~*~*~*~
Tatsuha
se sentó sobre la cama desperezándose el sueño de la mañana, los escasos rayos
de luz se colaron torpemente por las
persianas anunciándole la llegada de un nuevo día, un día distinto a los demás,
un amanecer opaco y nublado, pronósticos de llovizna sobre la ciudad. El moreno
sonrió, más su sonrisa era la clara señal de un gesto forzado.
Recuerdos algo lejanos llegaron a su mente,
evocó aquel día tan especial, la primera vez que escuchó su voz... nadie en
casa, Yuki desaparecido misteriosamente como por arte de magia. Aquellos habían
sido tiempos extrañamente vacíos. Mika
viajando constantemente de un lado a otro junto a su esposo o haciendo de
perrito sabueso tras la pista de su desaparecido Big Brother, su padre orando
en el templo y finalmente él aburrido como una ostra. Nada interesante que
hacer, cansado de vegetar en su habitación o de jugar video juegos ya pasados
de moda.
Así que husmeando en los dominios prohibidos
para cualquier ente humano, la antigua habitación de Mika, encontró algo que
giró no una sino millones de veces su monótona vida. Ese aburrido conoció a
Nittle Grasper, por revistas viejas, discos y albunes que su hermana había
coleccionado. Ese día se supo enamorado...
Desde entonces se recriminó por no haber
conocido a su ángel antes, en aquella infantil vida que consistía en treparse a
árboles o arrojarle piedras al perro del vecino, la entrada y salida de Nittle
Grasper a su vida fue ignorada y totalmente desconocida, sólo años después,
cuando su gran Dios se había retirado y marchado muy lejos supo lo que era
sufrir, tanto tiempo perdido en tonterías, tanta oportunidad de admirarle ida
al bote de basura.
Fueron tres largos años, como un novato
siguiendo a un cantante que había dejado el escenario, viviendo de casettes,
discos y videos antiguos que costaba mucho coleccionar y es que Nittle Grasper
había sido un gran hito en su tiempo, tanto así que había arrasado con todo a
lo que a ventas se refería.
Y entre tantas primaveras, veranos, otoños e
inviernos pasados, llegó una noticia que le hizo querer tirarse del último piso
de la torre de Tokyo, por segunda vez
cambiaba su vida, y pensó que si moría
iría al cielo volando. Nittle Grasper volvía a sacar lustre a las
tablas.
Tatsuha se incorporó con una mueca
indescifrable adornando su rostro, levantando su vista le encontró nuevamente
ahí como todas las mañanas, su Ryu-chan en sexy cuero negro, cadenas sujetando
su atrevido y provocativo cuerpo, como un esclavo listo para ser servido en el
plato principal. El moreno se paró sobre la cama y beso con suavidad los labios
de su Dios que impreso en aquel póster tenía una dulce expresión de “mírame soy
tuyo para siempre”...
Pero al separarse de la hermosa imagen que le
sonreía en la pared frunció el ceño, había recordado a su rival, después de
tres años el gran Dios Sakuma Ryuichi no había vuelto sólo. No todo podía ser
tan maravilloso, nada en la vida es perfecto y menos con su oponente recibiendo
las dulces atenciones del Dios a todas las horas del día.
Entonces sintió celos, sí, desde que le
conoció a su rival sintió celos, aquel peculiar sentimiento que le revolvía el
estomago, lo descontrolaba y le ponía de mal humor cada vez que les veía
juntos, ese condenado era tan afortunado, de tenerle cerca, de ser acariciado
por sus angelicales manos, de compartir lindos momentos y hasta de dormir a su
lado tocando su suave piel, abrazados el uno al otro. Eso era injusto.
Maldito, no se merecía esos mimos, ni sus
dedicados cuidados amorosos, no cuando él se moría por ser algo más que un
simple amigo, no cuando se había arrastrado por una caricia, y es que hubiese
matado por tocarle en publico y en “privado”.
Lo odió por eso, por ser el centro de sus
atenciones, por poseer con tanta facilidad
lo que él aún no había podido hacer suyo, por vivir aquella relación
envidiable que a cualquier mortal le hubiese hecho morir y revivir en un
momento, porque nadie podía resistirse a los encantos de “su ser especial”, el
Dios, SU Dios...
Y no podía resistirlo, estaba celoso, muy
celoso, viviendo inquietamente la vida, formulando en su cabecita ideas locas
que le torturaban a cada minuto. No dormía tranquilamente por las noches y aún
las pesadillas lo atormentaban, esos sueños horrorosos donde ese ser indeseable
le sonreía con arrogancia mientras abrazaba y tocaba a su Dios en lugares
tentadores de tocar, lugares que a cualquiera le han sido vedados, porque a una
deidad no se le acaricia sin ser afectado, sin ser quemado y arrastrado por su
esencia, sin tomar en cuenta que se puede perder la razón al querer más y no
poder obtenerlo, como una droga.
