempre, adentrándose en su situación actual, que parecía mágico el hecho de que en dos meses y medio su Seto se hubiera adelantado demasiado en las terapias.

Oculto, tras el espejo divisor, lo había visto batirse cada día por lograr superarse y sin duda había resultado algo bueno de tanto sacrificio y dolor.

Pero era Seto Kaiba y como tal...insuperable.

Al llegar al piso indicado, avanzó con entera confianza hasta una habitación por él conocida, por ello antes de entrar se aseguró que nadie lo veía para después introducirse completamente y mirar por el opaco vidrio frente a él.

No pudo evitar suspirar ante la imagen que tenía, un Seto esforzándose por mantenerse de pié sobre las barras paralelas que le ayudaban en las terapias.

El muchacho genio daba paso tras paso, uno más difícil que el otro, apoyando ambas manos en las barras y mostrando un verdadero dolor en sus facciones al momento de caminar.

Pero ni los fisioterapeutas ni el mismo doctor que atendía a su esposo flaqueaban en las instrucciones que obligaban al moreno a caminar aun más y cada vez con menos posibilidades de avanzar por el dolor punzante que el muchacho evidenciaba en su faz.

Más Seto no era cualquier muchacho, por ello el equipo de terapia lo apoyaba en cada uno de sus movimientos, recordándole también que podía detenerse cuando lo quisiera. Ya demasiado había logrado avanzar en esos meses como para no decirlo.

Joey mordía con fuerza su labio inferior ante la impotencia que era para él permanecer oculto tras aquel espejo.

Seto le había dicho que no quería verlo en las terapias y que debía regresar a la universidad, tal y como el rubio lo había hecho ya.

El de ojos castaños no se sentía rechazado, simplemente entendía que el orgullo de Seto, pisoteado en los momentos de comenzar la terapia, era mucho más importante de preservar que su presencia al lado del genio.

Pero pese a toda orden de su esposo o de los doctores, él estaba ahí, tras aquel ventanal, apoyando moralmente cada cambio, cada tropiezo y cada gesto de dolor que era suyo también.

Pero a pesar de eso siempre se sentiría impotente, pues él deseaba hacer más que observar a su esposo y verlo sufrir.

-Yo se que puedes Seto, yo lo se. Murmuró, mirando como el castaño concluía con el ejercicio de ese día y se disponía a ser depositado nuevamente sobre su silla de ruedas. Aquel aparato que para el genio era un suplicio y deshonra.

Joey se apresuró a salir de la habitación y encaminarse hasta la sala de espera, donde minutos después se reunió con él uno de los doctores encargados de la supervisión del castaño.

¿Tiene mucho esperando?.

-No, recién llegué. Mintió el rubio, esperando que la palidez de su rostro hubiera desaparecido por completo.

-Bien. Solo quería informarle que la terapia de hoy ha concluido y que los avances del Señor Kaiba han sido muchos.

¿En verdad?. Preguntó el rubio fingiendo demencia. Sabía que si descubrían que observaba, probablemente le restringirían incluso la espera de su esposo en la sala.

Ordenes eran órdenes.

-Si, hoy fue un gran día. Concluyó el trayecto indicado con una gran fortaleza y decisión.

Si el Señor Kaiba continua así, no dudo de que muy pronto volverá a caminar otra vez.

Los ojos castaños brillaron con emoción y esperanza. Al fin y después de meses de incertidumbre, encontraba una buena noticia.

-Me despido entonces y nos veremos pasado mañana.

¿Perdón?. Inquirió Joey desconcertado. Las terapias del genio eran diarias.

-Después de este gran esfuerzo no podemos darnos el lujo de que su esposo flaquee, por ello es recomendable que pase al menos un día.

En realidad no quiero forzarle demasiado y si miró bien, creo que comprenderá a lo que me refiero.

-Si, fue un poco doloro…

Lo habían descubierto, pero la sonrisa cómplice del médico le hizo respirar con tranquilidad.

-No podía quedarme aquí esperando solamente. De alguna manera necesitaba sentirme unido a él. ¿Comprende?.

-Perfectamente Señor Wheeler y por mi parte no sucedió nada. Guiñó el doctor.

-Gracias. Sonrió el rubio, mirando alejarse al hombre.

Pensó que en esos momentos difíciles le habían tocado excelentes profesionales y amigos.

Lo agradecía infinitamente.

Unos momentos después pudo escuchar el casi imperceptible sonido de unos pasos y un chirrido de algo rozar con el piso.

Evidentemente la silla de ruedas de su esposo, así que antes de decir nada dibujó en su rostro una gran sonrisa, procurando que así lo encontrara el moreno al llegar junto a él.

