sTrAy HeArT
TRACK 2: WINDING ROAD
La escalera de mano era vieja y se tambaleaba, mientras Shuichi intentaba colocar una lámpara. El timbre de la puerta sonó. Él gritó que entrara quienquiera que fuera y continuó su tarea. La puerta se abrió para dar paso a un deslumbrante ramo de girasoles.
-¿Qué demonios haces subido en esa escalera? Parece como si estuviera a punto de romperse.
Shuichi miró el enorme ramo de flores. Muy serio, continuó colocando la lámpara.-Hola, Yuki, ¿que haces con esas flores? ¿Vas a abrir alguna floristería?
-Son para ti, ¿dónde quieres que las ponga?
Shuichi terminó pero no abandonó la escalera. Se cruzó de brazos y miró a Yuki con expresión interrogante.
-¿Por qué?
-¿Por qué, qué? ¿Las flores? Porque me apetecía traértelas.
-¿Por qué? -repitió con impaciencia.
-Te gustaban los girasoles. ¿Vas a preguntarme la razón de todo lo que diga o haga?
El pelirrosa meditó un instante.
-Sí, creo que sí. Es más seguro.
-Si quisieras estar seguro, no estarías subido en esa escalera. ¿Te han hecho la instalación eléctrica correctamente? Baja y discutiremos dónde quieres que ponga las flores -Yuki se dirigió hacia la cocina sin esperar invitación o instrucciones.
Shuichi obedeció y siguió a Yuki a la cocina. El rubio dejó el ramo de flores en el fregadero y cuando se dispuso a abrir el grifo de agua, Shuichi se rindió.
-Tengo algunos tarros de cristal que puedes usar como floreros.
Yuki levantó la vista.
-Tu aceptación de mi humilde presente me abruma.
-¿Qué esperabas, Yuki? ¿Que me arrojará a tus pies en cuanto llamaras a mi puerta?
El escritor sonrió.
-Debo reconocer que en algunos de mis sueños locos he imaginado esa escena una o dos veces, pero en mis ratos de lucidez intento ser realista. Sabía que esto no iba a ser fácil. Ven a cenar conmigo esta noche, Shuichi.
El cantante frunció el ceño.
-Lo siento, tengo mucho que hacer; además, no quiero cambiarme de ropa.
-Iremos a un lugar donde no tengas que preocuparte por la ropa. Hay un pequeño restaurante informal cerca de aquí. Tu ropa es la más adecuada para ir allí. Yo puedo ayudarte a colocar el resto de las lámparas. Shuichi, ven conmigo, por favor. Sólo quiero hablar contigo.
El cantante no sabía que hacer. Nunca había oído a Yuki Eiri pedir algo con aquel tono de humildad, y no estaba seguro de que le gustara que él actuara así. Le habría resultado más fácil mantenerlo a distancia si él hubiera continuado empleando sus arrogantes viejos modales.
-Yuki, creo que será una pérdida de tiempo.
-No estoy de acuerdo.
Shuichi terminó de colocar el último girasol y se volvió hacia Yuki.
-Lo único que te pido es que hoy cenes conmigo -balbuceó el rubio con expresión seria.
-Sé que quieres algo más, Yuki. Aunque no lo creas, tengo algo de cerebro.
-Sólo quiero hablar contigo. No te estoy pidiendo que te acuestes conmigo.
El pelirrosa desvió la mirada, incómodo ante la intensa mirada dorada. Clavó los ojos en el ramo de flores amarillas. Yuki tenía razón, a él le gustaban los girasoles.
Había dos maneras de tratar a Yuki: una era rendirse sin luchar, como había hecho la primera vez, y la otra, huir de él, como si fuese el mismo demonio. Por supuesto que la primera no era muy acertada. Pero su instinto le decía que la segunda era peligrosa, puesto que Yuki respondería al reto persiguiéndolo sin parar hasta que cayera en sus brazos.
También podía tratarlo con una cortesía casual y desinteresada. Además, tenía hambre. Sonrió fríamente.
-Esta bien, Yuki, te dejo que pagues mi cena. Supongo que me debes mucho más que eso, ¿no es así?.
-Te debo muchisimo más, ¿vas a cobrarme? -preguntó sin devolver la sonrisa.-¿Me estás ofreciendo una pequeña venganza?