Un tirado que tenía una pura e inocente
ovejita a su merced, siempre lo vio así. Por eso lo había hecho... pero a
diferencia de los expertos él si se arrepentía de su proceder.
Tatsuha se vistió rápidamente con su traje
negro, aún recordaba lo sucedido y un dejo de culpabilidad le hizo estremecerse
por dentro. Tenía un mal sabor de boca, nuevamente había tenido problemas para
conciliar el sueño, no dormiría en paz, no al recordar su acto de traición,
había herido a su Dios y tendría que pagar todos los días de su vida por tal
sacrilegio, ¿cómo le miraría ahora a los ojos?, muy estúpidamente lo había
arruinado todo justo ahora que tenía su amistad.
Sus ojos, su carita infantil, ¿cómo podría
hablarle?, ¿cómo mirarle?, no tendría el suficiente valor de acercársele, no
mientras aquel secreto pesara en su alma culpable.
-... ¿Qué sucede Tatsuha?... ¿te ves triste?...- El moreno dio
un pequeño saltito y abrió grandes sus ojos, no sabía cuando, ni en que momento
pero entre tanta cavilación había perdido conciencia del espacio y el tiempo,
vio a Shuichi voltearse desde el asiento de copiloto en el auto y pestañear
extrañado. ¿Cuándo había subido al auto de Yuki?.
-...
Desde que pasamos por ti has estado muy
callado, ¿te sientes mal?...-
Tatsuha miró confundido al peli rosa y luego
recordó, sí, era verdad, Yuki y Shu-chan habían pasado a buscarlo y ahora se
dirigían a la triste recepción que se llevaría a cavo en el departamento de
Ryuichi.
-... Es mejor así, calladito, si hasta parece un muchacho normal
y no un desadaptado como siempre...-
-... ¡¡¡YUKIII!!!... no seas malo con él... es tu hermano...-
-...
No me lo recuerdes que me da dolor de cabeza, entre todos ustedes me van a
matar... Oh!! mi pobre úlcera...- Shuichi le miró con desaprobación inflando
sus mejillitas, Yuki era demasiado insensible, pero no tomaría en cuenta sus
nada agradables comentarios, algo extraño le sucedia a Tatsuha y no se daría
por vencido hasta averiguarlo.
-... ¿Y bien?...- murmuró el cantante y le regaló una amable
sonrisa al moreno. Tatsuha vaciló en ese momento, su mente se debatía en una
dura decisión, contarle o guardar el monstruoso secreto que torturaba su alma.
-... Etooo...yo...-
-... Hemos llegado...- cortó secamente el rubio. Había
estacionado el vehiculo frente a un lujoso edificio de varios pisos, allá más
arriba en el piso número cuatro se encontraba su destino principal, el
departamento de otro cantante, uno muy peculiar y con doble personalidad.
Shuichi asintió y con una sonrisa siguió a
Yuki que ya había bajado del auto y fumada con poco interés a un lado de la
entrada principal del edificio.
-... Shuu....
Shuichi, yo... yo no puedo ir...- murmuró repentinamente Tatsuha, Shuichi se
volteó, observó al joven con duda y fue
grande su sorpresa al ver a Tatsuha temblando como un niñito pequeño, una
carita de terror inundando todo su lindo semblante.
-... Venga que sucede Tatsuha... entremos... - Shuichi tiró de
la manga del muchacho pero éste se aferró con fuerzas a la puerta principal del
edificio.
-... No, no, no, no... no puedo mirarle a la cara, no puedo, no
puedo, no después de lo que hice a Sakuma-san...- Tatsuha movió su cabeza de un
lado a otro y se aferró con aún más fuerzas a la entrada.
Shuichi abrió la boca sin poder creerlo, ¿qué
le sucedía a Tatsuha?... ¿estaba loco o lo había oído lloriquear diciendo que
no quería ver a Sakuma?. Le soltó el brazo y lo miró confundido, esperaba la
explicación del moreno con curiosidad.
-... No puedo mirarle a la cara, yo... yo tengo que confesarlo
todo, tengo que decirselo a alguien, ya no puedo aguantar toda esta pesada
culpa... ¡¡¡¡yo lo mate!!!...-
Yuki y Shu-chan miraron boquiabiertos al
moreno, no comprendían la extraña declaración de Tatsuha, ¿era la confesión de
un asesinato?... El rubio suspiró fastidiado, al parecer la primera función del
circo había comenzado y el papel estelar ya tenía nombre y dueño, Tatsuha.
