sTrAy HeArT
sTrAy HeArT
Disclaimer: No gano, no pierdo. Todo es de sus respectivos autores.
Pareja: ¿Yuki x Shuichi?
TRACK 6: GLARING DREAM
Shuichi se pasó la mayor parte de la mañana yendo de la habitación de Timmy y la improvisada cama de Yuki, a la impecable cocina. Con objeto de que sus rubios pacientes no se deshidrataran, les preparó té, limonada y leche, bebidas que les daba de forma alterna. Hacia el mediodía empezó a pensar en comer y se preparó un sandwich.
Parecía que Timmy ya había pasado lo peor. Estuvo dormido hasta la media tarde. Cuando despertaba y lo encontraba junto a él, con un vaso de limonada o de leche, aceptaba su presencia sin preguntar.-¿En donde esta daddy? -inquirió en una ocasión, con voz muy tímida.
-En su habitación. También está enfermo.
El niño asintió con la cabeza y lo miró muy serio.
-¿Y también estás cuidándolo?
-Lo estoy intentando.
-Ya veo -susurro el pequeño mirando a Shuichi con melancolía.
Diez minutos después entró en la sala y encontró a Yuki tumbado boca abajo en el sofá-cama. Descubrió que estaba desnudo pues los pantalones y los boxers se encontraban en el suelo. La cálida manta que lo cobijaba sólo le llegaba a la cintura, dejando al descubierto, por lo tanto, los contornos fuertes y bien formados de su espalda. Por un momento, Shuichi recordó la sensación que le producían los fuertes músculos bajo la palma de sus manos y la dureza anhelante de aquel firme cuerpo masculino un momento antes de cubrir el suyo.
Mientras aquella imagen cobraba vida en su memoria, Yuki se sentó con un brusco movimiento. Le dirigió una mirada casi salvaje, luego, apartó la manta y se levantó. Corrió al baño y cerró la puerta dando un portazo.
En ese momento un casi imperceptible lloriqueo llamo la atención del cantante. Aguzo el oído todo lo que pudo, y cuando comprendió de donde provenían aquellos sollozos corrió a la habitación de Yuki.
En silencio, abrió la puerta y se sintió conmovido al ver al pequeño niño llorar con suavidad, como si quisiera desahogar su agonía y al mismo tiempo no llamar la atención de nadie.
El pelirrosa se acercó a la cama y se sentó a su lado. Lo rodeó con un brazo y el pequeño rubio apoyó la cabeza contra su pecho, estremeciéndose.-¿Que te pasa, Timmy? -preguntó en un susurró.
-Esta oscuro –comento el niño con voz nublada –además tuve un sueño. Un sueño donde todo estaba sombrío y tenebroso y daddy me dejaba solo y nunca regresaba por mi.
-Yuki te ama, jamas haría eso -suavemente, Shuichi lo apretó contra si, meciéndolo con ternura -¿Quieres que llame a tu papá?
-No -el niño se tensó -Yo no quiero molestarlo. Él esta enfermo.
-Esta bien, entonces me quedaré contigo hasta que estés mejor -lentamente el niño dejo de llorar, regresando nuevamente el silencio a la habitación. Shuichi se dedico a acariciarle el hombro y le quito el cabello de los ojos. Cinco minutos después, Timmy ya estaba dormido.
Intentaba deshacer el firme abrazo del niño para acomodarlo de nuevo en la cama, pero casi estaba perdiendo la batalla. El niño se aferraba fuertemente a él.
-Déjame ayudarte.
Shuichi casi se murió del susto al oír aquella voz a su espalda. Rápidamente se volvió hacia Yuki que avanzaba con pasos algo torpes hacia la cama. Apenas si se había puesto una toalla para cubrir su desnudez.
Con una suavidad casi imposible de imaginar en él, Yuki libero al pelirrosa de aquellos pequeños brazos y deposito con delicadeza al niño, para luego arroparlo y acariciarle el alborotado cabello.-¿Que sucedió? -pregunto el rubio, mirando a Shuichi con un toque de vergüenza en su mirada dorada.
-Tuvo un sueño algo desagradable. Lo escuche llorar muy quedamente.
-Gracias por tu ayuda -susurró el rubio con amargura. No parecía realmente agradecido. Era como si le avergonzara el hecho de que su hijo fuera el centro de tanta atención.
-No tienes que agradecer, Yuki -repuso el pelirrosa, con tono cortante -No podía dejarlo ahí, llorando, sin hacer nada.