-¿Por qué no? La mereces -dijo el rubio encogiéndose de hombros.
-Ya es demasiado tarde. Si hubieras venido con esa oferta hace tres meses, tal vez la hubiera aceptado.
-Dudo que lo hubieses hecho -expresó Yuki con extraña gentileza, mientras delineaba con su dedo los labios de Shuichi -Eres demasiado bueno para vengarte, Shu. Te descubrirías sintiendo pena por tu víctima y ése sería el fin de todo.Shuichi trataba de no sentir sensualidad de sus dedos en la boca y se negaba a retroceder ante Yuki.
-Creo que menosprecias la fortaleza interior que hay en las personas que tu consideras inferiores a ti, Yuki.-¿Vas a darme una lección al respecto?
-Ya es hora de que alguien lo haga.
-Discutiremos el asunto mientras cenamos -sugirió Yuki con voz suave.
Shuichi no sabía si reír o preocuparse por la expectación que veía en los ojos de Yuki. El rubio podía decir que se sentía apenado y humilde, pero la verdad era que parecía tan dispuesto a tomar lo que consideraba suyo como siempre. Sin embargo, esta vez estaba prevenido.
-Me muero de hambre -confesó Shuichi -Pero vamos a dejar a un lado las discusiones sobre un asunto que esta muerto, ¿quieres? No estoy de humor para eso.
-Como tú quieras, Shuichi.
El Porsche negro era realmente deslumbrante. Sabía que Yuki amaba su coche con la clase de entusiasmo que sólo un coleccionista de coches lujosos puede sentir por los automóviles. El suave ruido del motor y el olor a piel en los asientos se combinaban para revivir viejos recuerdos que Shuichi quisiera haber olvidado. Trataba de alejarlos mientras Yuki conducía el Porsche.
-¿Cuando decidiste comprar la casa? -le preguntó Yuki con voz seria.
-Llevaba mucho tiempo deseando tener una casa propia.
-Nunca me hablaste de eso.
-No, no lo hice nunca. Tuvimos breves conversaciones sobre algunas cosas, pero otras ni las mencionamos, ¿verdad?
-¿Como el futuro?
-Sí -acepto Shuichi, con una indiferencia que estaba muy lejos de sentir -Pero dado que no había futuro para nosotros, hubiera sido una conversación sin sentido.
Las manos de Yuki se habían crispado sobre el volante; de pronto, las aflojó.
-El futuro es una de las cosas de las que quiero hablar.
-Olvídalo.
-Está bien, empezaremos por el pasado -decidió el rubio -Hay algunas cosas que quiero explicarte. No voy a tratar de justificar mi comportamiento de hace cuatro meses, pero quiero que sepas por qué estaba furioso contra el mundo y contra todas las personas.-No me interesa, tus explicaciones jamas justificaran tus acciones. Nada lo podría hacer.
-Shu, hay una serie de cosas que me gustaría que supieras...
-No me interesa oír hablar de ellas –interrumpió Shuichi con firmeza.
-Esta bien Shuichi, por ahora no hablaremos de ello, pero tarde o temprano tendrás que escucharme. Aun así, hay algo quiero saber... ¿estas relacionado sentimentalmente con Sakuma?
Shuichi descubrió detrás de aquella pregunta unos fuertes celos y ese hecho lo asombró.
-Sakuma y yo sólo somos amigos.
Shuichi noto que se estaba explicando de un modo casi conciliatorio. Lo irritó ver que parecía estar tratando de darle satisfacción. Se recordó que no le debía nada a Yuki.
-¿Qué clase de futuro te ofrece Sakuma? ¿Que cosas implican “amistad” en estos días?
-No mucho –respondió Shuichi, manteniendo deliberadamente su tono de voz tan ligero como le fue posible. No le gustaba la profundidad en la que estaba cayendo la conversación.
-¡Por Dios, Shuichi! Te estoy ofreciendo más que amistad; y también más que una aventura.
-Por favor, Yuki estás echando a perder mi apetito. Mira, ¿es éste el restaurante al que te referías?
-Sí. Es ése. Pero, Shuichi, estoy tratando de proponerte algo. ¿Quieres escucharme, por favor?
-No. No voy a escuchar una sola palabra. Mira, ahí hay un sitio en el que puedes aparcar a la izquierda de la entrada.
-Sí, ya lo he visto –gruño Yuki.
