sTrAy HeArT

por Noin Weiß Kreuz Yaoi

 

sTrAy HeArT

 

Disclaimer: No gano, no pierdo. Todo es de sus respectivos autores.
Pareja: ¿Yuki x Shuichi?

 

TRACK 7: IN THE MOONLIGHT

 

Después de observar por largos minutos a aquel dulce niño, Shuichi regreso a la sala, junto a Yuki.
-¿Otra vez en esa laptop? -le pregunto al sentarse muy cerca suyo.
-Tengo que entregar un nuevo capitulo antes de que termine esta semana.
Shuichi suspiro. Odiaba infinitamente esa laptop porque ella si obtenía toda la atención de Yuki. Miles de veces se había sentido miserable, impotente, incapaz de captar la atención del escritor. No importaba que hiciera: gritar, llorar, reír, cantar, bailar, desnudarse... nada hacia que su rubio soltara la laptop y lo mirara a él.
Tal vez algunas cosas no cambiaban, pensó Shuichi.
-¿Tienes prisa por concluir el asunto del Porsche, Yuki? -inquirió el pelirrosa, sabiendo que le hacia la pregunta al aire. Cuando Yuki Eiri se encontraba escribiendo, ni un terremoto era capaz de separarlo de su maldita portatil.
-No -contesto Yuki, sin levantar la mirada del monitor.
Bueno, eso era un avance, concluyo Shuichi. Antes, Yuki no le habría ni respondido.
-¿Crees que ya estás completamente curado? -se arriesgo a preguntar una vez mas el cantante.
-Sí, y Timmy también. Menos mal que tú te has librado.
Esa nueva respuesta también fue obsequiada sin que el rubio levantara la mirada o dejara de mover sus dedos sobre el teclado.
-Me gustaría que me llevaras a casa esta noche, Yuki.
Finalmente el rubio levanto la mirada y lo taladro con sus orbes doradas. El movimiento de sus dedos se detuvo abruptamente.
-¿Que? -pregunto dejando a un lado la laptop, para poner toda su atención en su pequeño amante de mirada violeta.
-Lo que oíste. Quiero regresar a casa.
-Estas en casa.
-No, esta es tu casa, no la mía.
-Shuichi, por favor. Quédate esta noche -le suplico el rubio -No me siento con fuerzas suficientes para conducir en medio de la noche.
-Yuki...
-Una noche mas bajo mi techo no te hará ningún daño -lo miró con ojos serios y sombríos -Y quiero que te acostumbres a estar aquí.
Una oleada de inquietud invadió al cantante.
-Es mejor que no hables de eso ahora, Yuki.
-Por favor, Shuichi, olvida el pasado.
-Es difícil hacerlo -confesó el cantante -Me da miedo arriesgarme, Yuki. No me siento capaz de soportar una vez más el que me dejes cuando te canses nuevamente de mí.
-Eso jamas, Shuichi -le susurró mientras se inclinaba un poco hacia él y le cogía la cara entre las manos -Yo jamas me cansaría de ti, yo jamas te dejaría de nuevo.
Shuichi tembló ante su beso, consciente de las doloras sensaciones que experimentaba cada parte de su cuerpo. Yuki lo presionó con suavidad haciéndolo sentir el peso y la dureza de su cuerpo. Quería que se diera cuenta de cuanto lo deseaba, pensó Shuichi. Yuki contaba con la respuesta de él a su deseo. Y el cantante sabía que esa respuesta se produciría, no sólo esa noche sino cualquier otra que lo tomara en los brazos. Los últimos días habían disuelto la mayoría de las barreras que había erigido en contra del rubio. Cuidar a Yuki y a su hijo había conseguido más de lo que el mismo Shuichi hubiera podido imaginar.
Aun con cierta reticencia, abrazo a Yuki por el cuello para profundizar el beso. Ese conocido sabor llenaba sus sentidos. Todo Yuki era tan familiar, tan cálido, tan perfecto.
Shuichi Shindo pertenecía a esos brazos, había nacido única y exclusivamente para ser tomado una y mil veces por aquel rubio increíble.
Entonces el recuerdo de una noche ya lejana, lo hizo ponerse rígido. ¿Si había nacido para ser de Yuki, por que lo había traicionado acostándose con Sakuma?
Culpabilidad... aunque Shuichi se negara a sentirla, no podía evitar sentirse culpable. Se había refugiado una vez en los brazos de Sakuma, buscando algo de Yuki en él y los había traicionado, a ambos. A Yuki y a Sakuma.
Aun podía recordar lo desolado que se sintió aquella mañana al despertar y descubrir a Sakuma Ryuichi en vez de a Yuki durmiendo a su lado.