Lo que Yuki iba a decir, quedo olvidado en el momento en que este miró al cantante con irritación y corrió una vez mas al baño.
Antes de salir de la habitación, Shuichi le dedico una mirada tierna al niño que descansaba en la cama y finalmente salio cerrando la puerta con suavidad.
Al llegar a la sala, se dedico a recoger la ropa de Yuki que estaba dispersa y la acomodo en un rincón. Segundos después, cuando un exhausto y pálido Yuki apareció, Shuichi le sonrió con simpatía.-Vuelve a acostarte, Yuki. Te traeré algo de tomar.
Acomodo la manta y las almohadas intentado apartar la mirada del cuerpo semidesnudo del rubio.
-Me siento fatal.
-Y te ves fatal. ¿Que quieres comer?
-Creo que nunca volveré a comer -gruño el rubio mientras se arrancaba la toalla de la cintura, se dejaba caer en el sofá y se arropaba con la manta -¿Cómo siguió Timmy?
-La fiebre le ha bajado y no ha vuelto a vomitar. Se pondrá bien, y tú también, dentro de un par de días, claro.
-¡Maldita sea! Espero que tú no te pongas enfermo también. Tohma me mataría si lo dejo sin su cantante estrella.
-Shuichi Shindo no se enferma nunca -le dijo el pelirrosa poniéndose las manos en las caderas y sacando el pecho de manera graciosa.
-Si, eres el "indestructible baka" -comento el rubio con sorna, pero luego, su semblante adquirió seriedad -Lo siento, Shuichi, pero tendrás que quedarte, a menos que llames a tu amigo Hiro para que venga a buscarte. No estoy en condiciones de conducir.
-Tampoco estas en condiciones de cuidar a Timmy, ni de cuidarte a ti mismo. Estoy decidido a quedarme. Y, hablando de conducir, iba a comentarte una cosa.
-¿El qué? -pregunto Yuki con una mirada sospechosa.
-Bueno, estaba pensando en pasarme por el supermercado. Hay que comprar leche y sopas de cajita listas para poner en el microondas. No es gran cosa pero podrían caerle muy bien a Timmy. ¿Crees que podrás quedarte solo una hora? El niño no despertara pronto.
Yuki frunció el ceño.
-¿Como vas a ir al supermercado?
-En tu coche, por supuesto -sonrió persuasivo el pelirrosa.
Yuki lo miro asombrado.
-¿En mi Porsche? -repitió por fin, con voz débil -¿Desde cuando conduces?
-Desde hace poco más de un mes -contesto Shuichi con tranquilidad -¿En donde tienes las llaves del coche?
-Pues...
-Yuki, no te pongas tonto conmigo. Ya sé que estás locamente enamorado de ese coche y te prometo que lo cuidaré. Solamente voy a ir al supermercado más cercano. Ni siquiera notarás que me he ido.
-Bueno...
-Las llaves -exigió el cantante con una sonrisa demasiado dulce.
-Están en el mueble de la entrada -dijo por fin, gruñendo.
Se incorporó para observar cómo su pelirrosa amante recogía las llaves que había dejado sobre el elegante mueble.
-¿Shuichi?
-¿Sí, Yuki? -se detuvo en el umbral de la puerta con una expresión inquisitiva.
-Tendrás cuidado, ¿verdad? Aparca el Porsche lo más retirado de los otros coches como te sea posible y no aumentes la velocidad mas allá de lo permitido. ¿Sabes como funciona la palanca de cambios?
-Lo aprenderé ahora mismo -le aseguró Shuichi con una sonrisa maliciosa.
-¡Shuichi!
Antes de que Yuki pudiera salir del sofá, el pelirrosa ya se había ido. Con un gemido de desesperación, el rubio volvió a hundirse en las almohadas y cerró los ojos. Cuando oyó el motor del Porsche fuera, apretó los labios. Pasó uno o dos minutos espeluznantes al oír a Shuichi echar a andar y después, todo terminó. Su coche y su amante se habían ido.
El cantante hizo las compras con una extraña sensación de placer. Le gustaba saberse dueño de la situación. Con una sonrisa gigantesca compro algunos bizcochos, sopa y comida enlatada, lamentando el no saber cocinar.
Metió los paquetes en desorden dentro del auto. Siguiendo las instrucciones de Yuki, lo había aparcado a cierta distancia de la entrada principal de la tienda. El recuerdo de la expresión resignada del escritor al prestarle el coche, hizo sonreír a Shuichi maliciosamente.