¿Cómo te fue?. La pregunta diaria y necesaria para que el moreno saliera de sus cavilaciones, que seguramente continuaban siendo pensamientos deprimentes hacia su persona.

-Bien. La tajante respuesta monótona que indicaba que Seto Kaiba se encontraba mejor.

¿Nos vamos entonces?. Invitó el rubio, agradeciendo al enfermero que empujaba la silla de su esposo.

El genio asintió sin mirar al rubio, por lo que al instante se dirigieron hacia el ascensor de donde salieron minutos después al estacionamiento.

El fornido hombre que empujaba la silla, ayudó al magnate a subir al lujoso y espacioso auto, por lo que después de doblar la silla y colocarla en la cajuela, se retiró con una especial sonrisa al rubio que siempre agradecía las “molestias”.

-Bien, he de decirte que aun no me acostumbro a esta inmensa máquina, pero al menos ya no desvío el volante hacia los postes de luz. Rió Joey, encendiendo el auto y poniéndose el cinturón de seguridad.

-Lo que me faltaba, que choquemos de nuevo.

-Si, eso y que ahora sea yo el inútil.

-Eso sería todo un espectáculo de ver.

¿Verdad?.

Joey salió del hospital con una sonrisa en labios, mirando de soslayo que el moreno tenía una idéntica en su estoico rostro.

Conversaciones como la anterior, eran el pan dulce después de las terapias.

Kaiba necesitaba recordar quien era y también lo que era.

Difícil resultaba mirarse “inútil”, por lo que “discutir” con su esposo era la cura inmediata que necesitaba para recuperar su casi perdida dignidad.

Por otro lado el rubio accedía a la parodia de riña que llevaban a cabo, recordándose así mismo que era lo más grande y suficiente que podía hacer en esos delicados momentos por su pareja.

Al fin de cuentas, algo muy grande.

Por unos momentos nadie converso, solo hasta que el sonido de alguien olfateando se escuchó entre casi tanto silencio.

¿A qué huele?.

¿Mmm?.

-Huele extraño. ¿No eres tú, verdad?. Inquirió el moreno, mirando al conductor que negó con la cabeza.¿Entonces que es eso?.

Joey frunció el entrecejo y después abrió los ojos, como quien recuerda algo de suma importancia.

-Ah, ya sé. Ezakiya dejó su esencia. Creo que en ocasiones vierte sobre él la botella de colonia. Rió Joey, recordando que hacía escasos minutos su compañero de Universidad había estado en ese mismo auto.

¿Ezakiya?.

El tono molesto de la cuestión erizó los cabellos de Joey.

¿A caso jamás le había hablado a Seto de Aki Ezakiya?

Recordó que no.

-Un compañero de Universidad. Sonrió Joey, esperando que su rostro no mostrara su nerviosismo.

¿Un compañero?.

¿Era la imaginación de Joey o su esposo se escuchaba demasiado suspicaz?.

-Si, va en mi mismo curso. Tiene su auto en el taller y me ofrecí a llevarlo.

-Ah, vaya, ahora mis autos hacen la función de taxis. Fantástico.

Si, Seto estaba enfadado y no precisamente con Joey.

-No te enfades. Fue una cortesía. Aki ha sido…

-Ah¿ahora es Aki?. Que confianza con tus compañeros. Inquirió el moreno, que había desviado sus ojos hacia la ventana.

-Hee…¿estas molesto porque soy buen amigo?. Caramba, habérmelo dicho antes y mejor traigo mi auto. Respondió el rubio que había disminuido un poco la velocidad.

-No, no estoy molesto¿quién lo dijo?. Además¿por qué debería de estarlo?. Eres libre de hacer lo que se te plazca, inclusive de subir a estúpidos y llevarlos a donde quieran.

-Seto…

-Nada de Seto, no estoy enfadado, no lo estaré y fin de la conversación.

Joey habría reído de buena gana, pero logró recuperarse y continuó conduciendo, no sin sentirse un tanto importante.

Kaiba se había molestado porque hablaba con demasiada confianza sobre uno de sus compañeros.

¿Sería verdaderamente la razón de “Taxi” que el moreno había puesto o se trataban de celos?.

La faz del rubio se encendió con fiereza y su corazón latió un poco más deprisa.

Reconocer que Seto estuviera celoso de él significaba demasiado para si mismo.

No podía asegurar nada, pero la sola idea lo hacía sentir muy importante no solo para Seto sino para los posibles sentimientos que el moreno pudiera tener hacia él.

En verdad que ese día había sido magnífico.