-¿Shuichi? -lo llamo el rubio, preocupado por la tensión que sentía invadir el pequeño cuerpo de su amante. La preocupación aumento al verlo llorar -¿Que esta pasando? ¿Que tienes?
Pero por más que hablaba, Shuichi no parecía prestarle atención, tan sumergido estaba en su mundo.
Llorar... solo podía hacer eso... llorar para limpiar así un poco su culpabilidad. Solo hasta ahora era consciente del daño que le había hecho no solo a Ryuichi esa noche, sino a si mismo.
Acostarse con otra persona solo por despecho y venganza era algo que pesaba en el alma, era algo ruin, algo cruel. No había palabras para pedirle perdón a Sakuma por haberlo usado en aquel momento de enfado, de ira, de ebriedad.
-¿Shuichi?
Finalmente la voz de Yuki penetro en sus oídos. Con la cara roja y las mejillas llenas de lágrimas, Shuichi abrazo fuertemente a su rubio.
-¡Perdóname Yuki!
-No, perdóname tu a mi -el rubio le correspondió el abrazo -A pesar de tu pasión, tal parece que aun no estas listo para esto. No quiero presionarte, Shuichi.
-No entiendes... -susurro entre hipidos y gemidos el cantante -yo... Sakuma-san y yo una vez...
Yuki lo comprendió todo. Shuichi reaccionaba así por lo sucedido entre Sakuma y él. Se sentía culpable, de eso no había duda. Pero ahora, a Yuki no le importaba aquello, dolía saber que su Shuichi había tenido sexo con Sakuma, pero eso era parte del pasado, ahora no importaba. Nunca importaría, lo realmente importante era que ahora estaban juntos de nuevo. Y tal vez para siempre.
-Yuki. Sakuma y yo...
El rubio le puso un dedo en los labios para callarlo.
-El pasado no importa, Shuichi. Si te refugiaste en los brazos de Sakuma, fue solo mi culpa, yo te empuje a eso, no tienes que sentirte culpable por nada. Lo importante ahora es este momento.
-¿Tu crees que Sakuma-san me perdonara algún día por haberlo lastimado de esa manera?
-Sakuma es un buen tipo, Shuichi. No me sorprendería saber que le ha restado importancia al asunto y que te perdono en el mismo instante en que comprendió que llevo a que sucedieran esas erróneas cosas.
-Yuki... -susurro el cantante antes de que los exigentes labios del rubio descendieran una vez más, para apropiarse de manera posesiva de los suyos.
Shuichi se aferro a los hombros de su amado rubio. Esta vez era el real, su Yuki. Tan familiar como antes, como siempre.
Aquellas finas manos le acariciaron la cara con ternura, limpiando con suavidad las lagrimas que ya habían dejado de brotar. Shuichi se sentía en paz consigo mismo, con Yuki y con Sakuma. Mas adelante buscaría el momento para hablar de aquello con el bipolar vocalista de NG y le pediría las disculpas necesarias por haber sido tan insensible con él en aquel entonces. Lastimar los sentimientos de una persona tan única como Ryuichi era algo que siempre pesaría en su conciencia.
-Shuichi... -casi gimió el rubio mientras inclinaba la cabeza para dejar una estela de besos desde el lóbulo de la oreja hasta el apetecible cuello del cantante -algo me dice que todavía me amas y haré que ese amor aumente cada día. Espera y veras.
Shuichi cerró los ojos e intentó no gritar de placer ante lo que las manos de Yuki hacían en su cuerpo. Ese odioso rubio tenia razón, aún lo amaba y no podía ignorar ese sentimiento. Aquella noche, aceptaría ese amor.
El escritor sintió la entrega de su pelirrosa amante y un súbito sentimiento de alegría y felicidad se apodero de él. Cuando por fin lo había encontrado en aquella desastrosa casita, Shuichi se había emocionado, por lo que el rubio se había sentido seguro de que no sería capaz de frenar su pasión durante mucho tiempo. Sin embargo, a las pocas semanas había advertido que la cosa iba a ser mucho más difícil de lo que pensaba. Y esa noche estaba a punto de avivar el fuego apasionado que nunca había muerto dentro del cantante.
-Jamás sabrás cuanto te deseo -la mano de Yuki se digirió a la camisa del mas bajo para retirarla rápidamente.
Shuichi murmuró su nombre y le echó los brazos alrededor del cuello para apretarlo contra si.
-Mi Shuichi... -susurró el rubio mientras deslizaba una mano dentro del pantalón de su pelirrosa para buscar la cálida firmeza de aquella masculinidad.
-Ahhh... yo... también... te... deseo... Yuki -confeso entre gemidos el cantante. Estremeciéndose al sentir el contacto de aquella calida mano sobre su ya erguida virilidad.