Cuando entró en la casa con los paquetes, camino derecho hacia la habitación de Timmy que aún dormía. Dejó las bolsas encima de la mesa de la cocina y regreso a la sala para ver a Yuki.
El rubio despertó al tiempo que Shuichi dejaba las llaves en el mismo lugar de donde las tomo.-¿Como te sientes, Yuki?
-Mal. ¿Cómo esta el coche?
-Me alegro de conocer tu escala de valores, Yuki. El coche está perfectamente. Supongo que, ahora que tengo algo de práctica, no te importara que lo lleve a mi trabajo el lunes.
-¿Vas a quedarte hasta el lunes? -preguntó entornando los ojos.
-A menos que tengas otra brillante sugerencia.
-Para el lunes ya estaré bien -dijo el rubio en un hilo de voz.
-Estoy seguro de ello, pero no tan bien para andar recorriendo las calles en el Porsche. No te preocupes, el coche y yo hemos llegado a un acuerdo. ¿Todavía tienes fiebre? -se acercó y le puso la palma de la mano en la frente.
Yuki levantó la vista para mirarlo.
-No sabes como siento todo esto, Shuichi.
-Esto es parte de la realidad de lo que me ofreces, ¿no es así?
-Si, pero no quería que la vieras tan de golpe y apenas empezando.
-Tampoco te ha gustado mucho tener que dejarme el Porsche. Tal vez, cuando todo esto termine, a los dos nos entre el pánico y corramos en direcciones opuestas.
-Yo no correré en dirección opuesta -le prometió -Correré detrás de ti. Recuérdalo.
-¿Qué harás si me doy un golpe con el Porsche? -preguntó con una sonrisa malévola mientras destapaba una botella de agua y se la pasaba a su rubio.
-En ese caso, correré detrás de ti para vengarme -le prometió Yuki.
El breve destello de buen humor en sus ojos dorados desapareció de pronto. El rubio gruño y fue de nuevo al baño.
Shuichi no estaba seguro de que el olor de la sopa pudiera atraer la atención de alguien esa noche, pero se sintió complacido al ver que al menos Timmy se mostraba interesado por ella. Lo sorprendió al entrar en la cocina descalzo, con el rostro somnoliento. Parecía muy cansado y levemente sonrosado, pero sus ojos azulinos ya estaban despejados. Se paró en medio de la amplia cocina y observó a Shuichi, que en ese momento estaba alistando unos platos.-Hola -dijo al fin el niño, con timidez.
-Hola. ¿Tienes hambre?
El pequeño rubio asintió con la cabeza.
-¿Y daddy?
-Aún está en la cama. ¿Por que no vas a preguntarle si le apetece un poco de sopa?
-De acuerdo -el niño se volvió y salió corriendo.
Unos minutos después, volvió a aparecer.
-¿Y bien? ¿Qué ha dicho? -pregunto el cantante mientras metía los bizcochos en el horno.
-Ha dicho -respondió el mismo Yuki apareciendo detrás de Timmy -que se siente capaz de tomar un par de cucharadas de algo que huele tan bien como esa sopa.
Shuichi se volvió con una cuchara en la mano. Yuki se había puesto un pantalón negro y una camisa blanca. Aún parecía débil, pero Shuichi pensó que obviamente se sentía mejor.
-Muy bien. A sentarse todo el mundo -anunció, mientras dejaba la sopera en la mesa de la cocina.
Nadie, excepto Shuichi, comió una cantidad significativa de comida, pero se sintió feliz al ver a los dos rubios comer algunas cucharadas de sopa y uno o dos bizcochos. En la mesa reinaba una confortable informalidad. Después de comer, Yuki y Timmy se fueron a un sillón a ver televisión, mientras el cantante dejaba los trastes sucios en el lavaplatos automático.
-Bien -dijo el pelirrosa entrando en la sala -creo que debemos hacer algo con respecto a donde dormiré yo esta noche.
-¿Por que no duermes conmigo? -pregunto con timidez el niño.
Shuichi se sintió conmovido ante la amable actitud del pequeño.
-No es bueno incomodarte, Timmy. Aún estas algo débil.
-¿Entonces por que no duermes con daddy? -pregunto una vez mas el niño. Esta vez, lejos de sentirse conmovido, Shuichi se sintió avergonzado.
-Ehhh, no. Tu papá también esta enfermo, es mejor dejarlo descansar.