Ninguno de los dos volvió a decir palabra, por lo que al llagar a casa y mirar a Seto, este se encontraba enfrascado en sus pensamientos, que consistían en averiguar sobre el susodicho Aki Ezakiya.

-Llegamos.

-Perfecto. ¿Quieres que baje?. Inquirió aun molesto el moreno.

-No.

¿Y qué esperas entonces?.

Joey sonrió un poco, llamando al joven muchacho que asistía al jardinero de vez en cuando.

El rubio reconocía que la falta de alimentación y cuidado en su persona había propiciado un poco de debilidad en él, por ello requería de ayuda para trasladar a su esposo.

En ocasiones se sentía inútil, pero en otras la mirada consoladora del moreno le regresaba el ánimo al cuerpo.

-“Cuídate más”.

Era todo lo que Kaiba le decía y él perfectamente entendía que en realidad no era inútil.

El joven ayudante depositó el cuerpo de su patrón sobre uno de los sofás de la sala, retirándose ante la amable indicación del rubio.

-Ya estamos aquí. ¿Qué deseas hacer?. Cuestionó el rubio tras sentarse cerca de su pareja.

-Tráeme el computador y déjame solo. Ordenó el moreno, dispuesto a investigar la identidad de aquel que se había atrevido a acercarse a su esposo con tanta confianza.

Joey suspiró e hizo lo que le pedían. Después de todo ya se le pasaría el enfado al ojiazul.

-

-

-Eso sería todo lo que necesitamos para promocionar su proyecto al Señor Kaiba. Si me da unos días, yo mismo se lo mostraré…………No, no estoy seguro aun de que vaya a aceptarlo, pero dado que últimamente el Señor Kaiba se encuentra fuera de la empresa yo…..si, si, comprendo perfectamente lo que quiere decirme, pero es una posibilidad y un riesgo que debe de correr si desea que él se enfoque realmente en lo que usted ofrece a KC…..bien, estaremos en contacto entonces.

Louis colgó, colocando inmediatamente en su agenda un gran recordatorio sobre lo que acababa de tratar por teléfono.

Era ya un hecho que él se estaba haciendo cargo de la empresa de su jefe debido a los acontecimientos que se situaban al rededor de este.

Si Louis hubiera sido otra persona, desde hacía mucho que habría intentado una estrategia para que KC pasara a sus manos.

Pero el respeto y la amistad que lo unían al dueño de aquella empresa no podían permitirle mirar de otra manera que como ayuda, a lo que hacía.

Habían pasado varios meses desde que todo aquel imperio comenzara a estabilizarse, después de que el mismísimo Seto Kaiba había mandado un video anuncio a todos y cada uno de sus empleados.

KC dependía totalmente del genio que la sostenía, pero tras el accidente de este y su ausencia, la corporación dependiente de un hombre, comenzaba a volar por si misma y gracias al trabajo de equipo que había funcionado a la perfección.

Louis pensaba que después de que el moreno regresara a tomar el mando de todo, se llevaría una sorpresa y porque no decirlo, la idea real de que un solo hombre ya no bastaba para guiar por completo a una empresa cada vez más autónoma.

Kaiba siempre sería el dueño y cabecilla, pero al menos podía comenzar a tomarse la vida con menos presión.

El abogado oprimió un botón y la secretaria de su jefe se presentó en el acto en el privado.

¿Me llamabas?.

-Si¿podrías enviar estos documentos a Control de Sistemas?.

-Por supuesto. Sonrió la muchacha, alegrándose de ser más útil que solo responder y negar llamadas.

-Gracias.

Louis regresó a lo suyo, pero no se percató de que la secretaria continuaba en su lugar.

¿Puedo hacerte una pregunta?.

-Adelante. Añadió el abogado tras sobresaltarse un poco.

¿Sabes si Maky regresará por aquí?. Desde hace dos meses que dejó de venir a la empresa. ¿A caso el Señor Kaiba presidió de sus servicios?.

Golpe bajo, pensó Louis tras dejar de escribir y mirar a la muchacha que aguardaba una respuesta.

-No lo se y puedo decirte que Maky no trabajaba para el Señor Kaiba, si a eso te referías.

¿No?. Bueno, solo lo pensé. Pero es que…

-No quiero ser grosero, pero esos documentos son importantes.

La muchacha entendió la indirecta, por lo que se apresuró a salir del privado.

Louis suspiró tras haberse cerrado la puerta y después de eso cerró los ojos.

Llevaba exactamente dos meses haciéndose a la idea de que Suichi no regresaría y en ese momento alguien se lo recordaba.

-No es justo. Se dijo, tras dejar salir el aire de sus pulmones con un poco de fuerza.

