RECUERDOS

por Arima

 

Hanamichi Sakuragi se sentó en la entrada de su casa a leer el periódico, como todos los domingos, sus dos hijos menores jugaban cerca de él, los observó, era increíble como su vida había dado tal vuelco.

Había pasado tanto tiempo, no quiso precisar cuanto, tal vez con la intención de no sentirse tan lejano a esos días, sí, todavía sentía esa cálida sensación en el pecho al recordar aquellos ojos azul profundo posándose sobre él y sin quererlo volvió atrás.

 

Ocurrió después de derrotar a Kaynan y obtener el tercer lugar en el campeonato nacional, gracias a una espectacular clavada del pelirrojo derrotaron al equipo de Maki por dos puntos.

Todo Shohoku estaba contento con el resultado obtenido

-          Bien hecho cabeza hueca – le dijo Akagi agarrándolo por el cuello

-          Muy bien Hanamichi – le felicitó Miyagui

-          Vaya, pues quien lo diría – dijo Mitsui irónicamente

Mientras que Rukawa apartado del grupo miraba a Sakuragi, con un pequeño reflejo de felicidad en sus ojos.

En el público Haruko miraba también al chico pelirrojo, había avanzado tan rápido, no cabía duda de que era un basquetbolista innato y sin querer se ruborizó.

En el camerino, el pelirrojo y los demás no dejaban de sonreír

-          ja, ja, ja, soy muy talentoso – alardeaba Sakuragi pero sus compañeros no le dijeron nada, ese día tenía permitido alardear, Rukawa lo miraba de reojo, jamás lo había notado pero el “idiota” tenía un cuerpo muy atractivo, se sonrojó con aquel pensamiento y le dio la espalda.

-          Idiota – pensó

Luego fue Sakuragi quien se fijo en él, se le acercó y lo abrazó por el cuello

-          ¿Viste la gran jugada del talentoso Sakuragi zorro dormilón? –

El contacto de la piel del pelirrojo con la suya le produjo a Rukawa cierto temblor, que por primera vez no le molestó, pero...

-          Aléjate de mi tarado –

-          Envidioso! –

Akagi los miró pelear mientras Miyagui intentaba calmarlos, una gota de sudor corrió por su frente.

 

Al día siguiente Hanamichi caminaba por el parque junto a su ejército

-          Ja, ja, ja – no dejaba de reír

-          Hoy estás muy contento Hanamichi – dijo Yohei

-          Claro, si soy un genio del básquetbol –

-          Sí, pero sigue siendo un fracasado con las chicas – dijo el imprudente Takamilla

-          Es cierto – apoyaron Noma y Okus

-          ¿Qué?!! – se enfadó el chico alto – YA VERÁN!!- y salió en persecución de sus amigos

El sonido de un balón al ser rebotado llamó su atención, se acercó al lugar de donde provenía y encontró a Rukawa entrenando.

-          Ja!, no admites tu derrota ¿verdad? – le dijo Hanamichi, Rukawa lo miró y en sus ojos apareció un destello

-          Tarado, ven acá – le llamó

-          A QUIEN LLAMAS TARADO, ZORRO APESTOSO?! – se exaltó el pelirrojo, pero se acercó

-          Te espero está tarde en el gimnasio, no faltes- y sin decir más montó su bicicleta y se perdió a lo lejos

-          ¿qué querrá? – preguntó Okus, Hanamichi notó que todos sus amigos estaban junto a él.

-          Grr!, AHORA VERÁN!! –

 

***

 

            Al llegar al gimnasio se encontró a Rukawa practicando tiros libres.