-... ¿Se puede saber que incoherencias estas chillando?...- el
rubio dio una larga calada al resto de su cigarrillo y lanzó la colilla al
suelo para luego aplastarla con su zapato, la poca paciencia ya se le estaba
agotando y miró a su hermano menor algo irritado.
La barbilla a Tatsuha le tembló y se escondió tras Shuichi que
aún confundido esbozó una media sonrisa
-... Ehhh, ¿por qué no te explicas mejor Tatsuha?, yo tampoco te
entiendo del todo...-
-...
Verán yo...- bajó el rostro apenado -... yo... sniff... asesiné a Kumagouro...
snifff...-
-... ¡¡¡¡¿QUEEE TU QUEEEE?!!!!!...- Shuichi tuvo que sujetarse
de la pared para no caerse de espaldas, una gotita le rodó por la cabeza.
-... Sí... sniffff, yo fuí, snifff... yo lo
lanzé a la trituradora de alimentos aquel día...-
*****
Inicio del recuerdo*****
-... Na no nanoda... nano... feliz cumpleaños... nanodaaaaa...-
Ryu-chan se movía de un lado a otro tatareando una muy extraña canción de
cumpleaños mientras colocaba una a una las velitas sobre el apetitoso pastel de
crema y cerezas.
Tatsuha que adornaba los aperitivos con
pequeñas sombrillitas de colores, le miró de reojo, sonrió, su espera valía la
pena, después de tanto tiempo había conseguido formalizar una entretenida
amistad con su querido Ryuichi y estaba feliz por eso, una barrera ya había
sido surcada, pero faltaban aún muchas que atravesar para conseguir lo que
tanto anhelaba su corazoncito, ser algo más que un amigo para el gran dios, y
siendo tan cabeza dura como sólo él podía serlo no se daría por vencido hasta
lograr su gran sueño
-... Etooo... Sakuma-san, yo... etoooo...-
aunque su inmenso problema salió a flote nuevamente, cada vez que trataba de
entablar una conversación decente con Ryuichi terminaba convirtiéndose en un
bote de gelatina a la que no le salían las palabras
-... Ahhh?... Tatsu-chan, nanoda, Shuichi se va a poner muy
contento con esta fiesta sorpresa... ¿no
crees?...-
-... ahhh, yooo, ehmmm....-
-... Kumagorou también se puso contento cuando le conté de la
fiesta...- El conejito apareció sobre
el hombro de Sakuma y el cantante le abrazó con cariño.
Tatsuha frunció el ceño, nuevamente había
aparecido el felpudo y aprovechador peluche rosa... y...y... ¡¡¡¡estaba
abrazando a Ryuichi!!!! -...mono descarado...- Tatsuha gruño por lo bajo.
-... ¿Tu crees que se note si me como una
cereza Kumagorou?...- Ryuichi continuó arreglando el pastel, el conejito sobre
su cabeza. Tatsuha alzó una ceja, con o sin permiso al pastel ya le faltaba una
bolita de color rojo.
***** Fin del
recuerdo*****
-...
¿Y qué sucedió después?...- preguntó Shuichi visiblemente interesado en el
relato.
-... Snifff... yo, snifff... la fiesta ya había comenzado y fui
de regreso a la cocina a buscar unos refrigerios para servir y entonces le
ví...- una misteriosa mueca se formó en el rostro del moreno -... al parecer
Ryuichi había olvidado a Kumagorou sobre la mesita de la cocina... entonces,
sniff, yo le cogí y le encaré...-
-...
¿Lo encaraste?...- Yuki casi se atoró.
.
-.. Sí, le miré a los ojos, le grite un par de cosas que había
tenido atragantadas hace tiempo, incluso lo zamarreé un poco, y estoy seguro
que me devolvió una mirada sarcástica, el peludo ese estaba posesionado o algo,
no puede ser que un conejo llame tanto la atención de mi Ryuichi...-
-...
¿Y?...- murmuró Yuki astiado de tanta tontería.
-... Tuve un arranque de ira y
lo lancé a la trituradora de alimentos...- una sonrisa perversa adornó
el rostro del moreno, aún recordaba los trozos de tela rosada y algodón
saltando fuera de la trituradora.
-... Eso quiere decir que por tu culpa tenemos que aguantarnos
toda esta locura...- Yuki tomó a su hermano por la solapa y lo arrastro al
interior del edificio.
-... ¡¡¡No Yuki!!!... no, ¡¡¡no puedo verle a los ojos,
nooooo!!!....- Tatsuha se resistió pero sin duda Yuki estaba de mal humor y
cuando el escritor estaba enojado no había quien se le opusiese, bueno casi
nadie porque había una excepción, y es que su koi parecía tener pilas de larga
e inagotable duración.