Louis entonces ocultó su rostro tras sus manos y pudo permitirse un momento de debilidad, en el que sus emociones se filtraron por sus facciones y los gestos de dolor tomaron la delantera de la rigidez.

Jamás se había sentido de tal manera, pero tampoco jamás nadie lo había abandonado de esa forma.

-No me abandonó. Ni siquiera éramos nada. Añadió en voz alta, como queriendo constatar una vez más que no estaba soñando.

Suichi Maky había abandonado Domino City hacía dos meses, argumentando solucionar el problema con su “nuevo empleo” y el asunto con el testamento.

Louis había accedido a ello, pero tras largos días en espera su esperanza de ver regresar al hombre de gafas había decaído al punto de procurar olvidar lo que evidentemente jamás sería.

Pasó una mano por sus cabellos, en señal de ansiedad y desesperación.

Le quería, quería a Suichi como jamás había querido, cosa que en ocasiones le hacía pensar si sería en realidad amor lo que sentía.

La respuesta era afirmativa, pero obviamente él ya no podía hacer nada al respecto.

Años había luchado contra la obstinación de Seto Kaiba, para ser él mismo quien no siguiera tampoco sus consejos.

Había perdido a la persona amada y en realidad no estaba seguro si culparse o seguirse lamentando por no haberle jamás dicho al hombre de anteojos y ojos melados, que se había enamorado perdidamente de él.

-Solo era un si o un no. ¿Era a caso tan difícil de decir?. Se preguntó, obteniendo un monótono no por respuesta.-Ahora seguramente está con la madre de su hija, rehaciendo su vida y olvidándose de mi…Oh, vamos Louis¿a quien tratas de engañar?. Él no va a olvidarte porque jamás te quiso. Siempre fuiste solamente un amigo y…nada más.

Su voz decayó cual si fuera eco lejano, no pudiendo ocultar los rastros de dolor que nuevamente se sumaban a lo que trataba inútilmente de olvidar.

-Jamás sabré si era yo algo más para él o si llegó a apreciarme solamente como amigo. Bueno, debo terminar con todo esto y no lograré nada lamentándome día tras día. Si otros han conseguido salir de circunstancias similares¿por qué yo no?.

Era el ánimo diario, para después tratar de ocupar su mente en lo que fuera que le ayudara a olvidar a Suichi Maky o al menos sacarlo por unos minutos de su mente y corazón.

Pero lo que Louis no sabía, era que alguien, a muchos kilómetros de Japón, también se lamentaba las decisiones que había tomado para “bien”.

¿Te sientes bien?. Hace días que te noto distraído.

El tono de voz dulce a su lado, le indicó que “ella” había llegado.

-Nada, solo pensaba.

¿Y pensar requiere de suspiros y movimientos desesperados de cabeza?.

Suichi sonrió, denegando la opción que le habían ofrecido.

A pesar de todo debía reconocer que “ella” era bastante sensitiva.

-Es solo que aun pienso en algunas cosas que dejé sin concluir. Es todo.

-No es bueno dejar así las cosas. Con el tiempo pueden tornarse o dolorosas o imperdonables. Ejemplo viviente somos tú y yo.

El de anteojos sonrió, mirando los ambarinos ojos de la joven a su lado, que resultaba ser la madre de su querida “Aura”. Una niña encantadora que había heredado de él más de lo que muchos esperaban.

¿Qué es lo que realmente sucede, Suichi?.

-Nada, ya te dije que…

-No es fácil engañar a alguien que huyó toda la vida de sus problemas. ¿Crees que de esa manera se irán?.

-No, claro que no.

¿Entonces?. Inquirió la bella muchacha, que en ese momento lucía un traje sastre con el logotipo de una conocida empresa europea.

-Yo…nada, es solo que no puedo decidirme.

La joven sonrió y palmeó fraternalmente el hombro de aquel que debía ser su esposo, pero dada la vida, no lo sería. Solo un buen amigo con el que por fin había limado asperezas.

¿Sabes cuantas noches pasé en vela por la acción tan despreciable que hice?. Muchas y me arrepiento severamente de haber huido de Japón con nuestra hija. Pero el pasado no puede cambiarse, pero si el futuro y el presente.

¿Por qué no piensas mejor las cosas y elijes, por primera vez lo mejor para ti?.

-No es tan fácil Alina, no lo es. Añadió el hombre con un toque de desesperación.

La mujer entonces se inclinó, quedando de frente al de anteojos. De esa manera buscó adentrarse en los pensamientos del abogado, los cuales encontró sin muchas barreras de por medio.