-Ya no tengo mas ideas -comento el niño mirando al pelirrosa con una sonrisa discreta.
-Bien, yo tengo una -comento de repente el rubio adulto -Yo dormiré con Timmy y Shuichi dormirá en el sofá.
-Pero... -iba a protestar el pelirrosa.
-Nada de peros, Shuichi. Así cuidare mas fácil del niño y tu te dedicaras a descansar -miro dulcemente a su hijo y le pregunto: -¿Estas de acuerdo, hijo?
-Totalmente -respondió el niño asintiendo con la cabeza.
El domingo, ya era evidente que Yuki y Timmy estaban en vías de recuperación. La sopa de cajita, calentada en el horno microondas supo mejor a la hora del almuerzo y Shuichi decidió ordenar algo más nutritivo por teléfono para la cena.
El niño se recuperó muy pronto. Para la noche del domingo Timmy estaba discretamente enérgico. Cuando por fin logro convencerlo de que se acostará, se quedó sorprendido cuando el niño le rodeó el cuello con los brazos y le dio un beso de buenas noches.-¿Estarás aquí por la mañana, Shuichi? -le pregunto el pequeño, con una sonrisa suplicante.
-Sí, claro que si -le prometio el cantante.
-¡Que bien!
El niño pareció quedarse tranquilo y lo observó dirigirse hacía la puerta.
-¿A que horas vendrá daddy a dormirse conmigo?
-No creo que tarde, pero trata de dormirte ya mismo. Nada de esperarlo despierto, ¿neh?
-Vale, pero no apagues la luz. Se pone oscuro todo y no me gusta. Me da miedo.
-Si, es verdad. Yo antes tenía miedo a la oscuridad. Dejaré la luz encendida, mientras Yuki se reúne contigo.
Cuando entró en la sala, se derrumbó en el sofá.
-No sabes lo feliz que estoy de que por fin Timmy se haya recuperado -le comentó a Yuki, que estaba como en antaño, escribiendo rápidamente en su laptop.
Dejo a un lado su computadora portátil y extendió una mano para tomar la de Shuichi.
-Gracias por todo, Shuichi. Me hubiera sido imposible arreglármelas sin ti.
-¿Y que pasará mañana?
-Mañana estaré bien y podré ir a encontrarme con mi editor -dijo con decisión.
-No creo que debas hacer eso. Necesitas otro día por lo menos para recuperarte del todo.
-Estoy seguro de que mañana ya me sentiré completamente bien, Shuichi.
-No seas terco, Yuki, necesitas otro día para recuperarte y tú lo sabes.
-Yo no... está bien. Si esto te hace sentirte mejor, llamaré por teléfono a mi editor y de paso a Madoka para que no venga a cuidar de Timmy.
-¿Estas seguro de que podrás quedarte solo con Timmy mañana? -pregunto el cantante, preocupado.
-Sí, y el martes ya podré ir a ver mi editor -se aclaró la garganta -Oye, Shuichi, acerca de llevarte el Porsche mañana...
-Me cuesta trabajo esperar -dijo con odioso deleite -Voy a ser la envidia de Hiro.
-Prométeme que tendrás mucho cuidado -Yuki lo miraba con ansiedad -Es mucho coche. No quiero que corras ningún riesgo, ¿me entiendes?
-Yuki, se conducir bien. Así que deja de preocuparte.
El rubio no pareció quedar convencido.
-Solo quiero que me des tu palabra de que tendrás mucho cuidado. ¿Estas seguro que te sientes bien?
-Perfectamente. Creo que Timmy y tú no han conseguido contagiarme.
-¡Que faena! -suspiró el rubio -Nunca hubiera imaginado que a tu regreso a este apartamento, me pondría tan enfermo que no podría aprovechar la oportunidad.
-Así es la vida. No tenía la menor idea de que cuidar a dos rubios guapos fuera tan divertido.
Cuando Yuki lo miro, vio que su amante le sonreía con los ojos. Se dijo a sí mismo que no todo estaba perdido. Su mano apretó la de Shuichi.
A la mañana siguiente, Shuichi se montó en el Porsche muy temprano para ir a NG RECORD'S. Sabía que Yuki lo observaba desde la ventana, así que, alegre, se despidió con la mano y acelero un poco para darle algo en que pensar durante el resto del día.