Yuki apartó el estorboso pantalón y el boxer y bajó la cabeza para besar y lamer aquel ardiente trozo de carne con reverencia y pasión. A Shuichi se le cortó la respiración y se aferró al cabello rubio para exigirle con dulzura, movimientos más rápidos. Yuki no lo decepciono, por varios minutos se dedico a cumplir los deseos de su amante pelirrosa con una fuerza y una entrega tan total, que de inmediato todos los sentidos de Shuichi se despertaron y dispararon.
Siempre era así, el sexo con Yuki era tan increíble, tan mágico. Solo aquel gruñón rubio era capaz de despertar el deseo más ardiente e infinito que le recorría lentamente el cuerpo, como llamas que lo capturaban y lo consumían.
-Acaríciame como lo hacías hace meses, Shuichi, por favor -le suplico el rubio, regresando de nuevo a sus labios para devorarlos sin piedad.
Shuichi respondió de inmediato a la petición; sus dedos buscaron los botones de aquella camisa. Los desabrochó con desesperante lentitud y luego colocó las palmas de sus manos sobre el pecho de su rubio, con dedos traviesos acaricio las tetillas y pellizco los pequeños pezones. El familiar olor tan abrumadoramente masculino, mezclado con una fina colonia lo atrajo como un imán. Los músculos, duros y bien formados se pusieron tensos bajo sus ansiosas e incansables manos.
-Espera -murmuró el rubio, poniéndose de pie. Se agachó y tomo con suavidad a Shuichi -Necesito espacio, así que es hora de ampliar este sofá para volverlo cama.
Antes de que Shuichi pudiera parpadear, ya se encontraba de nuevo atrapado bajo el firme cuerpo de Yuki que le besaba con delicadeza la frente.
-Esta vez todo saldrá bien entre nosotros, Shuichi -le prometio el rubio mientras le besaba un hombro.
-Se supone que debo confiar en ti, ¿no es cierto? -le pregunto el cantante esbozando una leve sonrisa.
-¿Cómo lo has adivinado? -se sentó en el borde del sofá-cama.
Shuichi observo fascinado mientras el rubio se quitaba la camisa, el pantalón y finalmente el boxer. Las líneas de aquel cuerpo le trajeron un caudal de recuerdos y emociones.
-Esta noche será inolvidable para ti, Shuichi -murmuró antes de tumbarse a su lado.
El cantante se volvió hacia él buscando su calor y fortaleza. Con movimientos lentos y cuidadosos.
-Eres tan sensual, y solo mío. Todo tu me pertenece, tu piel, tu cuerpo, tu corazón, tus labios, tus sonrisas, tus miradas, tus gritos, tus palabras, tus canciones. ¡Tú eres mío y yo soy tuyo! -gruño Yuki, inclinándose para depositar un pequeño beso posesivo en el abdomen plano de su pelirrosa, luego ascendió para morder con ternura un sensitivo pezón -Tu forma de hacer el amor me volvía loco.
-No debiste dejarme... no debiste irte... -murmuró Shuichi, conmovido como nunca, por las posesivas y certeras palabras del rubio... realmente todo él era de Yuki, siempre le pertenecería a ese arrogante rubio, para mal o para bien ese era su destino.
-Lo sé, pero debemos olvidar el pasado. No quiero que pienses en nada, excepto en el presente, en este momento. El aquí y el ahora...
Shuichi se acercó más al rubio, hasta que pudo sentir la palpitante hombría de Yuki contra su muslo. La expectación del escritor lo hizo gemir de ansiedad y necesidad. El pelirrosa le obligo a subir para encontrarse nuevamente con sus labios, cuando así sucedió y las lenguas se pudieron fundir una vez mas, le deslizó los brazos al cuello para profundizar lo más posible aquel vehemente beso.
Se movió con erotismo, pidiendo, exigiendo en un ardoroso movimiento de cadera una cercanía aun mayor. Yuki le devolvió el mismo movimiento, frotándose sin parar contra él, hasta que sus intimidades chocaron una con la otra, disparando fuego por cada una de sus terminaciones nerviosas. El calor era demasiado fuerte para ser combatido con tan solo esos movimientos. Era el momento de más, de fundirse, de unirse, de ser uno solo.
-Yuki... -susurró el pelirrosa, deslizando de manera casi imperceptible una de sus manos por entre los cuerpos apretados.
El rubio gimió muy fuerte cuando la siempre curiosa mano de su koibito de ojos violáceos se aferro con erótica presición a su endurecida y adolorida masculinidad. Su necesidad fue en aumento cuando el movimiento ascendente y descendente de aquella mano creció hasta llevarlo casi al borde del orgasmo.
-De...ten...te Shu..i..chi -le suplico, apretando los dientes cuando lejos de detenerse, el pelirrosa aumentaba la presión y los movimientos.
-Si... si quieres que... que me detenga, entonces date y prisa y hazlo -le pidió el pelirrosa elevando sus caderas, demandando un contacto mas intimo.