-Oh, Suichi, cuanto lo siento. Si me hubieras dicho antes de lo que se trataba todo esto, jamás te hubiera insistido para que vinieras ha…

-No, lo hice por mi mismo. Ya demasiados años pasé lejos de Aura como para regresar a la sombra. Esta decisión la tomé yo y nadie más. Añadió el abogado, acariciando la mejilla de la joven frente a él.

Alina, una mujer diferente a la que Suichi recordara, le sonrió con ternura, para después abrazarle.

Durante su juventud, ambos habían buscado una manera sencilla de salir de sus problemas y la habían conseguido uno en brazos del otro, hasta que un hijo de por medio hubo y la Alina del pasado, demandante e infantil, había chantajeado a un desconcertado Maky para casarse con ella.

La vida los separó para bien, después de que el abogado se negara al matrimonio y la joven de ambarina mirada hubiera realizado un viaje sin retorno, pero al mismo tiempo había madurado y eso era lo que en esos momentos demostraba.

Había pedido a Suichi que se quedara con ella por sus referencias profesionales y dejando de lado su comportamiento añejo.

Maky había dudado, retornando a Japón y regresando meses después para aceptar el puesto que le ofrecían dentro de la empresa, con la facilidad de regresar a su antiguo trabajo que con esfuerzo había logrado ganar del bufet de abogados ex perteneciente a Gozaburo Kaiba.

Suichi había conocido a su hija, una linda niña de cabellos negros como los de su madre, pero de ojos melados como los suyos. Risueña y graciosa, que había recibido a su padre con los brazos abiertos.

Más en lugar de felicidad, los ojos del abogado denotaban tristeza, evidenciando que en realidad no era feliz.

Alina entonces comprendió el motivo y cada día alentaba a Maky a partir y buscar su verdadero destino, jurando jamás volver a apartar a su hija de su lado.

Más la obstinación del hombre era grande, por lo que nada había conseguido hacerlo desistir de su necia idea de quedarse pese a todo. Tal vez hasta ese momento, cuando Alina le habló al oído, solo a él.

-Ve con esa persona Suichi, ve, ámala y se feliz como siempre debiste de haber sido.

Corre hacia los brazos de esa persona y dile que la amas como jamás has amado a nadie más.

Date la oportunidad de experimentar el amor con cada una de sus palabras y viaja a través de lo que el corazón y sentimientos te digan.

No lo pienses demasiado, porque quizá mañana sea demasiado tarde para rectificar el camino.

No pierdas tiempo.

Después la mujer besó su mejilla y salió de la habitación, dejando que la mente de Suichi Maky pensara en lo mejor.

-Louis. Musitó Suichi, sintiendo el corazón latir deprisa y esbozando, por primera vez en varios meses, una sonrisa verdadera.

Tal vez Alina tenía razón y aun era tiempo de rectificar.

¿Qué podía perder?.

Él confiaba en que sus sentimientos eran correspondidos y tal vez después de mirar los negros ojos de Louis y besarle hasta que el alma se escapara, podría ser realmente feliz, como él tanto lo deseaba.

-

-

Yami caminaba despacio por la ciudad, contemplando los aparadores y mirando alguna que otra cosa que llamara su atención.

El mundo actual le parecía una cosa fascinante, por lo que siempre que podía realizaba pequeños paseos para contemplar lo que en el antiguo Egipto no podía siquiera imaginar que existiría.

Una pequeña cajita llamó su atención, la cual llevaba incrustadas piedras preciosas provenientes, si mal no recordaba, del Cairo.

Tal vez eso sería un obsequio perfecto para su Yugi, el cual había sacado notas sobresalientes en su trabajo y claro, lo que había provocado que varias agencias publicitarias se fijaran en él y en sus diseños.

El ex faraón estaba sumamente orgulloso de su novio y podía expresarlo al mundo entero, si las mejillas de Yugi no se sonrojaran con pena.

No dudó más y compró la cajita, la cual le serviría perfectamente para el regalo que tenía planeado hacerle desde hacía unos meses.

Todo a su alrededor estaba tranquilo.

Joey y Kaiba salían a delante de la lesión de este último y cada vez que la prensa lograba fotografiarlos de in fraganti, se les veía más unidos que nunca.

Él era tal vez el más gustoso de ello, porque de esa manera comprobaba una vez más que el amor elije y no abandona, como le habían enseñado con un poco de esfuerzo.

Sin percatarse, chocó con una figura que de inmediato se excusó por su torpeza.

¿Deblin?.

-Yami. Hola. Saludó el de mirada verde, procurando imprimirle una sonrisa a su saludo.