-...
¡¡¡Pues ahora te la aguantas!!!...-
Shuichi vió a los dos hermanos internarse
dentro del ascensor que los llevaría al departamento de Sakuma, suspiró, ese
sería un día muy largo y cansador.
~*~*~*~
Y así había pasado una semana, Tatsuha miró al
cielo con melancolía, destellos rojizos y púrpuras jugando hasta convertir ese
día en una noche estrellada, comenzaba a helar y su camiseta delgada no paraba
demasiado el frío de la noche, suspiró, y dando la última mirada a la calle vio
uno que otro automóvil pasar, pero ninguno que en realidad le interesara. Se
apoyó en la baranda del balcón y miró hacía abajo entrecerrando los ojos, ¿Tal
véz vendría caminando?, frunció el ceño, tal vez no llegaría a casa esa noche.
Entró al departamento y su mirada chocó con
algo que le traía malos recuerdos, un pequeño retrato del difunto Kumagorou
sobre el televisor de la sala, volteó rápidamente no quería ver su rosada
figura, más cuando se fijó nuevamente estaba viendo una nueva fotografía del
peluche en la pared... ¿Por qué Ryuichi tenía esa obsesión por decorar el
departamento con retratos y cuadros del difunto por todos lados?, aquello era
escalofriante y más siendo él, Tatsuha, el perpetuador del delito.
Aquellos días habían sido bastantes difíciles,
después de la triste y muy exagerada recepción funeraria de Kumagouro,
Ryuichi había decidido caer en un
extraño y depresivo mutismo, no hablaba, no comía y no cantaba... y él avergonzado
de su actuar había logrado convencer a su hermano de no contarle a todos su mal
proceder, a cambio se había ofrecido a
levantarle los ánimos al gran Dios.
Lo que no sabía era lo duro que sería su
tarea, aún tenía la culpa impregnada en la piel y por supuesto en nada ayudaban
aquellos retratos que le recordaban su siniestro secreto a cada momento. Oh el
infierno le esperaba calientito, quizás era la hora de ser sincero.
-... Na no daaaa... Tatsu-chan...- un principio de infarto casi
mató a Tatsuha cuando sintió los brazos del cantante rodearle por detrás.
-... Ahhhhhhh...- El moreno se estremeció y dio un brinco para
luego empujar a Ryuichi y alejarse de su contacto.
-... yo... eto... ¿Sakuma-san?...- balbuceó, ninguna oración
coherente formándose en su boca, bajó su mirada turbada, aún sentía las
mejillas arder por aquel contacto, con sus manos temblorosas hizo un lío la
tela de la camiseta... y de repente todo estaba muy silencioso, levantó
levemente su rostro para observar al cantante que extrañamente no había dado
muestras de vida. Miró de soslayo a su Dios y por poco tuvo la idea de lanzarse
frente a un auto para ser arrollado.
Sakuma lloraba en un rinconcito de la sala
hecho un nudo, sollozaba en silencio como un niño pequeño al que se le ha
reprendido duramente. Ohhhh pecado, Ohhh ultraje, merecía la horca, hacer
llorar al Dios era lo último que tenía pensado hacer -... Etooo... Sakuma-san
yo...- saltó rápidamente sobre el niño que era su amado cantante y le abrazó
con cariño.
-... Yo me asusté, yo tuve miedo... tu no eres como Kumagouro,
mi conejito me abrazaba, me daba cariño y nunca me hacía llorar...- Doble
bofetada para Tatsuha, esas palabras le habían golpeado más fuerte que un
tsunami.
-... Lo... lo siento Ryuichi-san... yo, no volverá a suceder,
yo... Tatsuha te va a cuidar como lo hacía ese conejo tuyo...-
El cantante levantó su rostro y a Tatsuha el
corazón se le alborotó de tal manera que sintió que escaparía de su pecho para
ir a correr una maratón. Sakuma era un verdadero angelito y con los ojitos
vidriosos y las mejillas sonrojadas y empapadas en lágrimas se veía
irresistible.
-... ¡¡¡Ohhh!!!...- susurró Sakuma en
felicidad sin limites -... ¡¡¡¡Que lindo eres!!!... - se pegó a Tatsuha como
lapa y le rodeó con sus brazos aprehensivamente -... ¡¡¡Ryuichi te quiere
muchooooo!!!...-
Entonces el rostro del moreno se encendió, el
gran Dios, su amado Dios le quería, sus manos temblaron y la respiración se le
atoró en el pecho, estaba feliz, demasiado extasiado con las palabras de su
amado, con el abrazo del bello ángel, sin embargo, cerrando sus ojos suspiró
profundo... no podía seguir con aquella farsa, tenía un problema llamado poca
honestidad, y no debía seguir así, apretó los puños, era el momento para ser
sincero con su darling y consigo mismo, aunque doliera, aunque que Sakuma le
detestara, estaba engañándole y su alma no aguantaría tanto..