Yuki murmuro algo sensual como respuesta e introdujo una de sus piernas entre las de Shuichi para que le diera acceso.
Por fin, Shuichi lo libero y movió aquella traviesa mano a lo largo de su espalda. Eso provoco que un cosquilleo consumiera cada centímetro de piel por donde esa mano había pasado.
Casi incapaz de soportarlo por más tiempo, Yuki se arrodillo entre las piernas del cantante y puso a trabajar sus dedos en la acogedora entrada.
-Ahh... Yuki... por favor -suplico el pelirrosa, conteniendo el aliento al sentir aquellos largos dedos explorarlo y prepararlo, provocando en él una excitación plena y estremecedora.
-Lo sé -murmuró el escritor -Yo también estoy a punto de perder la razón. Ha pasado mucho tiempo desde que te tuve en mis brazos -le recorrió con la lengua el ombligo con atrevida intimidad -¿Te das cuenta de que te estas convirtiendo en fuego en mis manos?
A medida que aquellos dedos lo dilataban y preparaban con infinito cuidado, Shuichi arqueaba el cuerpo en una silenciosa súplica. Yuki gruño y se dejó caer sobre él con una repentina y feroz urgencia que no podía ser disimulada.
-Ha pasado tanto tiempo, Shuichi.
El pelirrosa abrió aun más las piernas, para darle todo el espacio necesario a su amante que se aferraba con fuerza a su cadera. Segundos después, Shuichi se agitaba bajo el impacto de la posesión. Gimió con fuerza mientras echaba la cabeza hacia atrás dejando al descubierto la apetecible curva de su cuello.
-Mío, siempre mío. Solo mío -gimió el rubio, al sentirse por fin prisionero en aquel estrecho y calido pasaje.
-Tuyo, Yuki... tuyo... -susurró el cantante al sentirse completo. Nuevamente uno solo con su rubio, después de tanto tiempo... eran nuevamente uno solo.
Sin poder soportar mas la tentación y llevado por la felicidad de las ultimas palabras dichas por su koi, hundió sus labios en aquel dorado cuello, venerándolo con tiernos y suaves besos, luego con apasionados mordiscos que no provocaban ni el mas leve dolor en el cantante.
Respirando de forma pesada y con la piel totalmente erizada, Shuichi se abrazo con fuerza a su amante, instándolo a moverse.
-Recuerdo que siempre era así -susurro Yuki con emoción, deteniendo sus besos y mordiscos para dedicarse a observar la nublada mirada violeta de su koi -Siempre era así: los sensuales sonidos que emites, la forma en que todo tu cuerpo se pone tenso, la manera en que te aferras a mí, como si me necesitaras desesperadamente.
Lo beso en los labios, y por fin, para alivio de Shuichi, inició sus rítmicos movimientos. Yuki sentía cómo las uñas de su amante se encajaban en la piel de su espalda y el leve y erótico dolor casi le hizo perder el poco control que le quedaba. Ninguna persona le había respondido jamas con esa clase de pasión que solo Shuichi era capaz de obsequiarle. Durante los largos meses que se había separado de su pelirrosa, lo había anhelado, deseado. Lo soñaba a diario, y ahora que sus sueños se estaban convirtiendo en realidad, se encontraba extasiado con la sensación. La realidad era mucho mejor que los sueños.
Shuichi se entregó por completo al primitivo y cautivador ritmo de pasión, aferrándose con fuerza al rubio, mientras una intensa atmósfera de sensualidad se difundía a su alrededor. Luego, su tensión interna empezó a exigir reposo. El pelirrosa sintió que las leves sacudidas del clímax se iniciaban dentro de su cuerpo y amenazaban con explotar hacia afuera.
El placer que le producía la tensión de todos sus nervios recorriendo su cuerpo lo obligó a apretarse contra Yuki, mientras clavaba los dientes en la piel de los hombros de él.
-Es...pe..ra Shui...chi -gimió el rubio al notar que el pelirrosa estaba por venirse -lle... llegaremos al mismo tiempo...
Se movió más rápido en el calido interior del cantante, al tiempo que llevaba su mano a la muy endurecida intimidad que ya daba claras muestras de estar a punto de liberarse.
La presión de aquella experimentada mano sobre su hombría combinada con los certeros empujones, hicieron que Shuichi gritara al llegar a un inevitable descenlase.
Al mismo tiempo, Yuki unía su grito de éxtasis con el de su koi, sintiendo por fin la liberación del orgasmo. Exhausto, se dejo caer al lado de Shuichi.
Ya recuperado de "Le petit mort", el pelirrosa abrió los ojos y miró a su rubio con una extraña mezcla de timidez y placer.