-          Ya estoy aquí zorro ¿qué quieres?- dijo Sakuragi confiado

-          Desafiarte – fue la respuesta

-          Si me ganas te daré un premio – ofreció el joven despeinado, los ojos del pelirrojo brillaron

-          PUES EMPECEMOS!! – se quitó la camisa dejando su torso desnudo, Rukawa disimuló su rubor

 

El duelo fue difícil, Sakuragi había mejorado excepcionalmente tras su último encuentro, pero Rukawa era dueño de una enorme experiencia por lo que tampoco desmerecía mérito. Iban 1 a 1, el último punto ganaría, el más alto lanzó un tiro libre que Rukawa alcanzó a desviar con la punta de los dedos, - UN REBOTE! – ambos saltaron pero fue Hanamichi quien lo alcanzó y lo clavó en el aro, todo había terminado.

-          GANÉ, GANÉ – repetía emocionado el vencedor, acababa de derrotar al jugador estrella, a su rival.

Kaede lo miraba sonreír, que fácil le resultaba hacerlo y aunque nadie lo hubiera notado, él también sonrió.

-          He ganado, ¿y mi premio?-

Rukawa lo miró y con decisión se acercó a él, lo abrazó y le besó los labios, Hanamichi de tanto asombro no pudo moverse y se quedó allí poseído por los labios del joven despeinado.

Tras eternos minutos Rukawa se separó de Hanamichi, quien temblaba y tenía los ojos al borde de las lágrimas, Kaede se asombró de la actitud del joven.

-          ¿Qué te pasa? – le preguntó asustado, realmente había esperado que se lanzara encima y lo moliera a golpes

-          No puedo creer que esto esté pasando – dijo Sakuragi

Rukawa cohibido, por la respuesta obtenida sólo se disculpó

-          Lo siento, no debí hacerlo –

-          Nunca creí que esto ocurriría, jamás pensé que se hiciera realidad – Hanamichi se ruborizó, Rukawa lo miró extrañado pero no preguntó nada, no pudo, pues era Sakuragi ahora quien lo besaba.

 

-          No Hanamichi, mantén la vista en el balón –

-          Eso hago Kaede –

Ambos chicos entrenaban mientras que todos en el gimnasio los miraban atónitos.

-          Debo estar soñando – dijo Miyagui

-          Será posible? – dijo boquiabierto Mitsui

-          Amigos?, ellos? – apoyó incrédulo Kogure

-          ¿Pero... qué pasó ayer? – preguntó Yohei

Nadie comprendía como los dos archirrivales se hicieron amigos de la noche a la mañana.

-          Bueno, esto me tranquiliza – suspiró aliviado el capitán gorila

Haruko sonrojada ya no miraba a Rukawa

La práctica terminó

-          Oye Hanamichi, ¿me vas a decir como tú y Rukawa son amigos? – le preguntó Yohei a su amigo, este sonrió, por un momento quiso contarle todo, pero se resistió.

-          Ah!, bueno, hablamos y nos dimos cuenta que no tiene sentido ser enemigos – Yohei no quedó muy convencido pero ya no preguntó más, después de todo su amigo se veía feliz.

-          Hola Sakuragi – le saludó Haruko con una actitud nerviosa, el pelirrojo la miró, no había pensado en ella, ¿tan rápido el amor se borra?, no!, no era amor, nunca lo fue, era solo una forma de huir del verdadero sentimiento, de ese que sentía (y que siempre sintió) por el joven de ojos azules.

-          Hola Haruko

-          Quiero felicitarte por tu actuación en el campeonato, estuviste genial!!!- le dijo la jovencita sonrojándose

-          Sí, claro, soy un genio – alardeó el chico, aunque ya sin intenciones de que se fijara en él.

Rukawa lo miraba desde lejos, sonrió, realmente amaba a ese “tarado”.

 

***

 

Hanamichi despertó con el sol golpeándole la cara, en sus brazos aún dormía Rukawa, lo observó, tocó su piel, cada delicioso poro que ya le pertenecía, lo besó y aquel beso hizo que el durmiente despertara, los labios del pelirrojo recorrieron su cuello, su clavícula, la pasión entre ellos volvió a nacer, sus cuerpos volvieron a ser uno.