-... Saku... Sakuma-san... yo...- Tatsuha abrió los ojos -... a
Kumagoro yo...- y dio un salto por que
Ryuichi había desaparecido y... una gotita resbaló por su nuca, estaba
abrazando una almohada, abrió la boca turbado y pestañeó confundido, ¿dónde?,
paseó su mirada por la habitación y distinguió a Ryuichi que en un extremo del
cuarto revolvía con manitos intrusas dentro de su mochila.
-... ¡¡¡Sakuma-san!!!...- sermoneó el moreno quitándole la
mochila al cantante de un tirón -... ¿qué estás?...-
-...
¡¡¡¡Mi regalo!!!...-
Tatsuha alzó una ceja y observó como el Dios
esbozaba una mueca de niño caprichoso y mimado -... ¿ahhhh?...-
-... Tatsuha prometió un regalo al pequeño Ryuichi...- El
cantante juntó las manitos sobre su rostro y sonrió dulcemente.
-...
Pero... eto... yo, tengo algo que decirte primero...- Tatsuha tembló -...
yo...-
-..
No, nada de eso, nada, nada, nada de eso... Ryuichi quiere su regalo, mi
regalo, mi regalo, mi regalo, MI regalo...- alborotó el cantante moviendo los
brazos de un lado a otro.
-...
Pero...-
-...
Mi regalo...-
-...
Pero...-
El cantante se cubrió las orejas con sus manos
y se inclinó en un rincón -... Ryu-chan no oye a Tatsuha hasta que le entregue
su regalo... Kumagouro siempre tenía regalos para Ryuichi y Ryu-chan era muy
feliz...-
Tatsuha suspiró vencido y sacando paciencia de
alguna parte le extendió una cajita forrada en bello papel platinado con motivo
de animalitos multicolores, siempre se salía con la suya, miró con ojos muy
abiertos como Sakuma le arrebataba el regalo de las manos y daba saltitos
murmurando con algarabía palabras como: Yupppiiii, regalooo, mío...
El moreno se rascó la cabeza inclinando
levemente los hombros, esa última
semana había logrado conocer al cantante más de lo que se hubiese imaginado en
toda su vida, y es que Ryu-chan era un mimado de primera, un niño malcriado y
antojado por las cosas más extrañas que pudiesen existir, cualidades que al
moreno a veces le daban dolores de cabeza. Tatsuha soltó una leve sonrisa,
Ryuichi quitaba emocionado la envoltura de la cajita.
-... ¡¡¡Crayones!!!... ¡¡¡Crayones para
Ryuichi, Ryu-chan feliz!!!....- Y el cantante de un salto apretó efusivamente
el cuello de Tatsuha y con su angelical carita le obsequió un besito en la
mejilla. Tatsuha tosió atolondrado por el gesto cariñoso de su Dios. Sí, era
ruidoso, hiperactivo y consentido y lo amaba con y sin caprichos, lo quería tal
y como era, aún así se sorprendía de lo manipulador que a veces llegaba a ser,
siempre usando la memoria de su conejito rosa obtenía lo que deseaba y eso a
Tatsuha lo agotaba un montón porque de la culpa no lograba negarse a los
locuras del cantante.
Tatsuha abrió los ojos espantado -... AHHH...
¡¡¡¡Ryu-chan no rayes las paredes!!!...-
~*~*~*~
-...Ummhh... ¿qué haces?...- Tatsuha levantó
el rostro y al notar la carita de su amado Dios tan cerca no pudo evitar
sonrojarse.
-... Yo... eh... deberes del instituto...-
Tatsuha le mostró una carpeta con apuntes al curioso cantante.
-... Ohhh... - Ryuichi se sentó frente a
Tatsuha y sacó una hojita -... Ryu-chan también ha hecho sus tareas... un
dibujito de Tatsuha limpiando las paredes...-
El moreno frunció el ceño y es que le había
recordado aquel asuntito de los crayones y la pared, se había tardado más de
una hora en quitar la “obra de arte” que su querido ángel había decidido
plasmar en un lugar no apropiado y lo peor es que aún quedaban indicios de
crayones que no había logrado sacar.