Con la cara manchada de mermelada, Timmy le había dado un beso de despedida. A Shuichi eso no le había molestado, le había dicho que se portara bien y que cuidara de papá, y luego, siguiendo un impulso se había puesto de puntitas y le había dado a Yuki un beso en la mejilla. Al rubio le había sorprendió mucho la inesperada caricia. Sus manos se habían movido para agarrar a su amante pelirrosa por la cintura y robarle un largo beso en los labios, pero sus propósitos no fueron realizados porque Shuichi se soltó ingeniosamente de su agarre y se dirigió a la puerta sin perder un segundo.-Bueno, hijo, ¿que te parece? -preguntó mientras los dos veían desaparecer el Porsche.
-¿Cuándo volverá Shuichi? -pregunto el niño, ignorando la ambigua pregunta de su padre.
-Después del trabajo.
-¡Que bien! -Timmy afirmó con la cabeza -Él también tiene miedo a la oscuridad, ¿lo sabías, daddy? -le pregunto a su rubio padre.
-No, no lo sabía -dijo pensativo -Quizás yo pueda hacer algo para solucionar ese problema.
Shuichi dio un pequeño rodeo al ir a la oficina para pasar por su pequeña casa, asegurarse de que todo estaba bien y ponerse algo de ropa más cómoda para sus ensayos del día. Dos días atrás le había pedido a Hiro que se echara una pasadita y de paso se llevara consigo a “Kumagoro dos”.
Vestido con un corto pantalón y una llamativa camisa sin mangas, subió al Porsche y continuó su camino.
Obediente, aparcó el auto en el hueco más apartado del estacionamiento para evitar que le dieran algún golpe con la puerta de otro coche y luego se dirigió a la entrada principal de NG RECORD'S.-Oye, Shuichi -lo llamo Hiro, corriendo para alcanzarlo -Acabo de ver el coche en el que has venido. Has debido de tener un interesante fin de semana con Yuki Eiri para que te regalara su coche.
-Me merezco haber venido en ese coche, Hiro -contestó el pelirrosa riendo estruendosamente -Y si, he pasado un interesante fin de semana, cuidando a dos rubios enfermos.
-¿Dos rubios? -inquirió el pelirrojo con voz sorprendida, mientras entraba a la sala de ensayos. Increíblemente, Suguru no había llegado aun.
Shuichi le contó a su mejor amigo todo lo sucedido desde el día que furioso, le había gritado a Yuki que ya sabia de la existencia del niño, y se había marchado esa noche con Sakuma, hasta lo poco que sabía del hijo de Yuki. Al finalizar su relato, Hiro estaba estupefacto.
-¡No puedo creerlo!, que bien guardadito tenía Yuki a su hijo. Cuando la prensa se entere, se armara la grande -tomo su guitarra y toco algunos acordes -Así que Sakuma se ha rendido contigo.
-No puede haber nada entre Sakuma-san y yo, Hiro. Ya te lo había dicho antes.
-Pero, ¿estas seguro de si querer algo con Yuki? ¿Puedes confiar en él?
-Estoy intentándolo, Hiro. Aun no se que hacer, pero no daré un paso sin antes meditar las consecuencias. No soportaría una nueva herida de parte de Yuki. Esta vez si que seria mi fin.
-Sea lo que sea que decidas, yo te apoyare, Shuichi. Solo ten cuidado y dile a Yuki que mas le vale no volver a lastimarte, porque esta vez si que sabrá porque mis puños hicieron historia en nuestra época de estudiantes -comento el mas alto, dejando a un lado su guitarra para dedicarse a revolver los cabellos rosados de su mejor amigo -por cierto, cuando pase por tu casa todo se veía normal. ¿Ya la policía tiene alguna noticia acerca de la persona que acechaba en tu casa?
-Aun no se sabe nada. ¿Como esta Kumagoro dos?
-Bien, muy bien. Ayaka-chan esta encantada con él.
-¿Crees que es posible que pueda traérmelo para llevármelo de nuevo conmigo?
-Ahora mismo la llamare, aun debe estar en mi apartamento durmiendo. No tendrá clases sino hasta las once de la mañana.
-¿Ayaka durmiendo en tu apartamento? -pregunto el cantante con malicia -¡Oh, Hiro!. ¡Ya eres todo un hombre! -sus ojos empezaron a brillar al tiempo que las mejillas del pelirrojo hacían juego con su cabello.
-¡Deja de decir tonterías!
-Ohhhh Hiro, si, así -empezó a gemir Shuichi tratando de hacer voz femenina, en una clara muestra de estar imitando a Ayaka en sus momentos íntimos con su pelirrojo amigo -mas fuerte, oh si. Hiroooooooo que bueno eres, ahhhh, ohhhh, más rápido. Hiroooo ahhhhhh Hiroooooo...