-¿Estás bien? -le pregunto el rubio devolviéndole la mirada. En aquellos ojos dorados se podía leer la dicha y la tranquilidad de quien ha logrado hacer realidad todos sus anhelos.
-Creo que sí -susurro el cantante por respuesta.
-¿Crees que sí? ¿Que clase de respuesta es esa? -Yuki simuló estar ofendido -Podrías tener un poco de consideración con mi ego.
-Mmmm, tu ego me tiene sin cuidado -su perfecta boca se curvó en una sonrisa maliciosa -¿Como te sientes tu?
Yuki lo beso con renovado entusiasmo. Cuando dejo los labios de Shuichi para dedicarle una mirada, sus ojos dorados brillaban como nunca antes.
-Me siento como si acabara de descubrir un tesoro.
-Ah, entiendo. No ha sido nada especial para ti, ¿neh?
-Hay una vena de perversidad en ti, Shindo Shuichi, que te puede meter en problemas cuando menos lo esperes. Por favor, dime cómo te sientes, koi -le pidió repentinamente serio.
-¿No es obvio?
Yuki titubeó.
-Quizás deseo que me lo digas con palabras.
-Me siento como si estuviera flotando -respondió Shuichi, mientras acariciaba con dulzura la mejilla del rubio -Siempre me produces ese efecto. Eres un amante fantástico, y estoy seguro de que siempre lo has sabido.
-Deberías darte de cuenta que eso solo es posible gracias a la forma en que tú me respondes.
-Lo sé -acepto Shuichi -Tu pasión solo se desborda de esa manera por la influencia de mi pasión, y viceversa.
A Yuki parecieron satisfacerle sus respuestas. De repente, volvió a colocarse encima de su pelirrosa amante.
-¿Tienes sueño?
-No, creo que no.
-Bien, me agrada escuchar eso -comento el rubio mientras su cara se iluminaba con una sonrisa que casi dejo sin aliento a Shuichi -No te imaginas lo ansioso que estoy por dejar zanjado un pequeño asunto que tenemos pendiente.
-¿Qué asunto?
-La abolladura del Porsche.
-Ah, nunca hubiera imaginado que consideraras ese pequeño asunto en un momento como este -respondió el cantante con voz traviesa.
-Depende de como se mire.
-¿Y cómo lo miras tú ahora, Yuki? -le pregunto el pelirrosa con interés.
-Pues después de lo que ha pasado entre nosotros, me siento inclinado a quitar importancia al asunto.
-No tenía la menor idea de que pudieras ser manejado tan fácilmente -Shuichi emitió una risita picara -Lo recordaré en el futuro.
-Hazlo -con tentadora lentitud movió su mano mas allá del ombligo del cantante -Ya veremos quien maneja a quien -y le cubrió la boca con la suya, al tiempo que su mano encontraba su flácido objetivo. Shuichi gimió, preparado para otro round con su adorado e insaciable rubio.

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Tres días después, Shuichi terminaba de ensayar su más nueva canción. Miró el reloj antes de bostezar disimuladamente. Era casi la hora de comer. Él y el resto del grupo esperaba ver a Ryuichi aparecer por la puerta del estudio en cualquier momento, pero su teléfono móvil sonó primero.
-¿Hola?
-Hola, Shu.
-Lalihooooooooooo Yukiiiiiii -saludo el pelirrosa con su característico grito hiperactivo.
-Shuichi, me vas a dejar sordo -gruño el rubio pretendiendo enfado.
-Gomen, Yuki. ¿Sucede algo? ¿Timmy...?
-Timmy esta bien, no te preocupes. Solo quería invitarte a una fiesta de cumpleaños. Como estaba en otro mundo, se me olvido invitarte la última vez que nos vimos.
-No estabas en otro mundo, Yuki. Estabas ocupado metiéndome mano como para si quiera ser capaz de recordar tu propio nombre.
-Ejem -se aclaro la garganta Suguru Fujisaki, recordándole así a Shuichi que no estaba solo allí y que definitivamente debía ser más discreto con esas cosas.
-Etto... ¿y de quien es la fiesta de cumpleaños? -pregunto el curioso pelirrosa, lanzándole una mirada de disculpa al siempre serio Fujisaki.
-Vaya pregunta, Shu. Obviamente que de Timmy. Si cumplir seis años es todo un acontecimiento. Es probable que lo único mejor que eso sea cumplir los siete. Vendrás, ¿verdad?
Shuichi se dio cuenta de que Yuki ansiaba que aceptara.
-¿Cuando será?
-El sábado. Como Timmy ha hecho algunos amigos por aquí, he decidido hacerle la fiesta para que los invite y se divierta un poco. Es un niño algo solitario y la verdad es que no quiero que sea como yo.
-Esta bien, Yuki. Allí estaré el sábado.
-¿Podrías extender la invitación a Sakuma?