-... Ryu-chan
quiere helado...-
-... No, el postre lo tomaremos después de
cenar...-
-... Kumagouro y Ryuichi tomaban el postre
antes...-
-... Pues Ryu-chan y Tatsuha tomaran el helado
después de cenar...-
Ryuichi apoyó el mentón en sus manitos y
sonrió pícaro -... ¿Qué hay de cenar?...-
-... Estofado...- murmuró Tatsuha revisando un
libro de historia que por lo destartalado y amarillento que estaba debía tener
muchos años de antigüedad.
-... ¿Ryuichi te aburre?, ¿Estás molesto por
qué Ryu-chan dibujó en las paredes?...-
Tatsuha levantó la mirada y parpadeó confundido,
esbozó media sonrisa, su ángel le miraba con ojitos de cachorro herido y
solitario.
-... No, no estoy molesto con Ryu-chan...-
Tatsuha se arrodilló enternecido y tomó las manos del cantante entre las suyas
-... al contrario, yo emhhh...- las mejillas se le colorearon -... eto... yo,
estar junto a Ryu-chan me pone muy feliz...-
-... Entonces...- Ryuichi sacó la lengua -...
¿puede Ryuichi tomar helado antes de la cena?...-
Una gotita cayó por la nuca de Tatsuha e
incorporándose se sentó nuevamente en su puesto para tomar el viejo libro de
historia -... Ok, puedes tomar helado antes de la cena...- suspiró con
resignación, otra vez había caído en el juego. Vio de reojo como Sakuma se
ponía de pie de un brinco y cantando alegremente se adentraba en la cocina.
Las tretas sucias que usaba su caramelito eran
sorprendentes, siempre que deseaba algo lo conseguía de una u otra manera, ya
fuera usando rebuscadas artimañas o bien utilizando su carita angelical, y la
realidad es que se sentía responsable de aquellos arrebatos de niño consentido
de los cuales frecuentemente hacía gala su Ryu-chan y es que siempre terminaba
ablandándose y aceptando las locuras del cantante.
Tatsuha dejó su libro sobre la mesa, la
situación se salía fuera de control, necesitaba decirle la verdad a Ryuichi, no
podía controlar a ese hiperactivo cantante, teniendo en su cabeza aquel secreto
pecaminoso siempre terminaba accediendo a todo... Tatsuha se pusó de pie y
guardando los libros en su mochila frunció el ceño, pero las veces que se había
armado de valor para ser sincero Sakuma-san lo pillaba de imprevisto y salía
con una de las suyas. ¿Qué podía hacer?... los días transcurrían y él no era
más que un juguetito para el cantante.
Ryu-chan quiere hacer esto.... Y él lo hacía.
Ryu-chan quiere comer esto... Y él lo
preparaba.
Kumagouro limpiaba, planchaba y lavaba la
ropa... Y él realizaba los quehaceres del hogar.
Ryu-chan quiere que te tires de cabeza desde
un octavo piso... Y él... no, aún no lo había intentado, pero de seguro y si
seguían las cosas como iban terminaría haciéndolo.
Oh paciencia, de donde sacar más, la poca ya
se le estaba acabando. Después de la extravagante recepción funeraria para
Kumagouro, sacar a Ryuichi del extraño mutismo fue relativamente fácil, un par
de payasadas y al día siguiente ya estaba riendo, comiendo y cantando. Lo que
jamás se imaginó es lo que tendría que enfrentar después.
Recordaba las palabritas sumisas de su
cantante el día martes, es decir, el siguiente al funeral, “Ryu-chan quiere
recordar a su Kumagouro toda la vida”, y tuvo que empapelar el departamento con
retratos del peludo bicho.
Y el miércoles le había llevado de compras por
toda la ciudad alegando que su querido Kumagouro siempre le sacaba al centro
comercial, al parque de diversiones, al cine. Tatsuha miró sus pies, sentía
adoloridas las patitas y es que aún no
lograba mitigar el ardor que ciertas ampollitas.
Pero de seguro el pasado Sábado le resultaba
el peor de todos...
“Kumagouro y Ryuichi siempre hacen fiestas los
sábados e invitan a todos sus amigos”, y como era de esperarse ese día: cocinó
para un montón (Sakuma tenía muchos amigos), adornó el departamento e hizo de
anfitrión, pero, las mejillas del moreno se colorearon de leve carmesí.... No,
definitivamente no habría sido tan malo si Ryuichi no le hubiese lloriqueado,
pataleado y forzado a ponerle un tonto disfraz de conejo rozado. Se sentía tan
avergonzado, recordaba las bromas de sus amigos, la sonrisa burlesca de su
hermano, las miraditas chispeantes de Mika y Toma, la risita disimulada de
Shu-chan. Que la tierra se lo tragase y listo, pero eso no sucedió y tuvo que
aguantarse, con las mejillas como tomate, una velada completa forrado en aquel
tonto traje.