El pequeño restaurante estaba lleno. Era obvio que Yuki no había contado con tanta gente y tanto ruido alrededor de la mesa donde se sentaron. Tuvieron que pedir la cena al camarero casi a gritos. Cuando llegaron las bebidas, Yuki dio un largo trago y luego se inclinó hacia delante.
-¿Desde cuando comenzaste a salir con Sakuma?
-¿Qué? –Shuichi se recostó en el respaldo de su silla, desafiando el intento de Yuki de establecer una conversación intima.
Saboreó la cerveza y esperó que Yuki repitiera la pregunta.
-Ya me has oído, te pregunté desde cuando estrechaste tu amistad con Sakuma.
-Sinceramente no creo que sea de tu incumbencia.
La expresión de Yuki se hizo sombría.
-¿Eres feliz con ese retardado mental?
Shuichi sonreía ahora.
-Me hace inmensamente feliz. Al menos con él si puedo hablar de cualquier cosa, me hace reír, no me ignora...
-¿Te estas acostando con él?
La sonrisa de Shuichi se borró. Tomó otro trago de cerveza.
-¿Tú qué crees?
Yuki lo estudió durante largo rato y luego se recostó en el respaldo de su silla. Shuichi casi no pudo oírlo cuando al final él habló.
-No lo creo. No te imagino acostándote de la noche a la mañana con Sakuma. No eres de esa clase.
Shuichi casi se enterneció por aquella inesperada respuesta. Y ese sentimiento duró unos diez segundos, el tiempo que tardó en pensar que tal vez lo estaba lisonjeando, lo cual, probablemente, significaba que Yuki pensaba que no tenía las agallas o la resolución suficientes para vengarse de esa forma tan drástica.
-Una cosa es lo que tú crees y otra lo que es verdad, y tu nunca sabrás si me estoy acostando o no con Sakuma-san.
Yuki observo malhumorado y con resentimiento a Shuichi.
-Esta bien Shuichi, no tocare más ese tema.
-Inteligente decisión, Yuki. Mi vida intima no te concierne.
-Shuichi, yo se que esta noche no quieres escucharme, pero hay algunas cosas que necesito decirte.
-Ahora no, Yuki. Aquí viene la comida.
El pelirrosa miró con entusiasmo los platos rebosantes de exquisitos manjares. Yuki esperó impaciente a que la comida fuera colocada delante de ellos. Cuando el camarero se retiró, intentó otra vez hacerse oír sobre el ruido del lugar.
-Shuichi, esto es importante. Tengo algo que decirte y, por Dios, vas a escucharme.
-¿Puedes hablar más fuerte, Yuki? Aquí hay mucho ruido.
Shuichi echó salsa picante en uno de los platos y saboreó su contenido con evidente deleite. De repente, el salón quedó en silencio. Para mala suerte de Yuki cuyas palabras ya estaban saliendo de su boca cuando sucedió, así que escucharon en cada rincón del restaurante. Todos los presentes volvieron la cabeza hacia él.
-Shuichi, ¿quieres prestar atención? ¡Quiero que regreses conmigo! ¡CASÉMONOS!
YxS YxS YxS YxS YxS YxS YxS YxS YxS YxS YxS YxS YxS YxS YxS YxS YxS YxS
Shuichi aún intentaba contener la risa, cuando Yuki, sin ninguna ceremonia, lo sacó, casi a rastras y lo hizo entrar en el Porsche.
-Me alegro de que encuentres esto divertido –murmuro mientras ponía el motor en marcha.
-Pues sí, -Shuichi luchaba por contener otro ataque de risa nerviosa –A decir verdad, es lo más gracioso que me ha pasado en la vida. Esto me ha hecho darme cuenta de lo poco que nos reímos juntos durante nuestra relación.
De pronto, Shuichi se dio cuenta de que no lo había pensado hasta aquella noche. No cabía duda de que el buen humor había sido un ingrediente ausente en su relación con Yuki.
-Por si no lo has advertido, yo no me he reído –metió la marcha con violencia y el lujoso coche salió disparado.
-Pues has hecho muy mal. Todos los que estaban en el restaurante reían.
-Incluyéndote.
-Tal vez un día, cuando tengas unos noventa y cinco años y lo recuerdes, veas lo divertido de la situación.
