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por Carol
Hola a todos, soy Carolina aquí con un fic de Rurouni Kenshin (Samurai X), espero que les guste y me den su opinión, mándenlas a mi e-mail: geyca_4ever2000@yahoo.com.**********
-¿Entonces este es el infierno?- exclamaba Jin’e Udo desconcertado por aquel panorama sombrío y desolado que observaba en ese momento.
Aquella imagen de la luna llena que había observado por última vez antes de fallecer no se alejaba de su mente, pero más que esa bella luna pálida y brillante que permanecía en el cielo negro cubierto de estrellas no era lo único que no podía olvidar, también la silueta de un hombre sorprendido junto a él, era lo que podía evocar con más claridad; aquel hombre poseía un cabello rojizo, majestuosamente largo y delicado, sus ojos eran brillantes, profundos como el mismo océano y en su mejilla izquierda había una cicatriz en forma de cruz.Jin’e a pesar de estar agonizando con un intenso dolor en sí, recordaba a la perfección quién era ese hombre, aquel demonio, con la velocidad de los Dioses y su experto estilo de combate con espadas, era conocido como Battousai Himura, él era el principal enemigo de los Shinsengumi, de los cuales Jin’e hacía parte –era un sanguinario grupo de samuráis quienes sacrificaban su propia vida, salvo que el emperador de la era Tocugawa no fuera derrocado- pero Jin’e no era como ellos, poco le importaba que el emperador estuviese a salvo o que sus amigos murieran irremediablemente en un combate, lo único que le importaba era matar –ya que por ello no discriminaba entre aliados y enemigos-. Los Shinsengumi estando indignados por esto, decidieron darle muerte a Jin’e por su insensata conducta. Lo persiguieron hasta arrinconarlo, pero él con su excelente técnica de aniquilación logró matar a sus acechadores.
-Battousai- repetía una y otra vez mientras vagaba por el eterno lumbral del mundo de las sombras... se detuvo un momento y una lágrima rodó por su mejilla -¿Qué?- se preguntaba al sentir el cálido roce de la lágrima en su cara, era la primera vez que lloraba –lo cual le pareció muy extraño-, no podía creer que un asesino llorase también –Quién lo hubiera dicho- decía mientras se arrodillaba depositando sus manos en la tierra –Yo, un asesino de sangre fría puede llorar... pero ¿por qué?- no se explicaba el motivo del diminuto fragmento de debilidad que mostraba, pero al instante supo por qué, parecía que el simple hecho de no volver a ver a Battousai le causaba un tormento terrible e inaguantable, a tal punto como para dejarse llevar por las emociones inconscientes de desolación que expresaban a menudo las personas -¿Por qué me siento de esta forma?, ¿Acaso el no poder volver a verle es un castigo peor que la eterna oscuridad?... ¿¡Por qué me siento así!?-; no se pudo contener más y dejó caer las lágrimas que emergieron de sus ojos.
El corazón se le comprimía en dolor, jamás había experimentado sentimiento alguno, exceptuando al placer que le provocaba matar, pero esto era diferente, era un sentimiento de angustia y suplicio que parecía no tener fin; no se lo explicaba, no podía entender el por qué de aquello. -Tal vez... yo... yo- se decía así mismo tratando de entender la complejidad de su débil mente, la cual lo hostigaba más y más en un sin fin de lágrimas, mismas que caían como cascada a la áspera tierra. Luego de un momento, Jin’e se levantó tambaleante, en sus ojos se podía ver todo el desconcierto y asombro al averiguar el motivo de su sufrimiento, éste era imposible de concebir.
Su cabeza, que había permanecido agachada todo este tiempo, se irguió hasta volver a mirar la penumbra en la que se hallaba, y formándose una sonrisa en sus labios lo comprendió todo: se había enamorado... se había enamorado de Battousai Himura, saberlo le producía una extrema alegría; sí era cierto, ya que desde la primera vez que lo vio no pudo olvidarlo, y pensaba en lo emocionante que podía ser un combate con él (a quién se lo denominaba “él más fuerte”) y poder matarlo para apropiarse de ese título. Pero al hacer realidad el deseo del combate, se desvaneció todo intento de matarlo y consideró la idea de hacerlo su maestro, quién le enseñara el arte de espadas –Kenjutsu- y la mortal técnica de muerte, el supremo estilo de lucha -El Hiten Mitsurugi ryu-.
Pero al ser derrotado por Battousai, quién le quebró un brazo, desistió de su plan y quiso morir a manos de aquel mentor, pero no logró, ya que Battousai dejó de ser él..., para volver a ser nuevamente el apacible Kenshin; Jin’e sintió desesperación al ver a su ídolo convertirse en un ser débil y cobarde.Incorporándose, recogió su espada y la introdujo en su corazón para dar fin a su atormentada vida, ya que le parecía inútil seguir en el mundo de los vivos, sabiendo que su gran amor jamás será correspondido y más aún con un brazo destrozado que le impedía volver a empuñar una espada; y, antes de exhalar el último suspiro, exclamó a Kenshin que lo seguiría observando desde el infierno, para comprobar hasta cuando puede seguir con esa ridícula idea de no matar.
-Battousai, te dije que te observaría desde aquí y lo haré... lo haré toda la eternidad... ya que siempre seré un fantasma, obsesionado con la esperanza de que vuelvas a mí Battousai Himura, jajá... te lo dije Battousai, jajá... ¡jamás te dejaré!, jajá......
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Esa noche, Kenshin despertando de su sueño drásticamente salió de su cuarto y lo único que pudo observar en esa intensa oscuridad fue el fantasma de Jin’e Udo, quién alejándose lentamente le sonreía; y, se escuchó en la lejanía su risa diabólica la cual acosaría a Kenshin por toda la eternidad.
FIN