-Hace tiempo que no te veía¿cómo has estado?.

-Bien, si se puede decir. Respondió el de estrambótica apariencia, llevándose consigo el premio al mejor actor.

¿Te gustaría que charláramos?. Claro, sino tienes prisa.

Duke lo meditó un poco, para terminar asintiendo a lo que el ex faraón le proponía.

Terminaron entonces conversando en una pequeña cafetería no lejos del gimnasio del de zarcillo, el cual y al parecer no tenía demasiado ánimo para hablar.

¿Qué ocurre Deblin?. No sueles ser así de meditabundo.

¿No, verdad?. Creo que el amor cambia a las personas.

-Ah, ya veo. Murmuró el de cabellos de colores.¿Así que se trata de Joey?.

¿Joey, no, no, claro que no es solo que…si, de él. Finalizó el de ojos verdes, tras la mirada acusadora de Yami.

¿Y se puede saber lo que sucede?. No es secreto, al menos para mí, que te enamoraste de la persona menos conveniente y creo saber lo que te ocurre. ¿Es por Kaiba, no es así?.

-Vaya, deberías trabajar de clarividente. Bromeó Deblin, haciendo sonreír un poco a su acompañante.- Pero en realidad es sobre todo. No exclusivamente de ese cabeza fría.

-Habla, te escucho.

Duke no sabía por donde comenzar. Yami era el indicado para ello, pues el muchacho jamás violaría la confianza que depositaban en él, entonces¿por qué le costaba tanto hablar?.

El del zarcillo terminó por ceder a sus resistencias, pensando que sería lo mejor.

-Es solo que no me acostumbro a la idea de que no pude ganar su corazón. ¿Sabes tú cuanto hice para ello?.

Hice lo impensable, pero obviamente jamás podré separarlo de ese papanatas en silla de ruedas. Rió, más con tristeza que por diversión al apodo.

-Lo siento Duke, en realidad debe ser difícil para ti superar esto.

-Ya lo haré, de eso no hay duda. Afirmó el de cabello negro.

-Si, pero lo harás y verás que en realidad Joey no era para ti.

A toda respuesta Deblin solo suspiró, sonriendo con ironía y un poco de dolor.

La vida era un poco injusta en ocasiones, pero en realidad así tenía que ser. Tal vez más pronto de lo que pensaba conseguiría a alguien que arrancara de su corazón al rubio de apellido Wheeler.

¿Te encuentras mejor ahora?.

-Si, estoy mucho mejor. Tal vez solo me hacía falta hablarlo con alguien.

-Sabes que estaré cuando me necesites.

-Gracia Yami, pero ahora debo irme. Dentro de unos días saldré de la ciudad, a promocionar uno de mis nuevos proyectos. Me alejaré y….despídeme de todos¿quieres?.

-Claro, lo haré con gusto. Sonrió el ex faraón en una muestra de apoyo y amistad.

Más tarde ambos continuaron con su camino, recordando siempre este pequeño tramo que los llevó a apreciar lo que tenían y a buscar, con paciencia y resignación el destino de la vida.

Después de todo la vida está llena de sorpresas y no todos los finales son tan felices.

Dos meses después, Joey aguardaba sentado en las escaleras a que su esposo, el últimamente distante Kaiba, le permitiera entrar en la habitación que habían acondicionado para las terapias del moreno.

Joey no sabía que pensar ya.

No había indicios de que lo que Seto fuera a comunicarle, ni siquiera si se trataba de algo bueno o malo, pues el carácter reservado del moreno había regresado. En menos cantidad, pero evidente.

Suspiró una vez más.

Era Domingo y se sentía un tanto desolado de estar ahí, aguardando las “órdenes” de su esposo.

Ya no tenía caso que pensara en las mil probabilidades que su cabeza maquinaba cada minuto hacia las palabras que muy pronto escucharía de los labios del moreno.

Estaba preparado para todo. Sabía que había dado lo mejor de si y en realidad la satisfacción de haber ayudado al amor de su vida le quedaba como pago.

Si Seto le ordenaba que se fuera de la mansión, lo haría, después de todo cada día sabía que su estancia era provisional, al menos hasta que su genio esposo recuperarse su confianza y carácter.

Si le gritaba, estaba preparado. Al fin y al cabo ya nada podía empañar en pequeño brote de felicidad que había existido en su vida.

Si…acalló sus pensamientos una vez más, deseando de todo corazón que nada de lo que sospechaba se hiciera realidad.

Antes del nuevo alejamiento del moreno, las cosas habían marchado bien entre ellos.