-Lo dudo –se hizo un silencio de que duró unos momentos, luego Yuki añadió agresivo: -de cualquier modo, no me has dado una respuesta.
La risa de Shuichi desapareció.
-No, no te la he dado. Eso ha sido debido en parte a que estaba muy ocupado viendo cómo te recobrabas de la situación que habías creado y en parte, a que no podía creer lo que estaba oyendo.
-Lo he dicho en serio, Shuichi –le aseguró tranquilo –Quiero que te cases conmigo.
-¿Por qué?
-Por amor de Dios. ¿Podrías dejar de preguntar? Quiero casarme contigo por las razones que todos quieren casarsen con sus parejas.
-¿Cuáles son esas razones, Yuki? –preguntó Shuichi con profundo interés.
El rubio le dirigió una mirada de reojo, tratando de evaluar el estado de ánimo del cantante antes de continuar.
-¿No se te ha ocurrido pensar que puedo estar enamorado de ti?
-No –respondió Shuichi, y quedó a la expectativa.
-¿No me crees? –pregunto Yuki frunciendo el ceño.
-No –repitió Shuichi –Pero reconozco que has despertado mi curiosidad. ¿Qué esta pasando, Yuki?
-Lo que esta pasando es el resultado de meses de amor por ti. Nunca tuve el suficiente valor de decirte lo mucho que te amaba Shuichi, pero lo hacia, te amaba en silencio como nunca ame a nadie. Hace un rato dijiste que no querías oírme, pero yo quiero explicarme. Tú siempre me entendías, Shuichi. Siempre deseabas entenderme.
-¿Justifican tus problemas personales la forma en que me trataste?
Yuki maldijo en voz baja, mientras aparcaba el Porsche frente a la casa de Shuichi.
-Ya te he dicho que no. No estoy tratando de disculparme, sino de que me entiendas.
-Ya estoy cansado de entender a los demás –opinó Shuichi y abrió la puerta del coche sin esperar a que Yuki lo hiciera –Gracias por la cena y la proposición, Yuki. Realmente has hecho divertida una noche que de otro modo hubiera sido aburrida.
Yuki salió y corrió tras el pelirrosa. Llegó a la puerta de la casa antes que Shuichi la cerrara en su nariz. Sin ninguna cortesía, metió el pie para impedir que esto sucediera y luego pasó al vestíbulo.
-Shuichi, te he pedido que te cases conmigo –le dijo con calma –La pregunta merece una respuesta sincera. No importa lo que pienses de mí, sabes que nunca te he mentido. Te pido que te cases conmigo porque lo deseo con toda mi alma. Quiero una respuesta sincera y no un intento petulante de ponerme en mi sitio.
Shuichi sintió que se le secaba la boca. Yuki hablaba en serio, y al darse cuenta sintió que se pulso se aceleraba y amenazaba con hacerle perder el control que hasta el momento había tenido. Meses antes él había amado a aquel rubio escritor apasionadamente. Algunas cosas, descubrió, no cambian.
-¿Por qué me haces esto, Yuki? No puedo creer que estés tan ansioso de seducirme para pedirme que me case contigo.
El escritor se acercó antes que el cantante pudiera alejarse, lo tomó en sus brazos y lo estrechó.
-El motivo que me guía para hacerte esa proposición es que te amo –murmuró con voz ronca –Y lo que es más aún, creo que tú me amas todavía, a pesar de todo lo que te hice. Créeme, Shuichi, cuando te digo que hace cuatro meses estaba tan furioso y amargado, que no me fue posible darme cuenta de lo que perdí al dejarte.
Shuichi permaneció quieto, con los ojos muy abiertos y brillantes.
-No voy a ir a la cama contigo, Yuki.
-No te estoy pidiendo que te acuestes conmigo. Shuichi, por favor, bésame. Bésame como lo hacías antes que me portara como un tonto y perdiera todo.
La necesidad que vio en los ojos de Yuki, anuló el sentido común de Shuichi. En el pasado, él había sido muy débil ante esa necesidad, y ésa era otra de las cosas que no habían cambiado. Se dio cuenta de que, instintivamente, había empezado a responder. Sus manos rodearon los hombros de Yuki y sus uñas se encajaron en su carne. Yuki sintió el toque y gimió. Su boca busco la de Shuichi.