-¿A Sakuma-san? -pregunto Shuichi parpadeando muy rápido.
-Si, a Sakuma-san.
-¿Y por que él?
-Por que Tatsuha se autoinvito a la fiesta y yo le prometí que le presentaría a Sakuma.
-Yuki, ¿intentas hacer de celestino?
-Claro que no -negó rápidamente el rubio y de inmediato cambio el tema -En cuanto a lo del viernes, te recogeré a las seis.
-Bien.
La cita para el viernes la habían concertado el martes por la mañana, cuando Yuki lo había llevado a su pequeña casa. Shuichi miró un calendario que había en el estudio, mientras pensaba en la forma en la que Yuki había vuelto a formar parte de su vida.
-Oye, Shuichi, ya Ayaka esta lista, ¿nos vamos a comer?
-Sí -dijo volviéndose hacia Hiro, que en ese momento terminaba de hablar por teléfono con la pelicastaña.
-Yuki, te tengo que dejar. Entonces hasta el viernes.
-Hasta el viernes. Y si necesitas algo llámame.
Ryuichi Sakuma llegaba corriendo en ese momento.
-¡Na no da! Ryuichi y Kumagoro ya están aquí -saludo el cantante de NG con su siempre alegría desbordante -Shu-chan -brinco al cuello del pelirrosado -Ryuichi y Kumagoro quieren pizza y malteada.
-Bien, pues no se diga mas -Shuichi le sonrió a su ídolo -Hoy comeremos pizza y malteada.
Fujisaki gruño por lo bajo, mientras Hiro le sonreía a manera de disculpa. Siempre quedaba elegir otra cosa del menú.
-Por cierto, Sakuma-san, ¿estarás ocupado el sábado?

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Cuando Yuki colgó el teléfono, tomo de nuevo su laptop y la coloco sobre sus piernas para continuar escribiendo. Distraído, echo la cabeza hacia atrás, hasta posarla en el respaldo del cómodo sofá, donde le había hecho una y otra vez el amor a Shuichi. Sonrió ante el recuerdo y casi se sintió arder de nuevo al recordar la desbordada pasión de su revoltoso koibito.
Las cosas marchaban bien, de eso no había duda. Shuichi aun estaba algo receloso de la situación, pero había cedido en un 90%.
El hiperactivo pelirrosado había estado unos días viviendo bajo su mismo techo; había aceptado a su hijo y se le había entregado con el mismo dulce y salvaje abandono que recordaba tan vívidamente. Los había atendido, a él y a su hijo, durante su enfermedad y no había huido cuando él había estado a punto de perder la calma con la abolladura del Porsche. Yuki recordó la conversación que había mantenido aquella misma mañana con el mecánico.
-¿Pero qué demonios le ha pasado? -le había preguntado el hombre mientras examinaba el golpe.
Parecía estar tomándoselo como una ofensa personal.
-Alguien le dio un golpe cuando estaba aparcado -explicó Yuki brusco.
-¡Vaya! -exclamó el hombre compadecido. Dirigió a Yuki una mirada de hombre a hombre, la clase de mirada que los hombres han intercambiado desde los tiempos de Adán -Le permitió a su pareja, la cual sin duda acaba de aprender a conducir, usar el coche, ¿eh?
-A mi prometido -Yuki se sorprendió de lo bien que había sonado la palabra en sus labios.
El placer que sintió fue casi suficiente para olvidar el precio de la reparación.
Las cosas iban por buen camino.
Shuichi todavía no confiaba plenamente en él, Yuki lo sabía, pero las barreras iban cayendo con rapidez. De ahora en adelante, sería cauteloso pero persistente, decidió. No debía presionarlo, pero tampoco podía dormirse en los laureles. Pretendía introducirlo lentamente en su vida, hasta que, una mañana Shuichi despertara y se diera cuenta de que, irremediablemente, ya formaba parte de ésta.
Entonces, podrían volver a vivir juntos de nuevo, de manera definitiva.
Yuki movió la cabeza, complacido con él mismo y satisfecho de que las cosas fueran, por fin, por buen camino.
Afortunadamente para él, Shuichi era de los que perdonaba y olvidaba de prisa y nunca guardaba rencor.

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El sábado por la mañana Shuichi fue a comprar un regalo de cumpleaños. Nunca antes había comprado un regalo para un niño, por lo que decidió visitar varias tiendas de juguetes.
Mientras examinaba una serie de artefactos mecánicos, dejó que su mente repasara los acontecimientos de la noche anterior.
Yuki lo había llevado a un restaurante muy elegante. A pesar de lo serio y aburrido que Shuichi encontró el ambiente, se divirtió mucho y Yuki se mostró satisfecho por el éxito de la velada. Los dos estuvieron tranquilos y la charla, como siempre, había fluido de manera fácil por parte de Shuichi, que no paraba de contarle a Yuki detalles de las grabaciones y demás.