El millonario continuaba con sus terapias y Joey, ahora en casa de tiempo completo, le animaba con su usual carácter y un poco de altanería, esa que el genio necesitaba para no hundirse.

Pero al paso del tiempo, analizándolo más detalladamente, esos días. El genio había comenzado a comportarse con un poco de irritabilidad y lejanía, indicador probable de que su carácter estoico estaba regresando.

El rubio prefirió no prestarle demasiada atención a ello y se hizo a la idea de que debido a los cada vez más difíciles ejercicios en las terapias de recuperación, era que su esposo actuaba fríamente.

Pero en ese momento, a escasos pasos de una puerta cerrada, ya no podía albergar esos pensamientos tan tontos.

-Tal vez regresará a trabajar. Se dijo, recordando que el genio se había obstinado en salir de la mansión, argumentando no sentirse listo para encarar al mundo.

El rubio adivinó el orgullo y él no rebatió la posibilidad, por lo que suspirando sonoramente aguardó unos minutos más hasta que la puerta se abrió y el siempre refinado mayordomo le indicara que podía entrar a la habitación.

¿Sabes que quiere decirme?. Cuestionó el rubio a un hombre que negó con la cabeza.

Así que después de eso la puerta de madera se cerró tras Joey, dejándole por visión una habitación provista de aparatos de ejercicio, barras paralelas y unos cuantos espejos, que conformaban el área de rehabilitación privada de Seto Kaiba.

-Bien, aquí estoy. Indicó Joey con un rastro de sonrisa, que más pareció nerviosa que agradable.

Pero Seto simplemente lo miró desde su lejana posición, sentado aun sobre su compañera silla sin emitir sonido alguno.

El rubio comenzó entonces a sentir un poco de miedo y porque no decirlo, ansiedad ante la espera.

-Yo…no se que vayas a decirme, pero si es acerca de mi posición en esta casa, puedo decirte que…estoy preparado para lo que sea.

¿Así que estás preparado para lo que sea?. La pregunta irónica del moreno, enchinó la piel de un Joey que asintió con temblor en el cuerpo.

Había regresado el terror y la sensación sofocante a su pecho.

¿A caso las cosas iban a regresar a lo que antes del accidente habían sido?.

Joey pensó afirmativa la respuesta, por lo que bajando la mirada, guardó sus lágrimas para más tarde. Cuando se encontrara solo y lejos de Seto Kaiba.

El genio por el contrario continuó mirado al rubio que de pie y con cabeza gacha esperaba cualquier cosa que él dijera.

Le había anunciado por la mañana, en un tono demasiado imparcial, que requería su presencia en esa habitación.

Más no había dado hora, e intuía que Joey había permanecido fuera de aquel lugar bastante tiempo.

Y así, como pensaba esto, no pudo dejar de sentir tampoco que algo en su corazón se abría cual flor floreciendo y sin que el deprimido rubio le mirara, sonrió con veracidad y confianza.

¿Cuánto había pasado desde el accidente?.

Varios meses y el muchacho frente a él jamás lo había abandonado.

Era tiempo de decirle lo que realmente pensaba al respecto y claro, derrumbar cualquier pensamiento que hubiera formulado su cabeza pues ninguno se acercaba siquiera a lo que continuación él diría o mejor dicho, demostraría.

-Joey. Llamó con seriedad.

El aludido elevó el rostro, tratando de que sus temblores no se evidenciaran demasiado.

-Te llamé solo por una razón y ha llegado el momento de hacértela saber.

Tono indiferente y decisión en la mirada azul, dieron como resultado que Joey tragara fuerte y con dificultad.

Más al esperar una oración que aludía a su condición de “arruina todo”, se conformó con un silencio largo y con la imagen que a pesar de todo rompió con todas sus expectativas para ese momento.

Su boca se abrió levemente y las lágrimas comenzaron a fluir por si solas de los castaños e impactados ojos de Joey Wheeler.

Frente a él y con un poco de esfuerzo, Seto Kaiba tomaba un bastón negro y comenzaba a levantarse de la silla que había sido su calvario personal durante varios meses.

El moreno comenzó entonces a caminar despacio, lentamente, mostrando que aunque aun necesitara de un objeto para sostenerse en pie, había logrado alcanzar lo que nadie auguraba como cierto. Al menos no en tan pocos meses después de tan terrible accidente.

Avanzaba con la cabeza erguida y cojeando un poco al acostumbrarse al sólido piso y a la idea de que las barras no estaban más a su alcance.

Era como mirar caminar a un niño que recién comenzaba a hacerlo, con traspiés y dificultad, tanteando la seguridad de pararse por primera vez en dos pies y sabiendo que podía lograr avanzar sin necesidad de papá o mamá.

