LA MUERTE DEL DOLOR

por Kamui

Continuación de “Espinas de Acero”

 

Rukawa miraba distraído por la ventanilla del avión, hace diez años había realizado ese mismo viaje y en aquella ocasión pensó que nunca volvería a su país... la carga de la culpa era demasiado pesada, tan pesada que ahora sólo regresaba para ver por última vez al hombre que amaba... su vida era un desierto. En Estados Unidos nunca tuvo amigos, ni nunca se permitió ser feliz, ni por un segundo, él debía pagar por haber acabado con la vida de... ni siquiera quería recordar su nombre... no merecía pronunciar el nombre de aquel muchacho pelirrojo, alegre y fuerte que se suicidó por su culpa... en su mente durante años recreó la imagen de cuando encontró su cadáver... pero ya no podía más, el vacío, el dolor y la soledad eran demasiado y había decidido seguir los pasos de su primer amor... amor, esa palabra siempre venía acompañada de una sonrisa... una eterna sonrisa... una sonrisa que había abandonado abrumado por la culpa... su único amor había nacido de la traición, la traición que había acabado con la vida de Hanamichi.

Se ajustó el cinturón, ya volaban sobre Japón y el avión no tardaría en aterrizar... sus horas estaban contadas

 

«»

 

El cielo estaba gris y corría mucho viento, el joven se apretó el abrigo para darse calor, en cuanto comenzó a caminar por aquella conocida y a la vez desconocida ciudad su corazón comenzó a latir con violencia.

Nada había cambiado y a la vez todo se veía diferente... renovado... incluso él era distinto, ya no era bolsillos y caminó directo haci cual alma en pena en el purgatorio trataba de redimir sus pecados convirtiendo todo en un castigo... incluso su vida y su amor.

Tan abstraído estaba observando a los niños que no notó la alta figura que surgió junto a los pequeños, los que emocionados corrieron hacia el recién llegado, quien los saludó con una tierna sonrisa... Rukawa se paralizó, no esperaba encontrarlo tan pronto y con amargura observó la evolución en el rostro del joven que amaba... en esencia continuaba siendo el mismo, el paso del tiempo sólo había acentuado sus hermosos rasgos, Rukawa entrecerró los ojos para fundir la imagen del chico de 16 años ahora convertido en hombre. Para no llamar la atención se ocultó tras un enorme cerezo, no deseaba ser reconocido... se conformaba con mirarlo de lejos, imaginar su voz varonil y sus manos de varón, esas manos que en un tiempo le habían dado tanto placer al recorrer su cuerpo adolescente.

Ahora todo terminaba, su último deseo se había cumplido... lo había vuelto a ver y el dolor sólo se había agudizado, Rukawa como una sombra se dirigió hacia su hotel, dejando atrás a esos niños que jugaban con Akira Sendoh

 

«»

 

Kaede miraba con cuidado el frasco de pastillas que tenía entre sus manos, todo sería lento e indoloro... con cuidado abrió el envase, deseaba poner fin de una vez a su existencia, pero ahora que nada se lo impedía, su mente se llenaba de dudas... no sobre su muerte, sino por Akira. Con dolor apoyó su cabeza contra la pared ¿le amaría todavía? ¿le habría olvidado? ¿tendría a otro a su lado? Su amargura era mayor ahora que lo había visto... al imaginar su vida, de la cual él ya no era parte. Rukawa lloró, todavía lo amaba, igual que antes ¡NO! Más que antes, porque lo único que nunca había muerto era ese amor... ese pecado, la calidez de los brazos de Sendoh y de su sonrisa. Tiró el frasco con violencia y una docena de pastillas cayeron al suelo, Rukawa no tenía miedo de morir, sin embargo, había vuelto a probar lo dulce que era estar cerca de Akira... necesitaba verlo un poco más.

 

Al día siguiente, la escena se repitió, Sendoh practicó con los niños durante una hora, luego se despidió y se marchó... Kaede lo siguió a lo lejos, observó con cuidado cada uno de sus movimientos, su caminar despreocupado, el movimiento de sus manos, la admiración que producía entre quienes se cruzaban en su camino, sin darse cuenta de la misma admiración que producía él, en un momento deseó verlo con sus propios ojos y se sacó los lentes de sol... sus hermosos ojos azules se encandilaron con la atractiva e imponente figura del ex jugador de Ryonan, deseó ver los ojos violeta de Sendoh, más sabía que eso era imposible, no tendría valor para terminar con todo si caía otra vez en el dulce embrujo de Sendoh... debía mantener su distancia o entonces si que lo perdería todo.

Sendoh compró comida en un restaurante, Kaede envidió al joven que lo atendió, ya que recibió una de las maravillosas sonrisas del jugador estrella. Sendoh llegó a su casa, Rukawa lo observó entrar y suspiró... una nube encegueció sus sentidos y le hizo soñar lo imposible, deseó estar esperándolo ahí, recibir su sonrisa y un dulce beso, comer y luego irse a la cama... se ruborizó... su cerebro le recordó que su futuro ahora podría haber sido así, si la muerte de Hanamichi no les hubiera separado, obligándolo a huir del dolor... cerró los ojos con furia... anhelaba esa realidad que nunca tuvo... esa felicidad que perdió y que ya no era capaz de recuperar... que no merecía recuperar.

En silencio se dirigió hacia el hotel... por hoy ya había sufrido demasiado observando a su estrella inalcanzable... su deseo perdido... su deseo muerto, porque Kaede sentía que toda su vida estaba marcada por la muerte... pero pronto terminaría todo, cuando finalmente la muerte llegara sobre él y al fin pudiera descansar, en un lugar a salvo del dolor.