-Aghhh ya cállate, baka -gruño el pelirrojo lanzándose sobre su amigo, para taparle la boca y callarlo de una vez por todas. En ese momento, entro Suguru Fujisaki, saludándolos tan formalmente como siempre.
Horas después, cuando su jornada laboral terminaba, Shuichi tomo entre sus brazos a su adorado Kumagoro dos y después de despedirse de Hiro y Suguru se dirigió al lugar donde había dejado el Porsche.
El parachoques presentaba una desagradable abolladura. Quienquiera que lo hubiese hecho, no se había molestado en dejar una nota.
Shuichi se preguntó con nerviosismo, como tomaría Yuki la noticia de que su querido coche, tenía un pequeño daño.-Creo que estoy en serios problemas, Kumagoro -la bola de pelos que descansaba entre sus brazos apenas movió las orejas y luego lo ignoro olímpicamente -si, ya decía yo que se podía contar contigo...
.-.
Shuichi subió por el ascensor casi deseando huir y no darle nunca la cara a Yuki, su sentimiento de desolación aumento al detenerse en la puerta de aquel lujoso apartamento. Finalmente la abrió y entro sintiendo que se dirigía directo a su muerte.-¡Shuichi! -Timmy salió a su encuentro corriendo.
Era obvio que ya se sentía bien. Se abrazó a la cintura de Shuichi y se echó a reír.
-Hola, Timmy. Me alegra ver que ya te sientes mucho mejor -lo saludo el cantante revolviéndole el cabello.
-¿Y eso? -pregunto el niño señalando a la perezosa bola de pelos que permanecía tranquila en los calidos brazos de su dueño.
-Se llama Kumagoro dos, ¿te gusta?
-¡Se parece a daddy! -comento el niño mirándolo con curiosidad -Tiene el pelo y los ojos dorados como él.
-Sí. Tienes razón -concordó Shuichi, obsequiándole al niño una sonrisa.
-¿Puedo cargarlo? -pregunto estirando los brazos. Se detuvo a medio camino cuando escucho salir un pequeño gruñido -Oh, ¿eso significa que no quiere ser mi amigo?
-Kumagoro es amigo de mis amigos. Solo le gruñe y muerde a los que no son amigos míos. Nosotros tenemos un trato al respecto -comento el pelirrosa desacomodando al animal para llevarlo a su cara y mirarlo fijamente a los ojos -Se bueno con Timmy, Kumagoro. Él es mi amigo.
El niño observaba fascinado la escena. Eso le indicaba a Shuichi, que el pequeño nunca había tenido una mascota.
-Bueno, creo que Kumagoro y yo ya hemos aclarado las cosas -le dijo al niño, mirándolo con cálidez -Ahora, alarga la mano y ponla frente a su nariz. Todavía no lo toques.
El niño trago saliva y obedeció, actuando con una gran lentitud. Apretó la mano y la alargó. Kumagoro miro a Shuichi y luego a Timmy, y después de olerlo un par de veces, le lamió un dedo.
-Ya está. Kumagoro sabe que eres mi amigo, de modo que ahora también eres su amigo.
-¿Puedo cargarlo ahora si? -la expresión en aquel rostro infantil era tan dulce, que Shuichi tuvo que reprimir las ganas de abrazarlo con extremada fuerza. Era imposible no caer seducido bajo la timidez y discreto encanto de aquel pequeño.
-Mmmm, pero antes de eso, y para estar seguros que ha aceptado ser tu amigo, debes darle de comer. La bolsa de alimento que compre ayer esta en la gaveta cerca al lavaplatos. Sirve un poco en un plato y acarícialo mientras come. La forma mas rápida de llegar al corazón de Kumagoro es pasar por su estomago.
-¡Ya mismo voy por el alimento! -comento el niño con una alegría nada característica en él. Shuichi no podía dejar de pensar que aquel niño era muy reservado y serio -Le diré a daddy que me ayude a servir en el plato. Él esta en la cocina preparando bebidas.
-Esas son unas noticias maravillosas, Timmy -sonrió ampliamente a pesar de que se sentía agobiado -Necesito una copa. ¿Que tal si ya que vas para la cocina le dices a tu papá que yo ya estoy aquí?
Shuichi dejo sobre el sofá la perezosa forma animal que llevaba en brazos, mientras el pequeño rubio corría hacia la cocina.