Hoy lo haría, cerrando los ojos Tatsuha
suspiró profundo, hoy le contaría todo a su ángel...
~*~*~*~
Y no pudo hacerlo... Ríos de lagrimas bañaron
cómicamente el bello semblante del singular hermanito de Yuki Eiri. Tatsuha
suspiró nervioso, sus mejillas coloradas y su corazón alborotado, no sólo se
había dejado influenciar nuevamente por los extravagantes antojos del cantante,
tragó con dificultad, y es que esta vez.
*****
Inicio del recuerdo*****
-... Ryu-chan tengo que...- Tatsuha casi
pierde el equilibrio, había descuidado un par de segundos al travieso cantante
y la cocina era un verdadero lío, ¿no se suponía que sólo iba por helado?, una
gotita rodó por la nuca del moreno.
-... Ryuichi... ¿qué demoni...- la cabecita de
Ryu-chan se asomó por encima de unos desordenados trastes, sus ojitos brillando
de alegría, las mejillas levemente teñidas de carmesí y su carita toda
embetunada en helado de chocolate y crema chantilly.
Ohhhhh... se veía tan kawaiiiii que Tatsuha no
logró llamarle la atención aunque la voz de la razón le dijera lo contrario.
-... ¿Tatsuha-chan también quiere helado?...-
Ryuichi le ofrecía tiernamente un conito con helado desparramado y lamido,
Tatsuha suspiró, no podía ni fruncir el ceño en molestia, no cuando su Dios le
dedicaba esa sonrisa tan encantadora -... No gracias...- murmuró el moreno y
recorrió la mirada por la cocina, era un desastre, ni modo limpiaría mañana,
levantó su muñeca y observó su reloj con cansancio, ya era tarde, debía
marcharse.
-... ¿Tienes que irte?...- preguntó Ryuichi
con carita de osito lloroso -... Ryu-chan no quiere quedarse solito...-
Tatsuha le miró confundido, los colores
subiéndole rápidamente al rostro -... ¿quie...quieres que me quede?...- una
cosa era acompañar a su queridísimo dios en el día pero otra era quedarse toda
una noche con él, no dejaba de ser una idea tentadora, su honey en pijama, o
tal vez sin el, el sueño de toda su vida haciéndose realidad, el moreno sintió
su cuerpo encenderse, incluso había visto toda su vida pasar en un segundo
frente a sus ojos, un hilillo de sangre fluyó desde su nariz...
¡¡¡¡Hentaiiii!!!!, una vocecita picó dentro de su mente. Tatsuha frunció el
ceño, su conciencia tenía razón era un
pervertido.
-... No quiero quedarme solito ahora que mi
Kumougoro no está...- Tatsuha se retorció, él pensando en chochinadas mientras
su ángel buscaba apoyo moral en él, ¡¡¡eres de lo peor!!!. Aunque... conociendo
al cantante lo más probable es que terminara haciendo karaoke hasta la
madrugada, Tatsuha alzó una ceja, o comida a media noche, si es que a Ryuichi
no se le ocurría tirarse en paracaídas o tener sexo salvaje... una nuevo
hilillo de sangre apareció en su nariz, pervertido, pervertido, pervertido, se
recriminó.
*****
Fin del recuerdo*****
Un brazo rodeó con suavidad el torso de
Tatsuha, y el moreno tembló de pies a cabeza... no sólo se había quedado en el
hogar de su ángel, también dormía en el mismo futón junto a él, su corazón se
agitó taquicardicamente, oh Dios, oh Dios, oh todos los Dioses, se mordió los
labios, moriría y nadie podría evitarlo, sus ojitos brillaron en riachuelos de
lagrimas.... era demasiada emoción para un sólo día.
El brazo que le rodeaba le apretó un poquito
más y Tatsuha abrió los ojos en sorpresa, quería voltearse, quería ver el
rostro de su Ryu-chan y lentamente se movió, su corazón saltándole en el pecho,
sus párpados apretados, sus mejillas terriblemente coloradas y....
¡¡¡¡¡PLAFFFFFFFF!!!!!, un poco más y termina
con el pie de Ryuchi en la boca.
-... ¡¡¡Ahhhhhhh!!!!....- gritó Tatsuha
evitando un nuevo manotazo y luego una patada, se deslizó rápidamente fuera del
futón, ¿qué estaba?, su boca se abrió y turbado notó como Ryuichi se movía
inquieto sobre la camita, ¿es que seguía siendo tan hiperactivo aún
durmiendo?... Tatsuha suspiró agotado, ¿y ahora como dormiría él?, ¿tendría que
amarrarlo o algo por el estilo?.
