PRIMAVERA

por Arima

 

Hoy llegó la primavera, recuerdo como te gustaba, como me llenabas de besos cuando te regalaba alguna flor, los paseos por el parque, pero ahora son sólo eso, recuerdos.

Desde mi ventana veo el jardín, las pequeñas florecillas se agitan con el viento, no sé como se llaman, tú eras el experto en eso, pero yo les he puesto tu nombre, y si las miro bien, casi veo tus ojos.

El tiempo ha pasado, demasiado lento a mi parecer, (aunque no tengo prisa) sobre todo las noches, no puedo dormir, la oscuridad me trae dolorosos recuerdos y si cierro los ojos las pesadillas me enloquecen, grito y grito y a pesar de que lo hago con todas mis fuerzas, tú no puedes oírme.

Esta mañana jugué básquetbol de nuevo, después de tanto tiempo sin hacerlo, creo que lo hice con la intención de despejar mi mente, pero no lo conseguí, al contrario, tu recuerdo se intensificó, fue una mala idea, tuve que abandonar el juego antes de ponerme a llorar.

Ya no reconozco al tipo frente a mí cuando me miro en el espejo, mi cabello ha crecido muchísimo, más largo que en mi época de rebeldía, la barba también ha crecido y mi cuerpo escuálido, mis ojeras, mis ojos tristes, soy un cadáver fingiendo estar vivo, si me vieras... ¿seguirías amándome?.

Hace unos días me pelié con un tipo, se burlo de tu fotografía, esa que siempre llevo conmigo, tuve que golpearlo aunque debo admitir que él fue más fuerte y rápido, me hizo trizas, deseé que me matara pero lo detuvieron antes de cumplir mi deseo.

Los días son vacíos, sin vida, como mi alma, lloro constantemente, a escondidas, en cualquier rincón, culpándome de que ya no estés conmigo, todo sería tan distinto si tan solo pudiera cambiar el pasado, volver a ese día en el que aquel revolver llegó a mis manos, no debí jugar con el, debí obedecerte... aún veo tus ojos cerrándose lentamente, tus labios fríos pronunciando mi nombre, tu sangre en mis manos, tú sabes que no quise disparar, tú sabes que fue un accidente, MALDITA SEA, daría cualquier cosa por volver atrás y cambiarlo todo, no puedo creer que ya no estés, no puedo aceptar que te hayas ido... te maté, y yo morí contigo.

El guardia de turno ha golpeado los barrotes de mi celda amenazándome para que apague la luz, otra vez me quedo a oscuras con el dolor y el miedo como compañía, pero eso ya no importa, me he conseguido un pequeño puñal y con él iré a tu encuentro, ya no podré ver otra primavera pero sin ti que puede importar.

Una rápido movimiento y el filo del puñal atraviesa mi piel, siento la sangre abandonar mi cuerpo, mi fuerza poco a poco se extingue, cierro mis ojos, tú estas ahí, me sonríes, rodeado de flores esperas por mí.

Ya voy mi amado Kogure, ya voy contigo.

FIN