-Bienvenido, Shuichi -lo saludo Yuki entrando a la sala, secándose las manos con un paño de cocina.
-Lalihooo, Yuki.
La boca del escritor se posó en la de su pelirrosa amante con un beso cálido y firme. Luego bajó la vista y miró la ropa que llevaba Shuichi.
-Veo que has pasado por tu casa, ¿esta todo bien?
-Sí, todo esta bien.
-Así que este es el gato que tiene alborotado a Timmy -Yuki estiro su mano para acariciar el dorado lomo, pero se detuvo a medio camino cuando escucho al gato gruñirle de manera poco amigable.
-Dale tiempo, no es muy amable con los desconocidos.
-¿Como se llama tan poco amable personaje?
-Kumagoro dos.
-Ah... Kumagoro... -repitió el rubio levemente irritado -Lo cual debo suponer, es un regalo de Sakuma.
-Sí. Sakuma-san fue quien me lo regalo...
-Ahora entiendo porque la actitud tan poco amistosa de ese gato hacia mi.
-Vamos Yuki, no empieces con eso. Pense que Sakuma-san y tu ya se estaban llevando mejor.
-Esta bien, olvida lo que dije. ¿Como estuvo el trabajo hoy?
Shuichi respiró profundo, era el momento de confesar lo sucedido.
-Bien, el trabajo estuvo bien. Yuki, hay algo que debo decirte, pero antes quiero que sepas que yo no he tenido la culpa...
Los dorados ojos se entornaron mientras observaba la mirada decidida de Shuichi, la tensión de su cuerpo y el temblor de sus manos.
-¡El Porsche! -corrió hacia la puerta.
-¿Adónde va daddy? -preguntó Timmy que entraba a la sala justo para ver a su padre salir del apartamento.
-A conocer una faceta no muy agradable de la realidad -dijo Shuichi con un suspiro -Veo que también trajiste agua, eres un chico listo. ¿Que te parece si le das el alimento y el agua a Kumagoro mientras tu padre y yo ya venimos?
El niño asintió encantado. Con voz suave llamo al gato, que al notar que era la hora de comer, corrió a su encuentro. Tal y como Shuichi se lo había pedido, Timmy se dedico a acariciar el lomo del felino, mientras este devoraba su alimento.
Shuichi subió al ascensor y llego al parqueadero justo a tiempo para ver a Yuki pasar la mano por el metal dañado como si estuviera tocando una herida abierta.-¿Que ha pasado? -preguntó sin molestarse en mirar a Shuichi, mientras examinaba el parachoques.
-Lo siento mucho, Yuki. Ha sucedido en el aparcamiento. Aparque lo más retirado que pude de los otros coches, pero alguien le dio un golpe.
-Entiendo -las palabra brotaron sin entonación.
-Por supuesto yo pagaré la reparación -dijo el mas bajo, levantando la barbilla.
-Lo de menos es la cuestión de pagar -Yuki alzó la cabeza y lo miró -te pedí que tuvieras cuidado, Shuichi.
-Y lo tuve, Yuki. Estas cosas suelen pasar. Ya te he dicho que pagaré el arreglo y lo haré.
-¡Maldita sea, Shuichi! Debí haberte llevado. ¿Por qué demonios he dejado que me convencieras de que hoy me quedara en casa?
Silenciosamente, Timmy se había reunido con ellos en el lugar. Presenciar la discusión de los dos adultos lo mantenía clavado en su sitio. Se veía realmente nervioso.
-¿Daddy?
Shuichi miró al niño y comprendió en el acto que quizás Timmy estaba recordando otras escenas de tensión entre adultos, escenas en las que seguramente eran protagonistas sus dos padres. Eso le recordó a Shuichi lo poco que sabía de la madre del niño y que tipo de relación había llevado con Yuki.
Antes de que Shuichi pudiera dar un solo paso, Yuki se le adelanto y fue inmediatamente hacia el niño.-No te preocupes, pequeño. Todo esta bien.
-Estás enfadado -dijo el niño mirando a Shuichi -enfadado con Shuichi.
-Sí, lo estoy -respondió Yuki, cogiendo en brazos al niño, mientras sus ojos buscaban a los de Shuichi con un franco desafío -Pero Shuichi no es el tipo de persona que huye de mis enfados. ¿No es así, Shuichi?
-Por supuesto que no. Además, en este momento me muero por tomarme una copa de lo que sea.