Cuando llegó la hora de retirarse, Shuichi le pregunto a Yuki si era posible visitar a Timmy esa noche. Miro al rubio, esperando que no malinterpretara su pedido. Realmente quería ver al niño y no pretendía pasar la noche con Yuki. Aunque sabía que era incapaz de oponerse si el rubio se lo proponía.
Después de pensarlo por un largo momento, Yuki acepto.
Ya adentro del coche, la charla se encamino hacia Timmy.  Yuki le contaba, dejando notar en su voz su orgullo de padre, que Timmy había sido aceptado en uno de los mas prestigiosos institutos de Tokyo.
-¡Vaya! -comento Shuichi admirado -Así que entro a la Eitoku. Ese lugar es solo para genios, Yuki.
-Así es, Shu. Aunque se vea tímido y retraído, Timmy es un niño brillante. Su coeficiente intelectual es tan alto, que incluso yo me avergüenzo de mi mismo. Es un genio para las matemáticas.
-Estupendo -grito el pelirrosa, sintiéndose orgulloso.
-No tanto -susurro el rubio, apretando el volante.
-¿Por que? -pregunto el cantante, acariciando con dulzura las tensas manos de su rubio.
-Timmy conoce todo acerca de los números, pero no sabe cómo ser un niño normal. Tiene problemas para relacionarse con los demás. Es tímido y no le gusta hablar mucho a menos que se sienta cómodo y confiado.
-¿Por eso organizas la fiesta de cumpleaños?
-Si, por eso lo hago. Timmy ha logrado hacer algunos amigos, y quiero que se divierta mucho con ellos en su día. Quiero verlo sonreír más a menudo. Que diga lo que piensa y siente sin temor a enfadar a algún adulto. Nunca antes Timmy tuvo una fiesta de cumpleaños, así que esta un poco nervioso con el asunto.
-¿Nunca antes? -Shuichi lo miro asombrado -¿Todo esto es nuevo para Timmy?
-Absolutamente todo. Desde el tener una mascota o tener amigos, hasta tener una fiesta de cumpleaños.
-¡Que infancia tan solitaria, Yuki!
-Veras, Shuichi -Yuki hizo una pausa. Respiro profundo y relajo las manos sobre el volante. Condujo con una sola mano para entrelazar la libre con la calida mano de Shuichi que tenia a su alcance -la madre de Timmy era una mujer poco agradable. Desde antes que naciera uso al niño como medio para vengarse de mi.
Shuichi no se atrevía a mover un solo músculo, allí estaba la historia que tanto quería escuchar. El misterioso pasado de Yuki y la madre de Timmy. Miro fijamente al rubio, instándolo a continuar.
-Todo esto arruino a Timmy, que se volvía cada vez más distante a medida que crecía y comprendía algunas cosas. Sabía que su madre no me soportaba y que él era el instrumento que ella usaba para obtener de mi lo que deseaba. Como ya sabes, hace poco tiempo obtuve por fin el derecho a permanecer definitivamente con Timmy, y desde entonces no he parado de darle todo lo que necesita. Felicidad, cariño, libertad. Quiero que viva su niñez como cualquiera de su edad. Que grite, llore, rompa cosas, juegue en la arena. Que no tenga miedo a decirme que esta enfermo o que esta asustado.
-Ahora que recuerdo, Timmy le tiene demasiado miedo a la oscuridad.
-Realmente no es tanto miedo a la oscuridad. Tiene temor nocturno. Su pánico es quedarse solo en medio de la noche. Él podría vivir en la más profunda oscuridad siempre y cuando se sienta seguro y acompañado. Si esta solo en alguna habitación, aun con la luz encendida su terror no desaparece del todo.
-Aquella noche, cuando estaba en vías de recuperarse, recuerdo que lo escuche llorar muy suavemente. Estaba realmente triste y asustado. Me comento que había tenido un sueño donde tú lo abandonabas en medio de un lugar muy tenebroso.
-Cuando se portaba mal, su madre lo amenazaba con abandonarlo en la calle durante la noche para que el inmenso cielo negro se lo tragara por ser un niño malo. Y hacia más firme su castigo negándose a dejarle una luz encendida durante la noche. Cuando por fin pude tenerlo conmigo note su inquietud al caer la noche. Se aferraba con desesperación a mi mano para que no lo dejara solo en la habitación. Me quedaba acompañándolo hasta que se dormía, pero en medio de la noche volvía a despertar y lloraba asustado bajo el cobertor. Revolviéndose inquietamente y temblando de manera incontrolable.
El terapeuta de Timmy me dijo que sufrirá de ese miedo hasta por lo menos los quince años. Al menos ahora duerme más y ha dejado de mojar la cama y de vomitar sin parar cada vez que se sentía nervioso.