Los labios del rubio eran cálidos y se apretaban contra los suyos, pero sin arrogancia, ni exigencia. Era tierno, cariñoso y sensual. Yuki no iba a forzarlo; Shuichi fue consciente de ello y respondió al beso. Le rodeó el cuello con los brazos y estrechó su cuerpo contra el cálido y firme de Yuki. Podía sentir el calor y la necesidad del rubio.
-Shuichi, cariño, todo va a salir bien esta vez. Te lo juro –las palabras de Yuki eran una promesa desgarradora que repetía una y otra vez, mientras se sentaba en la alfombra. Lo atrajo hacia sí hasta que quedó recostado contra su pecho.
Los sentidos de Shuichi empezaron a nublarse a medida que Yuki acentuaba su beso y sus manos recorrían sus hombros y sus brazos. El pelirrosa cerró los ojos intentado olvidar viejos recuerdos. Oyó un pequeño gemido y tardíamente se dio cuenta que lo había emitido él. Sus brazos se apretaron alrededor del cuello del rubio.
Yuki lo acerco aún más. Shuichi podía sentir entre sus muslos el innegable deseo del rubio. Yuki deslizó sus dedos del brazo de Shuichi hasta la cadera y la acarició como si aquello fuera algo que llevara ansiando mucho tiempo. Su otra mano se posó en sus muslos, apretándolo suavemente. No había duda del deseo que el escritor experimentaba, pero lo trataba como si fuera una pieza de delicado cristal. La limitación que Yuki se había impuesto era obvia, así como inesperada.
Shuichi estaba maravillado por la ternura con que lo acariciaba. La forma en que Yuki hacía el amor había sido siempre excitante y su acercamiento, atrevido y sensual; pero Shuichi no recordaba aquel elemento de dolorosa ternura. Aquello era nuevo e increíblemente seductor. El pelirrosa se había preparado para resistir un huracán, pero se encontraba rodeado por una suave brisa. Quizá estuviera predestinado a amar siempre a aquel rubio arrogante.
-No sabes cuánto te he extrañado, Shu-chan –Yuki pronuncio las palabras con dificultad, mientras le daba una serie de pequeños besos que lo hicieron suspirar.
Shuichi se apretó más contra el anhelante calor y la dureza que él rubio le ofrecía. Se permitió el lujo de olvidar el pasado y el futuro, permitió a sus sentidos hundirse en la rica excitación que había conocido meses atrás gracias a Yuki. La vieja necesidad de entregarse a él bullía en su interior, tan fuerte como antes, tan fuerte como nunca.
-Yuki –murmuró Shuichi, con la cara apoyada contra el pecho de Yuki –ha pasado tanto tiempo.
-Lo sé –susurró el rubio.
Colocó su mano sobre el estómago plano y la movió hacia arriba, pasándola con suavidad por su pecho. Luego, empezó a desabrocharle la camisa con deliberada lentitud.
Shuichi pudo sentir que sus dedos temblaban y encontró ese hecho casi penosamente cautivador. Yuki no iba a tomar nada aquella noche, nada que no fuera su rendición. Su cuerpo estaba en comunicación con el de él. Cuando Yuki terminó de desabrocharle la camisa y rozo sus pezones, Shuichi se dio cuenta de que dependía de Yuki como de la vida misma. Sus piernas se movieron inquietas mientras buscaba con sus labios el cuello de Yuki.
-Shuichi, he deseado tanto que llegara este momento. Nunca sabrás cuánto –gimió y lo estrechó aún más.
Con dulzura, cogió uno de los pezones entre sus dedos y lo estimuló haciéndolo brotar como una flor. Entonces, agachó la cabeza y besó la palpitante cumbre. Shuichi se estremeció entre sus brazos.
-No voy hacerte daño –murmuró –Juro que no volveré a hacerte daño.
Shuichi ya no lo escuchaba. Sus sentidos lo habían abandonado, y sólo respondía a su tierno contacto. Como el fuego de su excitación interior empezaba a abrasarlo, Shuichi comenzó a impacientarse. La gentileza que le demostraba Yuki había sobrepasado sus temores y ahora deseaba algo más que las suaves caricias que estaba recibiendo. Se removió un poco entre los brazos de Yuki, en una silenciosa petición. Hacía mucho tiempo que no se sentía así.