-Shuichi me dijo que habías salido a conocer una faceta no muy agradable de la realidad -comento el niño ya más tranquilo.
-¿Eso ha dicho? -Yuki arqueó una ceja -Bueno, creo que yo también necesito un trago.
-Si el interrogatorio ha terminado, voy a cambiarme de ropa -declaró Shuichi.
-De acuerdo -murmuró Yuki -pero no creas que ha terminado.
Shuichi regreso al apartamento y se dirigió al baño para tomar una ducha, después de vestirse fue a la cocina y encontró un cocktail frutal esperándolo en la mesa. Yuki preparaba algo parecido a una ensalada. Timmy no estaba a la vista, pero Shuichi pudo oír el ruido de la televisión en la sala. Cogió su vaso y bebió un sorbo.
-Entonces -empezó a decir el pelirrosa a la defensiva -¿Vas a despellejarme lentamente o prefieres dejarme solo en el desierto son agua?
-¡Adivínalo! -dijo Yuki partiendo en trocitos los champiñones -Sólo te diré que puedes considerarte a salvo hasta que Timmy se duerma.
-Deduzco que no quieres que presencie peleas.
-Ya ha visto demasiadas.
Shuichi quería intentar hablar una vez más del asunto de la madre de Timmy, pero sintió que ese no era el momento adecuado para ello.
-Realmente siento lo del coche -dijo Shuichi, dando otro sorbo a su bebida.
-No te preocupes, ya encontraré la forma de indemnizarme por el desastre -sus dorados ojos adquirieron un significativo brillo.
-Esperaba que tomaras este pequeño incidente filosóficamente -expresó Shuichi con burlona formalidad, fingiendo una pequeña tos.
-Luego lo discutiremos más ampliamente, Shuichi.
-¿Luego?
-Sí. Y ahora deja de mirarme como si tuvieras miedo de que fuera detrás de ti con un cuchillo de cocina. Siéntate, termina tu cocktail y cuéntame algo mientras preparo la comida.
Mirándolo con cautela, Shuichi se sentó en uno de los taburetes de la cocina.
-Si no fuera por lo de tu Porsche, este momento me parecería maravilloso. Es la primera vez que veo al gran Yuki Eiri preparar la comida.
-Me alegro de que por fin empieces a descubrir alguna de mis virtudes.
-¡Daddy! -Timmy entró corriendo a la cocina, Kumagoro venía detrás de él.
-¿Que pasa, pequeño?
-¿Puedes darme también un trago?
-Claro. Sírvele al señor algo fuerte, por favor, Shuichi. Lo que más le gusta es el zumo de naranja.
-Kumagoro también quiere un trago -comento el niño alzando al temperamental gato.
-Bien, entonces será zumo de naranja para el señor Timmy y leche fresca para el señor Kumagoro -Shuichi se concentro en las bebidas, fascinado de estar en ese lugar, en ese momento, compartiendo esa increíble experiencia con su Yuki. No quería ceder tan pronto, pero ese ambiente tan cálido y familiar estaba quebrando sus resoluciones. Este nuevo Yuki era maravilloso, sensual, único.
La simplona cena que el escritor había preparado estaba realmente exquisita. Shuichi se quedó impresionado y así se lo hizo saber al rubio, quien inesperadamente pareció muy complacido por el elogio. Cuando los tres se abalanzaron sobre la deliciosa ensalada, Shuichi se dio cuenta de que los momentos difíciles causados por el accidente con el Porsche habían quedado atrás.Tras numerosas protestas, Timmy se marchó a la cama alrededor de las nueve. Shuichi fue a darle las buenas noches y se quedó asombrado cuando Kumagoro brinco a la cama y se hizo un ovillo cerca al niño.
-Vaya, me has robado a mi gato -Shuichi emitió una protesta fingida.
-No, no te lo he robado -se ruborizo el niño -Sólo te lo estoy tomando prestado durante un tiempo. Cuando... -la voz del pequeño rubio perdió su tono y fuerza -cuando... tu te... marches yo te lo devolveré. Él y yo nos hemos vuelto muy amigos.
-Lamento mucho que Kumagoro y yo no podamos quedarnos permanentemente en tu vida.
-¿Sabes una cosa, Shuichi? -susurro el niño cuando el pelirrosa se inclinaba para darle un beso en la frente.
-No, ¿que?
-Si encuentro a un chico tan amable como tú cuando crezca, tal vez me case con él.
-Vaya, gracias.
Finalmente el pequeño rubio se durmió.
CONTINUARA...