Shuichi se sentía incapaz de decir algo. Solo podía sentir una irracional ira, que se extendía por todo su cuerpo. Sin darse de cuenta, estrujo con fuerza la mano de Yuki y apretó los dientes tratando de contener y canalizar su furia.
-Calma, Shuichi -le pidió el rubio deteniendo el coche y acariciándole la mejilla -los malos días de Timmy  ya se han ido y con un poco de suerte, no serán mas que lejanos y borrosos puntos en su memoria. Ahora puedo asegurar que es un niño feliz. Tranquilo y feliz -beso con suavidad la mano de Shuichi, hasta que este la relajo y le obsequio a Yuki una mirada llena de infinito e imperecedero cariño. El rubio se la correspondió de la misma manera -Ya llegamos, Shu. Timmy se pondrá feliz al verte.
-¿Madoka esta cuidándolo?
-Si. Es realmente una buena chica. Timmy la aprecia mucho. ¿Shuichi...?
-¿Si?
-Aun no he terminado de contarte todo con respecto a la madre de Timmy. Faltan cosas por decir...
-Y claro que las quiero escuchar, pero dudo mucho que me las alcances a decir todas antes de que lleguemos a tu piso.
-Entonces lo dejaremos pendiente para la próxima vez.
Shuichi solo asintió antes de subir al ascensor tomados de la mano. Aprovechando la soledad reinante en aquel estrecho aparato, se besaron. Shuichi ahogo un gemidito cuando Yuki lo aprisiono entre las paredes del ascensor y su cuerpo, llenándolo de fugaces caricias y besos furtivos.
Se separaron con reticencia, cuando finalmente llegaron al piso donde estaba el apartamento del rubio y las puertas se abrieron.
Antes de que Yuki introdujera la llave, Shuichi lo detuvo.
-Una cosa más, antes de cruzar por tu puerta, ¿que fue de la madre de Timmy?
-Esta muerta.
La respuesta del rubio no lo sorprendió mucho, Shuichi compuso su mejor sonrisa para brindársela al niño apenas entraran y lo vieran. Pero en su interior deseo, que aquella odiosa mujer sufriera y fuera condenada a lo mas profundo de los infiernos.
Esa noche, Timmy estuvo muy animado con la visita de Shuichi y mientras Yuki llevaba a Madoka a su casa, el enérgico cantante aprovecho para preguntarle al pequeño rubio que quería de regalo de cumpleaños. Con aquella timidez que ya lo caracterizaba, el niño le dijo a Shuichi que no necesitaba regalarle nada mas, pues el pelirrosa ya le había dado a Kumagoro dos.
Testarudo, Shuichi se ofreció a darle un regalo, argumentando que Kumagoro no hacia parte de su regalo de cumpleaños.
Ruborizado, el niño le pidió a Shuichi que le regalara su compañía. Que se viniera a vivir con su papá y él.
Con todo el tacto del mundo, algo que definitivamente Shuichi no tenía, este le dio al niño una respuesta en la que no negaba tal posibilidad, pero tampoco la confirmaba.
Después de servirle al niño algo de leche tibia y darle un poco al enfurruñado gato dorado, Shuichi se acerco a la ventana para estar pendiente de Yuki, que sin lugar a dudas ya estaba por llegar.
Se sorprendió un poco al ver al niño, parado a su lado aferrandose a las cortinas.
-¿Pasa algo, Timmy? -Shuichi se inclino un poco para mirarlo. Conmovido por el gran esfuerzo que hacia el niño para no llorar.
-¿Vas a irte tan pronto?
-Mañana vendré a tu fiesta de cumpleaños, y como es tu día prometo que me quedare a dormir acá, ¿vale?
-Shuichi, mi daddy es muy bueno.
-¿Y por que lo dices?
-No sé -sollozo con suavidad el niño -Solo se que mi daddy es un hombre muy bueno.
-Eso ya lo sé, Timmy -concedió el pelirrosa abrazando al niño -Tu papá es el hombre mas gruñón, pero también el mas bueno de este mundo.
-¿Entonces por que no lo quieres?
-Pero si lo quiero. Lo quiero mucho, mucho. De aquí hasta Júpiter.
-Eso no es mucho -comento el niño, ya calmándose -Plutón esta más lejos.
-Ehhh, bueno. Entonces corrijo y digo que lo quiero mucho, mucho. De aquí hasta Plutón.
-¿Y a mi?
-Ufff, a ti te quiero mucho más que hasta Plutón. Pero no se lo digas a Yuki porque se pone celoso de que no lo quiera tanto como a ti.
-Tu también eres muy bueno, Shuichi -susurro el niño hundiendo su rostro en el pecho del cantante -Eres el segundo hombre mas bueno de este mundo.

 

CONTINUARA...