Se oyó un leve sonido y Shuichi se dio cuenta que Yuki le había bajado la cremallera de los pantalones. Con un movimiento torpe, el pelirrosa le abrió la camisa y metió la mano para palpar la cálida piel del pecho. Cuando enredó sus dedos en los ardientes pezones, sintió que los dedos de Yuki se deslizaban bajo su ropa interior. Shuichi gimió y se arqueó un poco, contra la mano de él, en una gentil demanda.
“Ahora”, penso Shuichi. “Ahora puedes seguir y acariciarme de la misma forma en que lo hacías antes”. Quería decirle que ya no había necesidad de que se contuviera. Estaba listo para disfrutar de la pasión con la que Yuki hacia el amor.
Pero el toque del rubio era aún leve y precavido, mucho más delicado de lo que Shuichi deseaba en ese momento. El pelirrosa podía sentir el deseo contenido dentro de Yuki y lo admiró por el hecho de dominarse tanto. Él nunca se había molestado en hacerlo. Nunca había tenido la necesidad de ello. Shuichi deseaba decirle que tampoco tenía necesidad de hacerlo esa noche, pero las palabras sonaron incoherentes en su garganta. Una vez más, frotó su cuerpo contra la mano del rubio y luego lo mordió con suavidad.
En respuesta, Yuki bajó la cabeza otra vez y cubrió la boca de él con la suya. Ansioso, Shuichi lo atrajo más, seguro de que ahora el rubio podría liberar su propia represión y poseerlo con la poderosa compulsión que había mostrado en el pasado.
Pero el escritor no hacía ningún esfuerzo por cambiar de posición o quitarse la ropa. Los pantalones de Shuichi seguían debajo de sus caderas y Yuki terminó de deslizarlos hasta quitárselos. El pelirrosa contuvo el aliento y aunque se estremeció puso una mano suplicante sobre el brazo de Yuki, en un esfuerzo silencioso por indicarle que estaba preparado para recibir la fuerza de su pasión.
Lo que recibió, en cambio, fue una delicada e increíble serie de caricias en la parte interior de los muslos. Shuichi pensó que se iba a volver loco. Yuki no prestaba atención a sus silenciosas súplicas, continuaba acariciándolo con el más suave de los toques, hasta que quedó hecho un nudo de estremecedor deseo y pasión entre sus brazos.
-Te quiero, Shuichi, te quiero como no he querido a nadie en toda mi vida –dijo Yuki, sin hacer ningún movimiento para cubrirlo con su cuerpo -¿Está todo bien?
Shuichi asintió con la cabeza, consciente de que era él quien debía haber hecho esa pregunta. Yuki estaba siendo presa de una fiera necesidad insatisfecha. Shuichi se preguntaba por qué no hacía nada al respecto. De pronto se le ocurrió que Yuki Eiri esperaba que él lo invitara.
Se incorporo un poco y lo miró fijamente, el rubio lo observaba con deseo callado. Los primeros signos de incertidumbre brotaron en Shuichi. Nunca debió haber permitido que las cosas llegaran a ese extremo.
Yuki contemplaba las expresiones de duda y remordimiento que se alternaban en los ojos violáceos y suspiró pesadamente. Luego esbozó una sonrisa irónica y miró su reloj.
-Creo que es mejor que me vaya, se está haciendo tarde.
Sorprendido, Shuichi miró su propio reloj. Todavía no eran ni las nueve y media. Yuki nunca se había excusado con un pretexto tan trivial, pero no iba a decir nada. Ya se sentía bastante culpable por haber recibido tanto placer de él, sin darle nada a cambio.
De nada le servía a su conciencia decirse que Yuki se lo merecía. Shuichi no era egoísta y no le gustaba representar ese papel, aun cuando lo que había pasado no había sido culpa suya exclusivamente. Sin embargo, se sentía incapaz de formular la invitación formal que, al parecer, él esperaba. Algo dentro de Shuichi se negaba a hacer que todo fuera fácil para Yuki.
Shuichi se puso de pie, buscó sus pantalones y se los puso rápidamente. Yuki se levantó casi al mismo tiempo, luego apoyó sus manos en los hombros y lo besó en la frente con suavidad. Durante un rato que a Shuichi le pareció interminable, lo miró fijamente con ojos brillantes.
-Buenas noches, Shu-chan.