 

Esa noche hizo más frío que nunca, en su habitación del hotel, Kaede luchaba otra vez contra sus fantasmas y otra vez la sonrisa de Sendoh lo hizo desear vivir... un poco más.

 

«»

 

Día tras día el joven iba aplazando más su decisión... día tras día acudía a esa cancha de básquetbol para ver a Sendoh, luego lo seguía a su casa y cuando finalmente todas las luces se apagaban y la oscuridad lo envolvía, Kaede fantaseaba masoquistamente sobre lo que pudo haber sido su vida junto a ese hombre... al que todavía amaba... al que como un castigo más, jamás pudo sacar de sus pensamientos. Y noche tras noche regresaba a esa solitaria habitación, al sufrimiento de decidir si debía morir esa noche o no... si las cadenas que lo aferraban a Akira se romperían al fin y lo dejarían caer al silencio eterno... y entre dudas y lágrimas lo encontraba el amanecer, sin haber sido capaz de atravesar la línea que separa la vida de la muerte.

Ya dos semanas habían pasado desde que encontrara a Sendoh, no deseaba pensar en nada, sólo sentir... sentir todo lo que le provocaba Sendoh... sólo sentirlo... sólo desearlo.

 

Como cada tarde dirigió sus pasos hacia la cancha donde todos los días la actual estrella del básquetbol de Japón compartía con esos niños... Rukawa sonreía mientras los observaba correr, como se colgaban del alto joven tratando de detener sus tiros. Ese día estaba soleado por lo que Rukawa vestía unos jeans y una polera. Se pasó la mano por el pelo y se sacó los lentes, cuando miraba a Akira todo adquiría vida... Sendoh reía y de pronto volteó el rostro y sus miradas se encontraron, Rukawa quedó paralizado, Akira lo miró serio, como si dudara de lo que veía, Kaede temblando dio media vuelta y se marchó... todo se había acabado... ya no podría seguir espiándolo... deleitándose con su belleza... sufriendo por su carencia...

Se encerró en su habitación, ya no podría postergarlo más... su último día había llegado... sólo deseaba morir pensando en Akira... lo único que quería era ver el rostro de Sendoh... el rostro adulto de su amor... tomó el frasco de pastillas, dejando caer un montón de redondas pastillas en su mano y sin dudar las tragó... las excusas se habían acabado.

- Sendoh... – susurró tirado sobre la cama y sintiendo como perdía poco a poco la conciencia.

Lo último que escuchó fue un fuerte golpe, más sentía todo su cuerpo tan acalambrado que no fue capaz de abrir los ojos.

- Akira... – dijo mientras sentía como unos fuertes brazos lo levantaban... luego todo fue oscuridad.

 

«»

 

Blanco... un techo blanco ¿Estoy muerto? Se preguntó el joven. Tratando de incorporarse su cabeza dio vueltas... ¿podría marearse si estaba muerto? Desistió a la idea de levantarse, con dificultad levantó la mano y se tomó la frente... se sentía débil y torpe

- ¿Ya sufriste suficiente? – le preguntó una profunda voz. Kaede se demoró en procesar esas palabras, con curiosidad giró el rostro... unos profundos y hermosos ojos violeta lo observaron. Su corazón casi estalló

- ¿Es suficiente Kaede o todavía tenemos que seguir sufriendo? – preguntó Sendoh

Sus ojos azules se llenaron de lágrimas, estaba vivo... esos brazos que lo sostuvieron habían sido los de Akira... ya no podía, no quería huir más... era el culpable de la muerte de Sakuragi, pero de alguna manera se sintió perdonado... se había perdonado a sí mismo; sin decir una palabra estiró sus brazos hacia Sendoh, este con premura lo abrazó

- Te amo!!! – dijo Kaede aferrado al cuello de Akira, quien estaba doblado sobre él

- Ya no te dejaré escapar, no volverás a abandonarme – exclamó Akira

- No... no puedo huir de ti... –

Se miraron a los ojos, ansiosos, anhelantes de intimidad... deseosos de reconocer sus cuerpos ahora de hombres... ansiosos de revivir la pasión... de volver a sentir el placer del amor... con lentitud sus labios se unieron y el beso selló su nuevo destino.

Kaede olvidó su culpa al sentir la sensual boca de Sendoh posesionándose de la suya... habían pagado... Kaede había encontrado el lugar donde el dolor moría... donde ya no podía seguirlo.

 

FIN

Nota de la autora: Supongo que no soy la única que quedó medio traumada con el final de Espinas de Acero, pues bien, después de golpear y odiar profundamente a Arima decidí hacer una continuación, no me pude conformar que todo acabara así ¡Se amaban! No era justo dejarlos separados. Se merecían una oportunidad y yo se las di.

Comentarios a kamui_asesina@hotmail.com

Nota de Arima: Que puedo decir... me vi forzada (amenazada) a aceptar esta segunda parte, como sea, igual me gusta, después de todo en un momento quise dejarlos juntos, pero mi mente psicópata pudo más... ja, ja,ja

Nota de Kamui: Mentira! Yo no te amenacé (no por este fics por lo menos) te pedí “amablemente” que le hicieras una segunda parte y como recibí un rotundo no, me vi forzada a hacerlo yo ¡no me podía conformar!

Nota de Arima: Esta bien, Esta bien ¡¡PERO NO ME AHORQUES!!

Nota de Kamui: Eres una psicópata difamadora! Yo no siquiera te he tocado, además tú eres la más feliz con este fics, pero como tu mente está “enferma” no lo aceptas y sólo quieres lastimar el sensible y delicado corazón del @s integrantes de Shikon no Tama

Nota de Arima: SII! Lo reconozco!, pero no soy la única... ya sabes de quien hablo

Nota de Kamui: Por supuesto, de Himitsu

Nota de Kamui y Arima: ¡HUYE POR TU VIDA!