Los días pasaron, entre besos escondidos, caricias secretas, miradas tiernas, dulces noches de entrega, el amor se mostraba de lleno para ambos.

El pelirrojo esperaba a su chico en casa, cumplían 5 meses de novios, se sonrió, nadie lo sabía. Tenía preparada una noche especial, una cena romántica, un baño de burbujas para dos y.... algo más, pero Rukawa se estaba tardando demasiado.

-          ¿Qué rayos le habrá pasado?- se preguntó inquieto

-          Aahh! – suspiró – Tal vez se quedó dormido –

El sonido del teléfono lo hizo correr a él, de seguro era Rukawa, cuando tomó el auricular se le hizo pedazos el alma, al otro lado de la línea una mujer le informaba que Rukawa había sido atropellado y estaba en el hospital.

 

Rápidamente llegó al lugar, desesperado se dirigió a recepción

-          Kaede Rukawa?! – preguntó

Una gorda mujer con anteojos lo miró indiferente

-          ¿Es usted pariente?-

-          Soy su... amigo – le contestó al borde de las lágrimas

-          Mmm!, habitación 1011 –

 

Hanamichi corrió por los pasillos hasta llegar a la habitación indicada, abrió la puerta, su cuerpo temblaba. Allí estaba Kaede, tendido en la cama, lleno de aparatos, se le acercó, estaba dormido, un vendaje cubría su cabeza y uno de sus hermosos ojos.

Sakuragi le tomó la mano

-          Vas a estar bien, tienes que estar bien – dijo, más bien alentándose a sí mismo

-          ¿Eres Hanamichi Sakuragi? – un doctor entraba a la habitación, el joven lo miró

-          Sí! – asintió

-          Él pidió verte, antes de la operación, ¿eres... algún pariente? –

-          No!, sólo soy su amigo, su único amigo – quiso llorar

El doctor se le acercó, con un semblante de... derrota

-          Muchacho, no... no podemos hacer nada más por él, debes estar preparado –

El pelirrojo sintió como si lo estuvieran desgarrando por dentro, como si bajo sus pies la tierra se abriera, como si el mundo se acabara.

-          Lo siento – le dijo el doctor y se fue

 

Solo ya el joven se echó a llorar al lado de su querido Kaede, este poco a poco despertó

-          No llores torpe, tú eres muy fuerte – le susurró

Sakuragi al escucharlo dejó de llorar

-          No lo soy sin ti –

Rukawa extendió su mano (lo más que pudo) invitando a Sakuragi a tomarla, este así lo hizo.

-          Prométeme... que seguirás adelante –

Hanamichi lo entendió como una despedida, Kaede sabía que no habría mañana.

-          Prométemelo, por favor – insistió

-          Te lo prometo – las lágrimas inundaron su rostro

Rukawa sonrió sabiendo que su chico no rompería la promesa

-          Te amo tonto pelirrojo, eres lo mejor que me ha pasado-

-          Te amo zorro apestoso, jamás te olvidaré –

Hanamichi lo abrazó fuertemente intentando evitar que se fuera, pero ya nada podía hacer y entre sus brazos Kaede se quedó dormido.

 

***

 

            En el funeral estaban todos los integrantes de Shohoku, Ryonana, incluso Kaynan, todos querían despedir al super novato, pero Hanamichi no estaba ahí, se había ido a recorrer aquellas calles, mudas testigos de su amor secreto, su dolor era demasiado grande, demasiado privado, no lo compartiría con nadie.

 

            El tiempo pasó, pero la herida no cerró, atado a una promesa le hizo caso a Haruko cuando ella le confesó su amor, de nuevo lo ayudaba a escapar. Acabó casándose con ella, después de todo jamás volvería a tocar  a otro hombre.

 

Y ahora, sentado allí, derramando lágrimas en nombre del pasado, veía a sus hijos correr por el jardín, el mayor de ellos, Kaede, acababa de entrar a Shohoku como el super novato estrella, al igual que el único y gran amor de su vida.

 

FIN