-Buenas noches, Yuki –no se le ocurrió nada más inteligente que decir, así que añadió en un susurro –conduce con cuidado, Yuki.
-Lo haré. Piensa en mi proposición, ¿eh?
Probablemente era en lo único que sería capaz de pensar, se dijo, y añadió con voz suave:
-¿Estas seguro de que quieres que piense en ello? Podría decir que sí, y entonces, ¿en que situación te pondría?
-En la única en la que quiero estar –dijo sonriendo –así no tendría que ir a casa a darme una ducha de agua fría.
Shuichi sintió que se le formaba un nudo en la garganta. No lo entendía y eso lo hacía ser precavido. No era normal en Yuki vivir una escena de seducción tan elaborada sin exigir su propia satisfacción. Al menos, no en el Yuki Eiri que él había conocido. Su obvia contención de aquella noche, no concordaba con lo que él sabía de aquel rubio escritor.
-Buenas noches, Yuki –repitió.
El rubio asintió con la cabeza, su leve expresión de alegría se transformó en una observación minuciosa. Luego, se dirigió hacia la puerta, la abrió y desapareció en la oscuridad, sin mirar ni una sola vez atrás.
Shuichi permaneció inmóvil ante la puerta cerrada durante largo rato. La confusión y la cautela lo invadían. Nada de lo que había pasado aquella noche tenía sentido. El hecho era alarmante y provocativo a la vez, y también intrigante.
Por fin, Shuichi empezó a recorrer la casa para apagar todas las luces. No podía dejar de repetirse una pregunta para la que no encontraba respuesta. ¿Por qué Yuki quería casarse con él?
¿Por qué, después de haberlo dejado plantado hacía cuatro meses, Yuki Eiri había llamado a su puerta para proponerle matrimonio? Shuichi casi tenía miedo de pensar en la posibilidad de que Yuki hubiera llegado a la conclusión de que lo amaba. Cuando el pensamiento asomaba a su mente, trataba de aplastarlo deliberadamente. No podía permitirse el lujo de albergar falsas esperanzas.
Se metió en la cocina, apagó la luz y se dirigió a la habitación para invitados. Era consciente de que estaba jugando con fuego. No debía ni siquiera imaginar que Yuki podía haber recobrado la sensatez para llegar a la conclusión de que lo necesitaba; pero no podía olvidar la esperanza que había comenzado a abrirse paso en su corazón.
Shuichi se sobresaltó mientras se paraba en la habitación de huéspedes. Una cosa sí era cierta: Yuki había conseguido confundirlo terriblemente. También se las había ingeniado para revivir las brasas de un fuego que él creía extinguido. Y lo peor de todo, lo había hecho comenzar a pensar en un futuro que lo incluía a él.
Estaba meditando acerca de aquella peligrosa situación, cuando se dio cuenta de que la puerta del armario estaba entreabierta. Frunció el ceño tratando de recordar si la había dejado cerrada por la mañana, cuando había pasado la aspiradora por la alfombra.
Con curiosidad, abrió la puerta y encendió la luz. Había dos huellas de pisadas sobre la alfombra recién aspirada y no eran suyas; sólo podían haber sido hechas por zapatos de un hombre bastante alto, debido al tamaño de la huella.
Pensativo, Shuichi apagó la luz y cerró la puerta. Tal vez el electricista había entrado para comprobar que su trabajo estaba bien. Era una explicación lógica.
Lentamente, Shuichi entró en su habitación y empezó a desnudarse, lo último que pensó antes de quedarse dormido, fue que, quizás después de todo aquel tiempo, Yuki Eiri se había dado cuenta de que estaba enamorado de él.
Tres días después, Shuichi seguía igual de confuso, pero la esperanza que llevaba dentro había crecido. Y es que Yuki se había encargado de hacer lo imposible por alimentarla. Shuichi no estaba tan atontado para no darse cuenta. Y el hecho de que el rubio estuviera haciendo aquel esfuerzo, sólo conseguía cautivarlo más. Estaba llegando a la conclusión de que la proposición de matrimonio por parte de él era sincera. Yuki iba a verlo todas las noches. Llegaba con chocolates y con algo para comer. Nunca se había quedado hasta tarde, no había vuelto a intentar propasarse. Parecía satisfecho de acariciarlo con una intimidad casual y con besarlo levemente al darle las buenas noches. Shuichi no sabía que pensar de todo aquello.