Joey tapó su boca, reprimiendo un grito silencioso que solo provocó que su faz blanca, pálida se tornara.

¿Estaba a caso viendo una visión?.

Su Seto caminaba y avanzaba hacia él, con la mirada fija en sus ojos y el brillo de decisión que el moreno siempre imprimía en sus proyectos.

¿Así que…estabas preparado para todo?.

La gruesa voz cansada del genio le pegó de lleno a los sentidos de Joey, que por varios minutos no supo que hacer.

La impresión recibida era grande. Comparada tal vez con la noticia que meses antes le había destrozado el corazón a saber a su amor accidentado.

Joey no podía creerlo y se negaba a hacerlo, aun después de que el genio se situó frente a él, a escasos milímetros de distancia, con su figura elegante y el logro en las facciones.

-Yo…yo….

Mudo, no sabía que decir.

-Siempre tan elocuente con las palabras, Wheeler. Medio sonrió el moreno, acercando su mano libre al rostro del rubio, para apartar unos cuantos mechones que habían caído sobre la delicada faz.

El de ojos castaños tembló ante el contacto, despejando su cuerpo del miedo y remplazándolo por sensaciones cálidas y si, de amor.

-Seto. Susurró, tras atreverse a tomar la mano que le acariciaba y verter un par de lágrimas más sobre sus mejillas.

-No llores. Dijo el moreno en el mismo tono bajo.¿Para que lo haces?. Cuestionó como si la acción realizada fuera incomprensible para él.

-Es que…yo…yo….

Y sencillamente Joey no dijo nada más. No solo por su escaso vocabulario en ese momento, sino porque los labios del que era su esposo le robaron un beso cálido y sincero, muy diferente al que en otra ocasión le fuera arrebatado.

Una pequeña caricia que hizo a ambos cuerpos temblar y saborear la esencia que en ese momento se antojaba simplemente deliciosa y necesaria para culminar con tan amargo y difícil tramo.

Sin más que pensar o añadir, la mano libre del moreno descendió hasta la cintura del rubio, obligando al cuerpo tembloroso de este a cerrar completamente la distancia que los separaba y ahondar con esta acción, el beso que merecidamente se hizo profundo y apasionado.

Ambos labios danzaban al mismo ritmo, mientras las lenguas quietas, pero expectantes, aguardaban un permiso para entrar en acción y no solo acariciar, si no devorar lo que entre sueños solamente habían hecho mil veces.

-Seto. Murmuró Joey sobre los labios del moreno, quien completamente entregado al beso solo pudo morder un poco el labio superior de su pareja y obligarlo a retornar a la tarea de mitigar la sed que durante años habían sufrido sin siquiera llegar a reconocerlo por completo.

El rubio así lo hizo, acariciando los cabellos castaños, así como el cuello de un hombre que tembló y degustó la suave y sencilla caricia que para una persona como él, de carácter y convicciones firmes, resultaba totalmente desconcertante pero agradable.

A Seto jamás nadie lo había besado o acariciado de esa manera. Ni siquiera los amantes que mil veces buscó para aparentar fortaleza.

En ese momento y tras un permiso especial que sus lenguas aprovecharon, Seto Kaiba aceptó que no había vuelta atrás y que a partir de ese momento las cosas darían un gran giro.

Joey por el contrario disfrutaba enormemente lo que durante años había deseado.

Un beso apasionado y dulce de labios exclusivos del hombre que había aprendido amar sin importar las diferencias que los podían separar.

Y antes de que ambos se entregaran a los besos que le seguirían a aquel primero y de recuperarse tal vez de la impresión antes mostrada, uno de ellos, el de ojos azules, susurró una frase que le había costado meses en poder pronunciar, pero que esperaba, no fuera la última vez.

-Te amo, Joey…

Continuará….

Bien, lo prometido es deuda.

¿Les gustó?

Espero que si

Viene lo mejor en el próximo capitulo y si las cuentas no me fallan 3 más y el Epílogo que me animan a hacer y listo.

Gracias por sus comentarios y apoyos.

Sobre la pregunta del nombre de los capítulos, este se encuentra debajo (con letras negras) del Feedback o de las notas.

Los pasados capítulos se han subido un poco extraños, pero por si no encuentran el nombre del capitulo anterior se llamó: Watched.

Si persisten las molestias entonces escribiré el nombre de cada capitulo en la próxima entrega.

Louis y Maky?...ya lo vieron, ahora solo es cuestión de decisiones

Bien, cuídense mucho y nos vemos a la próxima.

Su amiga:

KATRINNA LE FAY