Y de repente Ryuichi se enderezó sobre el
futón, sus manitos palmeando entre las mantas, sus dedos restregando sus ojos
adormilados -... ¿Tatsu-chan?...- susurró bajito, movió su cabeza buscando en
la oscuridad.
-... Estoy aquí...- respondió Tatsuha
acercándose a gatas al futón. Sakuma le tomó el brazo y lo empujó con suavidad
sobre el colchón, muy cerca de él -...
¿qu.. qué haces Ryuichi?...- abrió los ojos más de lo normal.
-... Kumougoro solía abrazarme mientras
dormía, pero tu te mueves mucho, mira donde has ido a parar...-
Tatsuha casi tosió -... ¿qué él se movía?...-
arrugó su nariz -... pero si Ryuichi lo había pateado fuera del futón...-
El moreno se volteó, su mirada encontrándose
con dos brillantes orbes aniñadas, por dios Ryuichi era tan lindoooo, le
entraron unas ganas enormes de abrazarlo y no soltarle jamás, de decirle cuanto
lo amaba, que su vida giraba entorno a él, que no quería ser sólo su amigo,
pero su cantante era tan ingenuo, tan inocente como un niño pequeño, no quería
lastimarlo, no nuevamente, aún recordaba las lágrimas infantiles de su amado
cuando aquel día había encontrado los trocitos tela rosada y de algodón regados
por la cocina... Tatsuha eres un maldito desgraciado, le recriminó su yo
interno, se honesto y cuéntale la verdad, no vivirás en paz hasta que ese
secreto, tu pecado, sea perdonado por tu angelito...
La verdad, le diría la verdad y es que era tan
puro, tan inocente, tan ingenuo...-... Ryuichi yo... yo...-
-... ¿Tatsuha hagamos el amor?...-
-... yo lance a...
¡¡¡¿¿¿¿QUEEEEEEEEEE????!!!!...- el moreno se sentó cuan resorte y encendió la
lamparilla torpemente, la luz se reflejó levemente en la resplandeciente figura
del Dios, Ryuichi se cubrió la vista con la mano para evitar que la luz intrusa
picara en sus vivaces ojos.
-... ¿Qué... qué dijiste?...- el moreno tenía
el rostro deformado en un sin numero de expresiones y Ryuichi sonrió travieso
-... que hagamos el am...-
-... ¡¡¡Noooo!!!...- Tatsuha parecía cortado y
nervioso.
-... ¿No?...- Ryuichi astutamente se había
arrimado como un gatito al torso del joven -... desde que Kumagouro no
esta Ryu-chan ha tenido ganas de hacer
el amor con Tatsuha...-
-... Ryuichi yo lance...-
-... ¡¡¡No lo digas!!!...- el cantante se
cubrió los oídos con una almohada -... Si lo dices te iras, ya no te sentirás
en deuda con Ryu-chan, te iras porque te verás libre de culpa, de tu error y... y no quiero que te
vayas...-
Tatsuha le miró de una pieza, totalmente
incrédulo -... ¿Entonces lo sabías?...- Ryuichi dio un saltito, tapó su boca
con la mano y bajó su rostro cabizbajo, luego asintió con su cabeza suavemente.
-... ¿Cómo?...-
-... Te vi...- fue la escueta respuesta.
-... Ryuichi...- el moreno levantó con
lentitud y cariño el mentón de su cantante favorito -... no me iré si no lo deseas, pero yo le hice algo muy malo
a tu conejito, dime ¿estás tu molesto conmigo?...-
Y el efusivo Ryu-chan se lanzó sobre Tatsuha,
sus labios posesionándose juguetones sobre los del moreno.
-... ¿Esa es tu respuesta?..- Preguntó entre
besos el joven de cabellos oscuros y Ryuichi le soltó para mirarle con
picardía.
-... He encontrado un nuevo conejito uno más
dulce que el anterior... Tatsuha es mi dulce conejito...-
-... Heyyyy acaso me reemplazas por un conejo
de felpa...- frunció el ceño, Ryuichi sonrió y atrajo nuevamente a Tatsuha para
besarle y hacerle cosquillas, pero él moreno repentinamente abrió los ojos y se
separó del Dios.
-... ¡¡¡¡Heyyyyy!!!, si sabías todo lo del
conejo, entonces, ¿a propósito durante toda la semana tú?...- Ryuichi levantó
el rostro y sonrió con malicia, su mirada más aguzada, sus ojos menos
infantiles, Tatsuha tembló frío, luego suspiró paciente. No, su Ryu-chan definitivamente no era sólo
un angelito. Lo había planeado todo...
~*~ Owari
~*~