Yuki le había recordado que nunca le había mentido y Shuichi tenía que reconocer que era verdad. La primera vez, él se había perdido en un arco iris de sueños, pero Yuki nunca le había hablado de compartir el futuro o de otra cosa que no fuera la atracción física que despertaba en él.
Se había sentido destrozado por la forma en que el rubio lo había abandonado hacía cuatro meses, pero tenía que admitir que Yuki nunca le había mentido. El rubio había permitido que él se engañara solo y lo había hecho de una manera brillante.
-Oye, Shuichi, es viernes. ¿Por qué trabajas tanto?, hasta Fujisaki-kun ya se marcho. Despégate de ese micrófono, tienes tiempo para ensayar, recuerda que el concierto es para dentro de dos meses. ¿No quieres venir a almorzar con Ayaka y conmigo?
Shuichi sonrió al pelirrojo guitarrista que lo miraba con una sonrisa cómplice.
-Neh, Hiro, esa es la mejor idea que me han sugerido en todo el día. No tengo la menor idea de porque estoy tan obsesionado con este ensayo. No sé que me pasa. ¿En dónde esta Ayaka?
-Tengo que ir a recogerla a la biblioteca, la pobre esta terminando una larga tarea de la universidad.
Shuichi se levantó cogió su chaqueta amarilla y se detuvo en la puerta para esperar a que Hiro guardara su guitarra. Muy cerca de allí Shuichi pudo ver a Mika caminando muy deprisa hacia la oficina de Tohma. Sin entender que fuerza superior lo movía, Shuichi se encontró siguiendo a Mika discretamente. La mujer lucia levemente enfadada y muy ansiosa. Finalmente ella se detuvo frente a la oficina de su esposo y entro sin cerrar del todo la puerta.
-¡Que día! –se quejo la hermana mayor de Yuki, mientras se sentaba frente a Tohma –Eiri es imposible, sigue sin querer escuchar razones.
-Déjalo Mika, esta noche iré hablar con él.
-Lo dudo, va a estar ocupado.
-¿Ocupado? ¿Con que? –Pregunto Tohma en el acto.
-No con que, sino con QUIEN.
-Entiendo, nuevamente saldrá con Shindo-san. ¿Otra vez tendremos que ocuparnos del pequeño Timmy?
-Eso parece.
-¿Crees que Shindo-san lo sepa ya?
-No, pero no tardara en saberlo, ahora que Yuki tiene la custodia del niño, tendrá que contárselo a Shuichi, quiera o no.
-Me pregunto como tomara Shindo-san la noticia de que Eiri-kun tiene un hijo de siete años...
Afuera de la oficina, un pelirrosa intruso no salía de su asombro al escuchar las palabras del rubio director de NG'S RECORDS.
“Me pregunto como tomara Shindo-san la noticia de que Eiri-kun tiene un hijo de siete años”. Shuichi se repitió esas palabras hasta que creyó que se iba a volver loco. Luego, empezó a sentir una violenta ira. Por fin comenzaba a tener sentido el extraño comportamiento de Yuki. Todas las piezas encajaban con una lógica perfecta. El rubio arrogante andaba buscando a alguien que cuidara su hijo y era preferible que también sirviera para satisfacerlo en la cama. En otras palabras, Yuki necesitaba a alguien permanente en su vida... un esposo... Cuatro meses antes, no lo necesitaba, pero, al parecer, las cosas habían cambiado. Ahora tenía a su cargo un niño.
CONTINUARA...
N.A: Si, se que tarde siglos en actualizar y que no tengo perdón, pero quiero que por favor me comprendan, fueron miles las razones por las que no había podido continuar este fic: universidad, trabajo, computador dañado, cero inspiración, huracanes azotando a mi ciudad, mi embarazo... en fin, solo quiero pedirles mil y mil disculpas y decirles: ESTOY DE VUELTA. No abandonare ninguno de mis fics, así que no se preocupen ya que poco a poco estoy saliendo del oscuro hoyo en el que me encontraba y finalmente estoy actualizando mis historias.
¿Y bien? ¿Qué tal estuvo el capitulo? Creo que Shuichi se pondrá muy pero muy enfadado con Yuki por aquello del hijo, ¿qué explicación le dará Yuki a Shuichi? Creo que las cosas se le vuelven a complicar al rubio...